15 de agosto 2026 - 00:00

Así quedaría el BCRA frente al mundo con la reforma

El cambio llevaría al banco de una institucionalidad mediocre al cuarto superior de los países con bancos centrales más institucionalizados del mundo. Pero el cambio decisivo no está solo en la ley: está en que la sociedad haga propia la convicción de que, para vivir sin inflación, el Banco Central no puede financiar al Tesoro. Para que esta convicción se consolide, es importante que el debate le dé a la iniciativa la jerarquía histórica que merece.

Así quedaría el BCRA frente al mundo con la reforma.

Así quedaría el BCRA frente al mundo con la reforma.

La propuesta de reforma de la carta orgánica del BCRA dividió a los economistas. Para algunos, sería una reforma sin precedentes; para otros una que, sin mandato de empleo o actividad, tendría un sesgo distributivo. Es justo, y hasta necesario, preguntarse cómo podría mejorarse la propuesta actual; las reformas medulares no se discuten todos los días, y mucho menos en Argentina.

Pero también es necesario poner el debate en contexto. Porque una ley es importante, pero puede cambiarse. Por eso, lo que verdaderamente importa, cómo sugieren la experiencia internacional y el sentido común, es el comportamiento de la clase política y, en última instancia, la convicción de la sociedad, que es la única que puede limitar este comportamiento. Cuánto contribuyan la propuesta y la reforma a fortalecer esta convicción de la sociedad depende de cómo se plantee y cómo se termine dando el debate.

Para ponerlo en contexto, es fundamental establecer el punto de partida y adonde se llegaría. Hace unas semanas planteé, en estas mismas páginas, que un índice internacional, que revisa las leyes de más de 150 bancos centrales y asigna un valor de 1 a las instituciones más sólidas, ubicaba a la actual Carta Orgánica del BCRA en un mediocre 0,56 en el índice general y en apenas 0,58 en un capítulo decisivo: el financiamiento al Tesoro. Además, con la reforma de 2012, el BCRA había sufrido la segunda mayor caída de institucionalidad entre todos los bancos centrales del mundo, solo superada por la de Turkmenistán.

El proyecto actual cerraría varios de los canales que usó el BCRA para financiar al Tesoro. Restituiría el mandato de “preservar el valor de la moneda”; prohibiría los préstamos directos a la Nación, las provincias, la Ciudad y los municipios; eliminaría los adelantos transitorios; impediría comprar títulos públicos en el mercado primario; y eliminaría las “reservas de libre disponibilidad”, utilizadas para entregar reservas a cambio de letras “intransferibles”. También impediría las llamadas “utilidades ficticias,” permitiendo que se distribuyan solo las realizadas.

Con esta información puede estimarse dónde quedaría el BCRA frente al resto del mundo si la reforma se aprueba. La mayor parte de la mejora provendría de: volver a poner la estabilidad de precios en el centro del mandato, lo que llevaría ese componente de 0,25 a 1; y de eliminar los adelantos transitorios y los préstamos directos, y prohibir la compra de títulos públicos en el mercado primario, lo que llevaría el componente de financiamiento de 0,58 a cerca de 1. El resto de la mejora dependería de cuán estrictamente se apliquen los criterios del índice a las nuevas reglas sobre utilidades, auditorías y remoción de directores. En cualquier caso, el índice general pasaría del 0,56 actual a alrededor de 0,83 (entre 0,81 y 0,86).

Gráfico 1. Dónde quedaría el BCRA frente al resto del mundo si la reforma se aprueba.

Gráfico 1. Dónde quedaría el BCRA frente al resto del mundo si la reforma se aprueba.

Dicho de manera simple: el BCRA pasaría del fondo del pelotón al cuarto superior de bancos centrales con cartas orgánicas más institucionales del mundo, junto con otros países de América Latina, como el Perú, donde la idea de que el banco central no puede financiar al Tesoro ya forma parte de una convicción socialmente consolidada.

Es precisamente este el contexto en el que deberían discutirse ámbitos de mejora. En las discusiones de las ultimas semanas podría haber temas importantes, por ejemplo, sobre la designación y remoción; pero, en estas discusiones, no debería perderse de vista de dónde viene el BCRA. Solo así el debate puede servir para lo que es más importante: ayudar a instalar la convicción en la sociedad de que el BCRA no es la caja del Ministerio de Economía. Porque una ley puede cambiarse; pero lo que realmente perdura en el tiempo es la convicción de la sociedad de que, para vivir sin inflación, el Banco Central no puede financiar al Tesoro. Al final, el único límite creíble a la clase política no es una ley, sino lo que la sociedad está dispuesta o no a aceptar.

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