En un movimiento que combina audacia financiera con pragmatismo económico, el Gobierno colocó el miércoles un nuevo bono en pesos, el BONTE 2030, con el que recaudó u$s1.000 millones de inversores extranjeros. Este instrumento, diseñado para captar divisas sin incrementar el stock de deuda, marca un giro en la estrategia cambiaria del país, desafiando las promesas iniciales de no adquirir dólares por encima del piso de la banda.
El BONTE 2030: estructura y contexto
El BONTE 2030, emitido con una tasa de corte del 29,5% (TNA) y una tasa interna de retorno (TIR) estimada en 32%, es un bono en pesos que se suscribe en dólares y cuenta con una opción de rescate anticipado en mayo de 2027, coincidiendo con el inicio de la campaña electoral presidencial. Con vencimiento en 2030, el bono paga intereses semestrales y ofrece a los inversores extranjeros una oportunidad de alto rendimiento. La licitación, que cerró con una oferta superior a la esperada (u$s1.694 millones), refleja un renovado interés de los mercados internacionales en los activos argentinos, aunque a un costo elevado.
La operación permitió al Tesoro adquirir dólares sin llegar al piso de la banda cambiaria, establecido en $985 pesos, según el esquema acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Este esquema, implementado en abril tras un acuerdo de u$s20.000 millones, permite al tipo de cambio comenzar a flotar entre $1.000 y $1.400, con intervenciones del BCRA solo en los extremos de la banda. Sin embargo, el dólar se ha mantenido en un rango de $1.130 a $1.170, lo que refleja una oferta de divisas más débil de lo esperado, incluso en el período estacional de mayor liquidación de exportaciones agrícolas.
La mecánica de la operación: emisión de pesos y giro de utilidades
La colocación del BONTE 2030 no fue una simple emisión de deuda. Para llevarla a cabo sin aumentar el stock de deuda, el Tesoro recurrió a una compleja ingeniería financiera que involucró al BCRA. En abril, el BCRA transfirió $11,7 billones al Tesoro en concepto de utilidades, rompiendo con casi un año de estabilidad en la base monetaria amplia (BMA). Estos pesos se utilizaron para pagar vencimientos de deuda en moneda local, liberando espacio para emitir el BONTE 2030 sin incrementar el endeudamiento neto. En esencia, el Tesoro adquirió dólares a cambio de un compromiso futuro en pesos, mientras el BCRA emitió moneda para financiar la operación indirectamente.
Esta maniobra permitió al Gobierno eludir su compromiso inicial de no comprar dólares por encima del piso de la banda, una restricción autoimpuesta para anclar las expectativas cambiarias y minimizar el impacto inflacionario de la emisión de pesos. El Gobierno evita emitir pesos directamente para comprar reservas porque teme que "vuelvan al mercado y generen más inflación". Sin embargo, la transferencia de utilidades del BCRA al Tesoro, seguida de la emisión del BONTE, implica una expansión monetaria indirecta.
Implicaciones cambiarias y fiscales
La operación del BONTE 2030 pone de relieve las tensiones inherentes al esquema cambiario actual. El gobierno de Javier Milei, que asumió en diciembre de 2023 con una agenda de austeridad fiscal y "déficit cero", enfrenta un dilema: necesita acumular reservas para fortalecer la posición del BCRA, que reporta reservas netas negativas, pero hacerlo implica emitir pesos, lo que contradice su objetivo de controlar la inflación. La colocación del BONTE, aunque exitosa en términos de captación de divisas, no resuelve esta contradicción estructural.
La tasa de corte del 29,5% es superior a la estimada previamente por el mercado. Además, el hecho de que el dólar no haya alcanzado el piso de la banda, incluso durante la temporada alta de exportaciones, sugiere una complicación para la meta de acumulación de reservas.
El acuerdo con el FMI agrega otra capa de complejidad. Aunque el programa permite compras de dólares dentro de la banda, el Gobierno ha optado por no hacerlo directamente para evitar emitir más pesos. En cambio, recurre a instrumentos como el BONTE para captar divisas, una estrategia que demuestra un enfoque "pragmático" para salir de la "trampa" de las declaraciones oficiales que limitaban las compras al piso de la banda. Sin embargo, esta flexibilidad podría erosionar la credibilidad del Gobierno si los inversores perciben que las reglas cambiarias son más laxas de lo anunciado.
Perspectivas para los próximos meses
Mirando hacia el futuro, el éxito del BONTE 2030 podría allanar el camino para nuevas emisiones de deuda en pesos con suscripción en dólares, especialmente si el Gobierno logra reducir el riesgo país, que actualmente se encuentra en los 667 puntos básicos. Un menor riesgo país facilitaría el acceso a los mercados internacionales, un objetivo clave para financiar los vencimientos de deuda de 2026.
Para los inversores, el BONTE 2030 ofrece un atractivo retorno, pero el riesgo cambiario y político sigue siendo elevado. La opción de rescate anticipado en 2027 podría mitigar parte de este riesgo, pero la incertidumbre sobre la trayectoria del peso y la economía argentina mantendrán a los mercados en vilo. La operación es positiva porque incrementa las reservas, pero el costo financiero y la emisión de pesos subyacente son preocupantes.
Un equilibrio precario
La colocación del BONTE 2030 es un ejemplo de la creatividad financiera del Gobierno argentino para navegar un entorno económico restrictivo. Al captar dólares sin llegar al piso de la banda, el Tesoro y el BCRA han demostrado flexibilidad, pero a un costo elevado y con implicaciones monetarias que podrían complicar el control de la inflación. Mientras el Gobierno busca reconstruir la confianza de los mercados y acumular reservas, debe sostener la estabilidad cambiaria, mantener la disciplina fiscal que ha sido su sello distintivo y sostener la recuperación económica.
*El autor es economista.
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