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Sin embargo, si Carrió leyera con precisión a la Hirigoyen, podría incomodarse con la siguiente afirmación: «Il est posible de detruire quelqu' un juste avec des mots, des regards, de sous-entendus: cela se nomme violence perverse ou harcelément moral». Es decir, según la Hirigoyen, se puede destruir a alguien con las palabras y los sobreentendidos. Que es exactamente un estilo lícito de actuación político-mediática donde se destaca la señora Carrió.
Uno de los aportes conceptuales más marketineros de la Arendt remite a su asfixiante idea acerca del riesgo de «banalización del mal». (En su tiempo, lo peor, el mal lo representaba el nazismo.) Para Carrió, en cambio, el mal se presenta con formato de corrupción, y por lo tanto, propone un nuevo «contrato moral». Y aquí sí puede rastrearse alguna indeseable influencia de la Arendt, ya que Carrió insiste en el hábito filosófico de banalizar el mal, aunque también banaliza el ejercicio de la acción política. Sin embargo, en medio del desierto, Carrió puede traficar intelecto con una información de solapas y quedar como una sabia, ante la fascinación impotente de los culturalmente desertificados.
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