Cada 12 de junio, Día Mundial contra el Trabajo Infantil, es una oportunidad para reflexionar en torno a esta lucha. Tengo un rol activo en esta causa, y en los últimos meses viví tres casos muy distintos. Los tres me confirmaron que el problema cambia de forma y que el Estado tiene que cambiar con él.
Detrás del scroll también hay trabajo infantil
En el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, tres historias recientes muestran cómo cambian las formas de explotación y los desafíos para el Estado. Desde talleres clandestinos hasta el fenómeno de los influencers menores de edad, una reflexión sobre las nuevas caras de un problema que exige regulación, control y adaptación permanente.
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El primero se dio en el circuito legal que existe en la Ciudad para el trabajo de menores de edad en espectáculos y producciones. Cuando una empresa quiere contratar a un chico para filmar, actuar o modelar, necesita nuestra autorización. Llevamos un registro de estos casos, los analizamos uno por uno y decidimos si aprobamos o no las condiciones.
Una productora de streaming se acercó a la Secretaría para solicitar la aprobación de que un menor de edad trabaje en una producción. Llegaron con los papeles en orden, la autorización tramitada y los padres de acuerdo. Pero cuando revisamos las condiciones apareció el problema: necesitaban que el chico grabe tres o cuatro jornadas completas. Ya que vivía en la provincia de Buenos Aires y filmaba en la Ciudad, cumplir con el cronograma de la producción significaba faltar al colegio.
Tanto la escuela como el juego son dos derechos de los niños que no podemos cooptar, ni siquiera por una actividad en la que todos estén de acuerdo. Desde la Secretaría analizamos el caso y decidimos firmar con ciertas condiciones, habilitando que el chico pueda filmar siempre y cuando pueda ir al colegio después. Instamos a la productora a garantizarle el almuerzo y el transporte. De esa forma, resolvimos que el chico pueda filmar sin dejar sus obligaciones en el camino.
Prevenir el trabajo infantil y proteger el trabajo adolescente no es únicamente una obligación legal para nosotros. Desde el Gobierno de la Ciudad que encabeza Jorge Macri vinimos a poner orden donde se había naturalizado el caos, que no es ni más ni menos que hacer cumplir la ley y sostenerlo en el tiempo. Sin la decisión política de garantizar el orden, cualquier decisión se convierte en un parche que no soluciona los problemas a largo plazo. En ese sentido, se intensificaron los operativos en la calle y hace poco más de un mes vivimos el segundo caso al que me gustaría hacer referencia.
Tras un operativo de la Agencia Gubernamental de Control y la Policía de la Ciudad recuperamos una propiedad usurpada donde funcionaba un taller textil clandestino en Parque Chas. El ph llevaba intrusado más de 15 años y en él había 17 menores explotados. La Policía actuó y la AGC clausuró el lugar. Desde la Secretaría nos ocupamos del trabajo posterior: la revinculación de cada uno de esos chicos para que vuelvan al sistema educativo, recuperen sus rutinas y reordenen sus prioridades como menores de edad.
El tercer caso es una conversación abierta sobre los menores como influencers. Hoy hay chicos y chicas que generan contenido en redes, acumulan seguidores y, a través de eso, reciben canjes o son contratados por marcas. A veces es una conversación informal en Instagram, en la que les ofrecen algo para publicar sobre ese producto a cambio. En la mayoría de los casos no hay contrato firmado, no hay registro, no hay autorización, pero hay una lógica laboral.
Hoy no existe una regulación específica para estos casos y la línea entre un chico que disfruta de bailar en TikTok y uno que está siendo usado para monetizar una audiencia puede ser muy delgada. Lo que sí podemos decir es que los seguidores de hoy son el contrato de mañana y que hay padres que lo saben y lo planifican. Detrás del scroll también hay trabajo infantil y eso merece atención.
Estas tres conversaciones no son casos aislados, son representaciones de tres de las formas más habituales en las que el trabajo infantil existe hoy en la Ciudad: lo legal que hay que regular, lo ilegal que hay que desarmar y lo gris que hay que abordar.
Hay una frase de Margarita Barrientos que me acompaña en este trabajo: hay personas que trabajan para que en el futuro, su trabajo deje de ser necesario. Eso es lo que buscamos. Que las inspecciones, los registros y los operativos existan hoy para que mañana no hagan falta. Y vamos a seguir trabajando y enfrentando los desafíos que sean necesarios para que el trabajo infantil deje de existir.
*Subsecretario de Trabajo y Empleo del GCBA



