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Este personaje, ya al final de su vida y derrotado en sus emprendimientos, carente del padrinazgo de la URSS y sin asunto, encuentra un relevo, un continuador, un vicario. En un episodio sin antecedentes, una fuerza política cuyo titular agota su ciclo, encuentra, en vida, quien se sustituye en el impulso con renovado empuje, con características propias, pero comprometiéndose a continuar la lucha. El presidente Chávez asume la conducción y con una correcta adaptación de los instrumentos a la época, promete un socialismo continental y se lanza de lleno a promocionarlo.
Chávez tiene significativas ventajas frente a Castro. Para comenzar puede esgrimir una impecable legitimidad de origen electoral en la base de su poder. Agreguemos que tiene a su disposición miles de millones de dólares y que bajo el subsuelo de su país hay un lago de petróleo, el más cercano a los EE.UU., para que podamos advertir que las cartas con que tiene en sus manos este nuevo jugador son fuertes y que tiene y tendrá un blindaje más fuerte que el de Fidel en su enfrentamiento con la potencia norteña.
Los instrumentos también son distintos. Ya no se trata de entrenar guerrilleros ni de enviar armas, hoy el dinero es la palanca y la vía de influencia. El nuevo comandante recorre América invirtiendo en emprendimientos de todo tipo, ofreciendo venta de petróleo en condiciones ventajosas y comprometiendo compras de productos locales.
Aparece como la corporización del populismo, menos preocupado que su mentor por la exactitud de su pensamiento marxista, que por el resultado concreto de su influencia. En el Caribe encuentra terreno para la expansión política y genera una importante cantidad de simpatías que en el ámbito de la OEA pueden representar una importante cantidad de adhesiones en el caso de necesitar votaciones favorables.
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