28 de febrero 2007 - 00:00

China-EE.UU.: ningún país es inmune al otro

La caída de la Bolsa china reactualiza el debate entre los economistas occidentales. Se desarrolla una polémica respecto de si China ha cambiado el paradigma económico mundial desplazando ya a EE.UU. como el gran motor o si el crecimiento asiático en gran medida deriva de que la primera potencia económica del mundo atraviesa hoy uno de los mejores períodos de incremento sostenido de su historia y, al coincidir el desarrollo chino con este momento, explica el éxito alcanzado.

Quienes siguen pensando que EE.UU. es el gran motor de la economía mundial sostienen que si este país, que es la cuarta parte del PBI mundial, entrara en recesión, China vería afectadas seriamente sus exportaciones y ello la llevaría a reducir fuertemente su ritmo de crecimiento o incluso a entrar en recesión.

Sostienen que aunque el mercado interno chino hoy comienza a ser relativamente independiente de las exportaciones, éstas sobre el total del PBI siguen siendo muy importantes. Además, dicen que una recesión en EE.UU. afectaría también la tasa de crecimiento de Japón y de la Unión Europea, con lo cual los mercados alternativos de China se verían perjudicados también.

En síntesis, esta posición sostiene que, aunque China y la India sumadas tengan algo más de un tercio de la población mundial y un octavo del PBI, una recesión en la primera potencia del mundo frenaría su crecimiento económico, por lo menos en el corto y mediano plazo.

La otra posición sostiene que el impulso que ya ha adquirido el crecimiento de la economía china y de Asia en su conjunto garantiza que se mantendrá alta la demanda de materias primas que requieren en forma creciente las economías de China y de la India y su periferia.

Si, además, la recesión de EE.UU. coincidiera en el momento en el cual Japón y la UE mantienen un crecimiento relativo, estos dos centros económicos mundiales más el Asia estarían en condiciones de seguir sosteniendo el incremento, aunque la primera economía del mundo entrara en recesión.

A favor de esta posición, argumentan que el freno en los valores del mercado inmobiliario estadounidense y el aumento del precio del petróleo, que en décadas pasadas podían precipitar una recesión mundial, ahora no lo hacen y sostienen que es así porque el conjuntode la economía mundial depende hoy menos de EE.UU. que en el pasado.

Para Africa y América latina, que son proveedoras de materias primas para las economías asiáticas, resulta una discusión fundamental.

Si fuera cierta la segunda posición, el crecimiento económico de estas dos regiones -y en particular la latinoamericana por primera vez en mucho tiempo adquiriría una independencia relativa respecto de Washington y se terminaría esa frase que dice: «Cuando EE.UU. se resfría, en América latina se enferman».

Es que la demanda de materias primas por parte de China de la India y su periferia seguiría manteniendo altos los precios de las que exporta América latina, al ser el crecimiento asiático independiente del de EE.UU.

Desde una visión política, y riesgo de aparecer asumiendo una postura un tanto ecléctica, pienso que ambas posiciones exageran puntos de vista reales. Con un mundo hiperglobalizado, con un comercio mundial que crece cada año, con China buscando ser reconocidacomo economía de libre mercado por la Organización Mundial de Comercio (OMC), pienso que hoy el estadounidense no resistiría una crisis asiática, como las economías de este continente tampoco una recesión norteamericana.

China y EE.UU. son hoy los dos motores de la economía mundial y uno tiene cierto grado de interdependencia del otro, pero ninguno de ellos dos está inmune a lo que suceda en el otro. Por esta razón, quienes se preguntan qué sucederá cuando los bancos centrales de Asia -incluido el chinovendan sus reservas en dólares para pasar a otra monedaolvidan que no sucederá por la sencilla razón de que China, Japón, Corea del Sur y Taiwán, que son los mayores tenedores de dólares, no lo hacen para evitar una crisis en los EE.UU. que los terminaría perjudicando.

Esto no quiere decir que una recesión en EE.UU. que disminuya el crecimiento económico de China no vaya a tener un efecto diferenciado en el precio de distintos commodities. Es posible que el petróleo, que exporta Rusia a China, el cobre que le vende Chile o el níquel que compra en Cuba tengan mayores caídas de los precios que los alimentos que exporta la Argentina, dado que probablemente en la alimentación se verá menos afectado el consumo chino en caso de un freno en la economía mundial.

  • Crisis

    Sin embargo, cabe recordar que todavía EE.UU. es un cuarto de la economía mundial. Además, en un mundo mucho más globalizado que en el pasado, también cabe recordar que cuando la economía del primer país era menos a nivel mundial de lo que es hoy, en 1929 precipitó una crisis mundial que duró una década y que recién fue superada al iniciarse la Segunda Guerra Mundial.

    Además, hoy se suele poner mayor énfasis en los problemas de la economía de EE.UU. -como los déficits gemelos en función de los cuales vienen fracasando bastantes pronósticos de crisis- que en los de China, que también los tiene. ¿Podrá la economía china mantener durante mucho tiempo más el crecimiento anual de 10% sin recalentarse? ¿El uso casi sin límites de recursos naturales no generará algún tipo de problema? ¿La ineficiencia energética que hace que China utilice dos veces y media más de energía que Japón para producir lo mismo no terminará causando daños al medio ambiente? ¿Los crecientes problemas de desigualdad social y de fuerte urbanización sin tener la infraestructura preparada para ello en las ciudades no terminarán generando dificultades?

    Todas estas situaciones son riesgos o no certezas, pero las mencioné para recordar que si bien la economía de EE.UU. tiene problemas por delante que la pueden afectar, la de China también.

    La reciente caída de la Bolsa-china confirma que los riesgos de la potencia asiática existen y son reales y que quizás en los últimos tiempos han sido un tanto subestimados.

    (*) Director del Centro de Estudios Unión Nueva Mayoría.
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