30 de mayo 2008 - 00:00

"Comenzó la suba de tasas"

El experto en mercados internacionales que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko, el banquero de la película "Wall Street", sugiere que la Fed continúa más preocupada por lo que pueda pasar con la actividad económica de Estados Unidos que con una aceleración de la inflación. Sin embargo, cree que, luego del salvataje de Bear Stearns, es momento de "atacar el frente de la inflación que, cuando la tormenta arreciaba, estuvo librado a su suerte".

Comenzó la suba de tasas
Periodista: La suba de tasas ya comenzó.

Gordon Gekko: No se puede negar. Es un salto importante. En el extremo largo de la curva de bonos, acumula tres cuartos de punto desde mediados de marzo.

P.: Los mercados no esperaron a que la Fed moviera primero su peón.

G.G.: Eso tomará su tiempo. No es para nada inminente.

P.: Las tasas largas cruzaron el umbral de 4%...

G.G.: Con mucha prisa. Lo que sugiere que el ímpetu debería alcanzar para propulsar un mayor recorrido.

P.: ¿Volveremos a ver la tasa de diez años por debajo de 4%?

G.G.: Sólo si regresamos a las andadas. El movimiento de suba es muy compacto. Barre todo el espectro de tasas y 4% no deja de ser un nivel moderado. Después de todo, la inflación minorista de los últimos doce meses fue 3,9%.

P.: ¿Qué pasó? ¿De súbito prendió el temor a la inflación?

G.G.: No, esa es la excusa. Hay cuestiones puntuales de oferta -con magra recepción el Tesoro está colocando nuevas emisiones en su habitual ronda de subastas públicas- pero, sobre todo, pesan las evidencias de una economía que, contra viento y marea, y contra todo lo que se dijo, nunca perdió la vertical. No es casual que si rastrea el punto de inflexión de las tasas de interés lo ubique en el preciso momento en que se gatilla el salvamento de Bear Stearns. Cuando comienza a atajarse la zozobra financiera.

P.: La revisión de las cifras del PBI del primer trimestre es un aporte a la causa alcista...

G.G.: La corrección en sí fue modesta -el crecimiento pasó de 0,6% a 0,9%- y no muy diferente de lo que se esperaba. El recálculo de los inventarios -y la estimación de un menor arrastre para el trimestre en curso- es, en verdad, la nota saliente.

P.: La inflación, mientras tanto, volvió al discurso de la Fed...

G.G.: Se percibe que cambió la partitura. La inflación recupera una mención destacada. El mercado de bonos no lo pasó por alto, acusó recibo.

P.: La economía y los bancos ya no requieren de cuidados intensivos y es hora de vigilar más de cerca la marcha de los precios...

G.G.: Esa es la idea. La Fed la instaló con la difusión de las minutas de la última reunión. Y diversos personeros se turnan, estos días, para refrescar el mensaje. La economía y las finanzas están bajo tratamiento. Es temprano para darles el alta pero la evolución pos-Bear Stearns es muy favorable. Es factible, pues, atacar el frente de la inflación que, cuando la tormenta arreciaba, estuvo librado a su suerte.

P.: Richard Fisher, el presidente de la Reserva Federal de Dallas, dijo que la Fed podía comenzar con su propia suba de tasas aun bajo una economía anémica...

G.G.: El pertenece al ala dura del Comité de Mercado Abierto. Pero son sólo dos -lo acompaña Charles Plosser, de Filadelfia- y constituyen una minoría. Si por Fisher fuera, no hay dudas, la baja de tasas se hubiera interrumpido mucho antes.

P.: Fisher no hablaba por él. Se refería a la Fed. El es consciente de integrar una minoría. Pero entiende -así lo dijo- que si la inflación empeora, la Reserva Federal responderá subiendo las tasas. Más temprano que tarde...

G.G.: Es un discurso duro. Está en línea con la migración de objetivos que podía anticiparse. Mi impresión, más allá de lo expresado, es que si la inflación se deteriora, y la anemia persiste, la Fed sólo se moverá tarde. El temor a una recaída de la economía real y de la situación financiera es más poderoso que el miedo a que la inflación se desborde. Por eso mismo, la Reserva Federal no dudó en recortar las tasas a 2%.

P.: Tal vez la inflación no sea la variable crítica, pero las expectativas de inflación sí. En la actualidad obran señales de que ya no permanecen tan bien ancladas como solía afirmarse en un pasado todavía reciente.

G.G.: La percepción de la población desmejoró. Sin embargo, las expectativas que surgen de mediciones de mercado -cotejando precios de activos a tasa fija con otros similares pero protegidos de la inflación- se preservan estables. Son, por cierto, más bajas que la inflación registrada. Conceden un voto de confianza. Las negociaciones salariales tampoco denotan un cambio de comportamiento. Pienso sí que la Fed endurece su discurso (ahora que puede hacerlo sin desmoronar ninguna estantería) para apuntalar este bastión.

P.: Perro que ladra no muerde...

G.G.: Sobre todo si es capaz de mantener las amenazas a distancia. Para la Reserva Federal que el dólar repunte -con el visto bueno del G-7- le cubre las espaldas sas de mercado -sobre todo si erosiona el valor de las materias primas, aunque la energía quede a salvo-contribuye a calmar la situación. Y no se olvide que las condiciones crediticias son muy exigentes. El proceso de deleveraging bancario -el « desapalancamiento» de los intermediarios financieros- sigue su ruta. La securitización -el proceso de convertir préstamos en valores líquidos y negociables en los mercados- figura a la cabeza de los desaparecidos en acción. Sin visos de retorno en un horizonte cercano. No hay que olvidarse que los bancos centrales del G-7 están financiando un poco menos de un billón de dólares de activos, propiedad del sistema financiero internacional, que todavía, diez meses después de estallada la crisis, no encuentran un comprador genuino que se los lleve de una buena vez a su casa. Por eso veo a la Fed moviéndose con cuidado. Ladrando pero sin quitarse el bozal.

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