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La Argentina está hoy en uno de esos momentos en donde se tiene que revisar el orden de prioridades en materia inflacionaria. Tiene talento y capacidad técnica en el gobierno y sus asesores como para hacer las cosas bien en materia fiscal y monetaria. Pero tiene también, a nivel de mucha gente relevante y que forma opinión, bastante confusión sobre los determinantes mediatos e inmediatos de la inflación, en un momento en donde la demanda agregada vuela y el conflicto distributivo amenaza con crear espirales entre los precios y los salarios. Si en medio de esta disyuntiva vamos a pensar que una inflación que ya es de dos dígitos se resuelve interviniendo sobre las decisiones de formación de precios, dado todo lo demás constante, entonces tenemos un problema serio.
Mis argumentos en esta nota son básicamente tres. Primero, que la inflación que tiene hoy la Argentina se debe a que desde hace varios trimestres existe una sobredeterminación de la política fiscal y monetaria que deja sin ancla nominal a una economía que vuela al doble de su tendencia sostenible a largo plazo. Segundo, que, como se dijo recién, la inflación es un problema serio, porque si pasa de un umbral mínimo genera indexación implícita y explícita, y en algún momento obliga a definir el ajuste de un conjunto de variables nominales (incluyendo el tipo de cambio) «hacia arriba». Tercero, que una lectura errónea de lo que está ocurriendo puede llevar a usar la política de «precios» a todo vapor para contener la inflación para evitar pasar el umbral crítico, lo que termina reprimiendo artificialmente la inflación y afectando negativamente la inversión.
Sin hacer juicios de valor y sólo a título descriptivo, la política monetaria en la Argentina está parcialmente divorciada del objetivo prioritario del control inflacionario debido a que desde hace tres años domina la «doctrina» del tipo de cambio competitivo (TCC) que hace endógena la emisión por el sector externo, a pesar del mayor esfuerzo para colocar Lebac y NOBAC y recoger redescuentos. No estoy diciendo que dejar caer el tipo de cambio es el camino para el control inflacionario. Aquí también se aplica la crítica que si dejamos todo lo demás constante la inflación caerá sólo transitoriamente.
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