Si de algo sirvió la disputa en la Casa Rosada por los gustos musicales -Alberto Fernández odia la cumbia villera y a Néstor Kirchner le gusta- fue para develar algunos mecanismos por los cuales los ciudadanos argentinos y del mundo acceden al despacho presidencial. Todo queda claro en un reportaje concedido ayer por el jefe de Gabinete a la radio. La presidenta de Hewlett-Packard, Carly Fiorini, la mujer más poderosa de Estados Unidos según la revista «Forbes», no fue recibida por Kirchner porque no pidió cita con antelación. Por eso debió esperar, además, 45 minutos en Balcarse 50 al propio jefe de ministros hasta que se cansó y se fue. El animador bailantero Daniel «la Tota» Santillán, en cambio, cumplió con el procedimiento que parece más adecuado. Llegó a la Rosada convidado por el otro Fernández del gabinete, Aníbal. Con él entró al despacho de Alberto, que queda pegado al de Kirchner puerta de por medio. Y entonces vio cómo el propio presidente se asomó y le juró que le gustaba la cumbia villera, como disculpándose por los dichos de su jefe de Gabinete. Así lo asegura el propio Fernández, Alberto, ante el periodista Ari Paluch por radio.
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