El reconocimiento a las autoproclamadas República Popular de Donetsk y República Popular de Luhansk por parte de Rusia y la movilización de tropas “de paz” allí primero, y ataques efectivos contra Ucrania por aire y tierra, en realidad esconde otras intenciones y marca el inicio de una nueva etapa en el mapa geopolítico actual, con China como su aliado pasivo de un lado, y EEUU y sus aliados de la OTAN del otro, en esta especie de nueva “guerra fría”.
Los inversores ya se habían convertido en rehenes de los discursos cada vez más agresivos de la Reserva Federal, a la cual se le sumaron el ECB y el BOE en Europa para proclamar el fin de la era de tasas (o costo) cero y dinero infinito. La renta fija de baja calificación, de países emergentes y de elevada duration acusaron el impacto desde mediados de diciembre, con fuertes bajas.
El pedido de ayuda a gritos por parte de Ucrania se entiende por la delicada situación económica: sus bonos rinden más del 20% (45% el que vence este año) y posee un rescate en marcha por parte del FMI, pero que difícilmente pueda seguir con los pagos acreedores externos, ya que la situación empeoró drásticamente.
La misma obligó a su gobierno a aplicar medidas muy severas que los argentinos ya conocemos de memoria: el Banco Central limitó la extracción de moneda local a 100.000 grivnas por día (unos 3000 dólares), prohibió la compra de divisas, y su moneda experimenta la mayor devaluación desde 2015.
Por otro lado, el rublo y las acciones rusas se han convertido en el mal necesario para imponer la voluntad de Rusia fuera de sus fronteras, con fuertísimas pérdidas, lo que vino a darle un fuerte golpe a los habitantes rusos, pero con esquirlas en todos los portafolios de inversión esta semana, en especial de renta variable.
La historia muestra que los mercados accionarios de países centrales se han recuperado casi siempre de los atentados y riesgos geopolíticos que se han interpuesto en el camino: Deutsche Bank realizó un estudio en el que concluye que las liquidaciones de acciones por razones geopolíticas típicamente rondan el 6%-8% de caída en promedio, y las acciones tardan tres semanas en tocar fondo y otras tres en recuperarse. Pero a corto plazo puede ser demasiado largo para muchos inversores con pocas espaldas para resistir las repentinas pérdidas.
Los mercados no le temen a Rusia y sus renovadas ambiciones imperialistas, le temen a la desaceleración económica y a cómo una escalada de riego en Ucrania puede retroalimentar nuevas subas en el precio de los commodities, en especial de los hidrocarburos, y que se traslade a los precios: desaceleración económica + inflación = estanflación.
EEUU seguirá lidiando con un aumento de la inflación y un endurecimiento de políticas monetarias, a lo cual se le den sumar las sanciones impuestas por parte de EE.UU. a empresas y habitantes rusos. Pero el telón de fondo esconde el miedo a una inflación que de transitoria pasó a ser más permanente y sobre todo más estructural, a juzgar por la poca diferencia entre el índice bruto y core (7,5% vs. 6,0% interanual en enero en el caso de los EE.UU.). Eso obliga a ser más duro en materia de política monetaria, y a los mercados no les gusta la idea.
El petróleo habiendo tocado los 100 dólares el barril, la soja en máximo de 9 años, y el oro y los demás metales preciosos retomando su camino alcista (a sus máximos para el oro) retroalimentan una suba de tasas de acuerdo a los futuros en Chicago.
Además, Europa le teme al abastecimiento de energía: el 40% del gas natural que compra lo hace a Rusia. Alemania es incluso muchísimo más dependiente. Rusia no comercia mucho con EE UU.: en su mayor parte vende sus productos a China y a la Unión Europea. Y no le va mal: las reservas de oro y divisas de Rusia superan los 600.000 millones de dólares, una verdadera potencia mundial.
A pesar de esa cifra, estimo una devaluación del rublo más allá de los USDRUB 80 actuales y una aceleración de la inflación, dentro de parámetros controlados dado el enorme poder de fuego de su banco central.
Cuando Rusia invadió Crimea en 2014 recibió duras sanciones que provocó lo que puede llegar a acentuarse con estas nuevas restricciones: se viene una mayor “desdolarización” de reservas internacionales, mercados de futuros de commodities, transacciones comerciales y restricciones cuantitativas a la tenencia de monedas de sus “enemigos”. Rusia comenzaría a aplicar de manera escalonada una estrategia para alejarse del dólar estadounidense en un proceso que ya había comenzado: en el primer trimestre de 2020, la proporción de operaciones comerciales entre Rusia y China que utilizan el dólar estadounidense ya había caído al 46%, cuando hace cinco años era del 90%. Otros países se han ido sumando a la iniciativa, entre los que se encuentran China, Turquía, el Irán, la India y Brasil.
Las estructuras de las reservas bancarias internacionales se basan en más de un 60% en dólares y el dólar sigue ocupando la primera posición en el comercio internacional. Rusia no es la excepción. Pero en 2019 Rusia y China firmaron un tratado para usar las monedas nacionales en el comercio mutuo, tal como Argentina posee un swap comercial con China en yuanes. En la misma dirección, Rusia aceleró la baja de sus reservas de Treasuries de EE.UU., pasando a contar hoy la mitad respecto a lo que tenían en 2018, y a menos de un tercio desde 2013.
Como en el TEG: “Rusia ataca Ucrania”. ¿Cuáles serán los siguientes pasos? No podemos esperar menos que volatilidad en los mercados y un impacto negativo de la segunda ronda de sanciones anunciadas por Biden (que se suma a la de los aliados de EE.UU., sobre todo Gran Bretaña, pero con mucha reticencia por parte de Alemania, el más vulnerable por su dependencia energética). Es momento de seguir conservadores en materia de inversiones y adoptar estrategias de cobertura a corto plazo. Los refugios pueden ser el oro y la plata, que se pueden comprar a través de sus ETFs “GLD” o “SLV”, o bien en acciones mineras (“GDX” y “SIL”). Empresas petroleras son una alternativa también. Las oportunidades en el resto de los sectores pronto aparecerán.
Socio y Director de Research for Traders. Twitter: @gneffa
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