(Elisa Carrió le tendió el diván a Néstor Kirchner. Aprovechó el apañado clima del programa de Joaquín Morales Solá. La ex diputada y jefa del ARI se encaramó a la crítica que hizo Gustavo Béliz, por el trato que les da el Presidente a sus funcionarios, y dio por cierto que humilla a su gente. «¿Cómo voy a ir a hablar como opositora con un Presidente que les hace eso a los propios?», ironizó Carrió. Esta dirigente, que ha construido su poder en la opinión pública por el talento de algunas observaciones y por la fuerza con que defiende sus convicciones, suele defraudar cuando brinda la propuesta para enmendar lo que critica. Puede acertar en describir el ánimo irascible del Presidente, pero anula todo cuando dice -cual predicadora laica- que la solución está en la firma de un nuevo contrato moral, frase metafórica de difícil explicación y de casi imposible concreción, inspirada en «El Contrato Social» de Rousseau. Esas consignas cuasi religiosas, inspiradoras de la conducta, señalan un rumbo -como cuando pide «virtud» a los dirigentes, algo que nadie podría rechazar como ideal-, pero no pueden convertirse en consignas políticas porque terminan descalificando las mejores intenciones. Aquí lo principal del diálogo de Carrió acerca de la personalidad presidencial.)
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