Una nueva oportunidad para construir un país de verdad

Opiniones

Dialogando podremos tender puentes y encontrar esos puntos de acuerdo sobre los temas imprescindibles para construir una Argentina desarrollada e inclusiva.

La delicada situación que atraviesa hoy la Argentina nos desafía más que nunca al diálogo. La pandemia de Covid-19 ha impactado en distintas dimensiones igualmente importantes para nuestra vida, como la salud, la educación y la economía entre tantas otras.

Con alrededor de 20 mil muertos, índices de desocupación que superan el 13,1%, un fuerte aumento de la pobreza que podría llegar al 50% y una verdadera tragedia educativa por el cierre de las escuelas; debemos aceptar que la gestión de la pandemia no ha dado los resultados buscados y hoy es tiempo de introducir cambios.

Pero hay muchas otras cosas que no funcionan hace tiempo y como país debemos mejorar. Nos encontramos ante una oportunidad inmejorable para modificar esas cuestiones estructurales que no nos permiten crecer y el consenso político se torna esencial para poder hacerlo.

Dialogando podremos tender puentes y encontrar esos puntos de acuerdo sobre los temas imprescindibles para construir una Argentina desarrollada e inclusiva.

Temas como el trabajo, que debe ser la preocupación más grande que debería tener cualquier gobierno y toda sociedad. Y no solo como fuente generadora de ingresos para las familias, sino también como ordenador social. Tener trabajo hace a la dignidad y a la independencia de las personas.

La forma de generarlo es incentivando la inversión. Discutamos como lo hacemos. Seguridad jurídica, con reglas claras y con un sistema impositivo y laboral que no asfixie a las empresas es la propuesta inicial que ponemos sobre la mesa.

Discutamos también la mejor forma de defenderlo. Quizás, solo quizás, debamos entender que algunas cosas cambiaron en los últimos 50 años y que ya no se puede sostener un sistema pensado para un mundo que ya no existe. No se trata de desregular, pero sí de comprender que hoy desde cualquier lugar del mundo a través de la tecnología se puede trabajar en otro lugar y que las cadenas de valor ya no se producen completamente dentro de una única jurisdicción.

Esto no tiene porqué ser una desventaja. Si se sabe aprovechar puede ser la oportunidad para que el talento argentino agrega valor en cadenas trasnacionales deslocalizadas, lo cual constituye una importante fuente de divisas. De esa manera quitamos presión sobre el campo, la cual ha llegado a límites insostenibles por ser el único generador de dólares.

Hay que defender y promover la producción, ya que sin producción no hay trabajo. Pero no podemos producir cualquier cosa. Debemos discutir y definir industrias estratégicas apoyadas en nuestras ventajas comparativas en relación al resto del mundo. No podemos competir con el sudeste asiático en computadoras. A esa carrera ya llegamos tarde. Pero sí podemos ser mejores en desarrollar software para esas máquinas que ellos producen o en diseñar tecnología específicamente aplicada a ciertos sectores de nuestra economía. Por supuesto somos un gran productor agrícola y eso debemos aprovecharlo. Pero también hay que ver la forma en que seguimos agregando valor a esa cadena.

Tenemos científicos excelentes en nuestro país. Hay que apoyar fuertemente la investigación relacionada a las industrias alineadas a la estrategia de país.

No es ninguna novedad que los argentinos y argentinas pensemos diferente en estos temas y en muchos otros. Y eso no está mal, al contrario. La diversidad nos enriquece y nos fortalece como sociedad y a diferencia de otros países del mundo, hemos logrado niveles de tolerancia y de convivencia que son dignos de preservar y promover.

La pluralidad de miradas, cuando está institucionalizada, genera ecosistemas humanos más creativos, productivos y mejor adaptados a la hora de enfrentar los retos que el mundo nos presenta.

No es poco lo que hemos logrado y hay que cuidarlo mucho entre todos. Pero sobre todo hay que cuidarlo desde los gobiernos. Es muy importante llamar a la concordia con el discurso y más con las acciones.

Para comenzar, la moderación está muy bien. Bajar el tono, no agraviar ni adjetivar. Discutir con argumentos y medir con la misma vara. Pero solo para comenzar.

La moderación, en términos políticos, es ir más despacio manteniendo los mismos objetivos propios en el largo plazo para conseguirlos progresivamente, sin sintetizarlos con los de otros sectores sociales. Lo que necesitamos es mucho más que moderación.

Necesitamos sintetizar posiciones en un centro equilibrado.

Precisamos un mercado que trabaje en forma conjunta y coordinada con el estado, ya que los dos son necesarios. Aquí la cuestión es volver sustentable esta relación. Un estado desproporcionado significará tarde o temprano un colapso de la economía. El estado no debe ser grande o chico, debe ser eficiente, transparente y racional, y debe congregar los saberes técnicos necesarios para contribuir al desarrollo de toda la sociedad.

Es necesario quitarle el pie de encima al sector privado, dejar de asfixiar con más y más impuestos a los que generan riqueza y trabajo para todo el país. Si reducimos y clarificamos lo que se tributa, contribuimos a que más empresas contraten en blanco. Si una persona tiene trabajo en blanco, tiene sueldo y obra social. Es una asignación menos que debe pagar el estado y por lo tanto se reduce el gasto que antes requería esos impuestos que estaban de más. Hay que poner la rueda a girar para el otro lado.

Debe haber un balance entre lo individual y lo colectivo, para que podamos lograr la realización personal, contribuyendo al avance de toda la sociedad. Entre el mérito y la inclusión de todos. Entre la cooperación y la competencia. Debemos valorar y premiar el esfuerzo y el talento, pero dando cuenta de las diferentes oportunidades y capacidades y actuando para compensarlas.

No es cierto que estas sean alternativas contradictorias. A través del diálogo podemos ponernos de acuerdo y trabajando juntos seguro será más fácil avanzar, dejando atrás años de enfrentamientos inútiles que han empantanado el desarrollo de un país que hoy podría ser potencia.

Pero primero tenemos que ponernos de acuerdo en qué está bien y qué está mal. El lugar que ocupa la honestidad, el esfuerzo, la inclusión, la no violencia.

Cuando tengamos en claro los valores que vamos a abrazar, será más sencillo encontrar los puntos medios para que nuestras diferencias, que siempre van a existir, no nos alejen del objetivo común de construir una Argentina desarrollada e inclusiva, con crecimiento y equidad.

Vicepresidente Primero de la Legislatura de la C.A.B.A.

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