23 de diciembre 2019 - 00:00

Un nuevo rumbo hacia un mejor futuro económico

Argentina enfrenta hoy una difícil situación económica, inserta en un muy largo proceso de estancamiento productivo, por esta razón es útil prestar atención a los "exitosos" en esta globalización productiva. No hay crecimiento sostenido sin ahorro, inversión y aumento de las exportaciones.

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Foto: Cefis

Argentina enfrenta hoy una difícil situación económica, inserta en un muy largo proceso de estancamiento productivo, por esta razón es útil prestar atención a los “exitosos” en esta globalización productiva. Desde las últimas décadas las economías emergentes asiáticas vienen liderando el crecimiento económico. Los asiáticos nos están enseñando que el motor del crecimiento es la inversión financiada por el propio ahorro, no como sostienen quienes afirman que el consumo es el impulsor del crecimiento. Es cierto, y este ha sido el aporte de Keynes, que el aumento del consumo en una fase cíclica recesiva puede ayudar a salir de una recesión, pero nunca a mantener un crecimiento sostenido. No hay crecimiento sostenido sin ahorro, inversión y aumento de las exportaciones.

Hace años que Argentina dejó de avanzar por el sendero del crecimiento económico basamento esencial, aunque no suficiente, de la integración social. Los periodos de nuestro crecimiento han sido cortos, como el último registrado entre el 2003 y el 2008; ya hace una década que nos abruman hechos negativos, entre los cuales destacamos un gran déficit fiscal, el estancamiento de las exportaciones, la ausencia de inversiones productivas, la prevalencia de empleos de baja calidad con pobre remuneración, el retroceso educativo, el aumento de la pobreza y la exclusión social y una de las mayores inflaciones del mundo moderno.

Nuestro retroceso en el escenario internacional es notable, ya que hemos dejado de significar el 1,33 por ciento del PBI mundial en 1980, para disminuir a la mitad en 2019 (0,65 por ciento).Estamos viviendo un muy largo proceso de estancamiento productivo y también de recesión, con alta inflación, aumento del desempleo y la pobreza, penurias que han sido frecuentes en las últimas décadas. En los años de la Segunda Guerra Mundial, la economía argentina era la mayor de América Latina, luego Brasil pasa al primer lugar, posteriormente México también supera a Argentina.

El retroceso argentino se manifiesta claramente en la evolución del PBI por habitante. Hace décadas teníamos el nivel de vida más alto en la región, pero la situación es hoy distinta. En 1980 el PBI por habitante era en Argentina casi el doble que el de Chile, ahora el chileno es 33 por ciento mayor. En 1980 el PBI por habitante era en Argentina el doble que el de Uruguay, ahora el de este país es 23 por ciento mayor .En 1980 PBI por habitante era en Argentina 132 por ciento mayor al de Colombia, ahora esta diferencia se ha reducido a 23 por ciento. En 1980 el PBI por habitante argentino era el doble que el de Perú ahora esta ventaja se ha reducido al 30 por ciento. Nada de esto debe sorprender ya que las inversiones argentinas son, junto con las de Venezuela, las más bajas de América Latina.

El principal activo de nuestro país siguen siendo los recursos aportados por la naturaleza, pero con esto solo no alcanza porque no hemos sabido ni expandir esta producción ni avanzar en la industrialización de estos bienes primarios. Pensar en “lluvia de inversiones externas” es una ingenuidad, no hay crecimiento sin inversión propia, y no hay inversión sin ahorro pero atención, aquí entra a jugar negativamente nuestro déficit fiscal, ya que el déficit fiscal es ahorro negativo, es decir mientras mayor sea el déficit fiscal, menos será el ahorro y por ende menos serán las inversiones. Es decir que con gran déficit fiscal, motivado por un creciente gasto público, no puede haber crecimiento económico.

Los países latinoamericanos que aumentan de una manera sostenida su producción y su empleo, lo hacen con el esfuerzo de su ahorro propio, orientado a financiar las inversiones destinadas a incrementar la oferta de bienes y servicios. Esto no significa que la inversión extranjera no sea importante como complementaria, pero nunca sustituto de la inversión financiada por el propio ahorro. Es alentador que un importante activo de Argentina siguen siendo los recursos naturales, no solo el agropecuario sino ahora también los recursos de hidrocarburos en Vaca Muerta y los mineros a lo largo de mas de 5000 Km de los Andes. Es hora de desarrollar nuestros recursos naturales aun inexplotados como la minería. No se trata de prohibirla sino de reglamentarla para preservar el medio ambiente. Tengamos presente que compartimos la Cordillera de los Andes con Chile, nosotros tenemos 2/3 y ellos apenas 1/3, sin embargo ellos exportan muchos más minerales que nosotros.

No hay crecimiento económico sin aumento en las exportaciones, por eso es importante remover los obstáculos existentes a su expansión, y establecer un sistema tributario que no las penalice con derechos de exportación, que nos convierten en el único país de América Latina que utiliza de manera generalizada este instrumento tributario muy eficaz en abatir las exportaciones. Ahora hemos vuelto a aplicar retenciones a las exportaciones, justificando esta decisión en el principio del “mal menor”, ya que el equilibrio fiscal apuntando a la reducción del déficit se ha convertido en una importante meta de la política económica. El desafío que enfrentamos es como aumentar las inversiones, para hacer posible la expansión de la producción, las exportaciones y el empleo, es decir construir un escenario económico expansivo. Pero sin un acuerdo político esto será difícil, como lo ha puesto en evidencia la experiencia del anterior gobierno. Esta será la importante tarea del Gobierno que inicio su mandato en diciembre de este año.

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