Es imposible hacer frente a una crisis divididos y desorganizados

Opiniones

Una situación cotidiana, en ausencia de los derechos mínimos, puede convertirse en un trastorno y no hay que tomar esto a la ligera. Al finalizar la cuarentena, los que conducen las empresas no pueden pasar por alto a consumidores, trabajadores y desempleados.

En el artículo anterior (“Que pierdan siempre los mismos no es la solución a la crisis”) aborde el hecho evidente de que los costos de la actual crisis no pueden distribuirse de la misma forma que se ha hecho en el pasado. Una de las razones es que los hogares vienen resintiéndose desde hace mucho tiempo consecuencia de la inestabilidad de las economías. Desde la crisis del petróleo en los 70’ a la actualidad, le economía mundial ha trastabillado de forma recurrente, realizando ajustes cada vez más profundos para intentar salir de ellas. En esta oportunidad intentaré contestar de qué forma las personas de a pie hemos pagado las crisis. Ninguno de nosotros ha recibido a principio de mes una boleta cuyo concepto fuera “Pago de crisis, cuota 1”, para ello será necesario entender la forma con la que nos han trasladado los costos.

Desde hace algún tiempo a la fecha, los economistas nos venimos llenando la boca con la palabra ajuste. Para ser claros, cada vez que hablamos de ajuste en el medio de una crisis lo que se quieren decir es que mucha gente va a perder mucho y un grupo más chico va a ganar algo más, o al menos perder bastante menos para recuperarlo más rápido que los demás. Una distinción es necesaria, ajustar cuando se está creciendo es muy distinto a hacerlo cuando se está cayendo.

A nivel mundial, a un grupo de países sistemáticamente se les exige ajustar, estén creciendo, cayendo o girando en círculos. Otras economías cuentan con mayor margen de maniobra, aunque tampoco han podido evitarlo del todo.

¿De qué forma nos llega el ajuste? Para no herir susceptibilidades voy a apelar al ejemplo europeo durante la crisis de 2008. España, Grecia, Italia y a otros países de Europa les impusieron un modelo de ajuste en medio de la crisis, lo que generó que el ingreso de las familias cayera y aumentara el desempleo, para luego realizar una recuperación lenta e incompleta. El ajuste también implicó rebaja de impuestos, pero no fue para todos por igual. En este caso, al mismo tiempo que la gente perdía su trabajo o les flexibilizaban los contratos, también les traspasaron la presión tributaria que antes recaía sobre las empresas.

Sin embargo, esto no sería lo peor que tenía para ofrecer el plan de ajuste. Un jubilado que tenía un fondo de retiro en España llegó a pagar más comisiones que la rentabilidad que obtenía, lo que implica necesariamente una estafa espolvoreada con legalidad porque al final terminaron cobrando menos que la inflación, ¿le suena conocido? Por si queda alguna duda, en España los ajustados fueron los jubilados, que son los que necesitan consumir, y a los que rescataron fueron a los que cobraban la comisión.

Esta clase de políticas de ajuste generaron que los consumidores y las empresas, especialmente las chicas y medianas, tardaran en recuperarse y en muchos casos lo hicieran a medias. En cambio, los mercados financieros lo hicieron plenamente y mucho más rápido. En sociedades profundamente desiguales como las nuestras, estas políticas necesariamente terminan en desesperación y, a veces, en violencia porque se pone en juego la supervivencia de mucha gente. Más allá del canto de sirenas sobre la reducción del Estado y de los impuestos que prometen algunas personalidades mediáticas, los ajustes de la economía que se realizan en el marco de una crisis siempre perjudican a los sectores mayoritarios. Por lo tanto, se vuelve necesario que cada uno haga bien las cuentas para corroborar que cuando les prometan devolverle un peso, no le saquen dos mil por otro lado.

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Las crisis económicas mundiales de los últimos 50 años han creado situaciones para recortes de derechos laborales y generar relaciones de producción más débiles, lo que crea un mayor grado de desorganización en lo económico para las familias.

Las crisis económicas mundiales de los últimos 50 años han creado situaciones para recortes de derechos laborales y generar relaciones de producción más débiles, lo que crea un mayor grado de desorganización en lo económico para las familias.

Recortar derechos laborales no es una entelequia y no es una bandera partidaria, es algo muy concreto que nos pertenece a todos e impacta de lleno en las economías de las familias. Una situación cotidiana, en ausencia de los derechos mínimos, puede convertirse en un trastorno y no hay que tomar esto a la ligera porque puede llevar a muchos a una desconfianza masiva en el sistema y en la democracia.

Hay países desarrollados donde se han impuesto contratos flexibilizados e incluso algunos llegaron al ridículo de contrataciones por cero horas como una forma de darle legalidad a la informalidad. Estos contratos no son malos o buenos por sí mismos, no se puede negar que existe un cambio sostenido en las relaciones de trabajo, pero el problema es que en su mayoría no garantizan ni lo más elemental. Si sabemos que las crisis ocurren más seguido y el sistema es crecientemente inestable, entonces también se deberían tomar un mínimo de previsiones al respecto. Según la OIT más del 60% de los trabajadores del mundo se encuentran desarrollando sus actividades en la informalidad, o sea, son la mayoría.

Entonces, si antes esta cobertura existía y las empresas no quebraban, ¿Por qué ahora no se pueden pagar?, ¿Dónde está ese dinero?

Responder esta pregunta es complejo, pero si crisis tras crisis a usted le sacaron algo y no se lo devolvieron, y del otro lado de la vereda hay un grupo mucho más pequeño que se ha recuperado y ha continuado creciendo a un ritmo exageradamente alto, pareciera bastante evidente lo que falta en un lado, está sobrando en el otro y en el medio la economía real se reciente. Ese grupo que se recupera cuando el resto no, son las grandes fortunas. Pero hay que ser claros para no generar disputas entre los que tenemos que estar juntos. Lo que distinguen a estas grandes fortunas es que tienen capacidad de conducir las políticas y la economía sin necesidad de ser gobierno, suelen ser un grupo reducido y se organizan mejor que el resto. Además, mayoritariamente obtienen sus rentas del trabajo que realizan otros.

Pensemos como pensemos, los que trabajan no pueden ser los responsables y tampoco enemigos entre sí. Es evidente que si la comida le sale más cara no es culpa de los pequeños productores agrarios que trabajan su propia tierra y tampoco de un empresario pyme, por citar a alguien. Estos y otros sectores son la piedra fundamental de nuestra economía porque para existir tienen que producir y trabajar, igual que usted.

Por lo tanto, es necesario que, al finalizar la cuarentena, los que tienen la responsabilidad de conducir las empresas no pasen por alto la situación que han atravesado los consumidores, los trabajadores y los desempleados, que en esencia son las personas a las que les venden. Sostener algunas recetas por ser las conocidas y alimentar peleas basadas en prejuicios es miope y es regalar en bandeja una grieta que nos hace débiles a ambos, las empresas sin empleados no existen y personas sin trabajo no consumen. El Estado tiene la obligación de que este concepto no pierda la centralidad que debe tener, de otra manera de podría generar una situación aún más crítica e inestable afectando las posibilidades de convivencia pacífica entre todos.

Lo que se ha vuelto evidente con la crisis sanitaria del Covid-19 es que el ajuste económico y social solo nos ofrece un mundo más desorganizado, donde el sector público de la mayoría de los países no puede hacer frente a las demandas de la sociedad e incluso muchos de los sistemas de salud, públicos y privados, de países desarrollados exhibieron sus propias limitaciones. A los Estados también les resultó difícil determinar cómo distribuir la ayuda y los costos, y cómo ser justos con cada quien.

Esto tuvo como efecto colateral que algunos que siempre pusieron el hombro y ahora necesitaban la ayuda del Estado se quedaran sin ella. Por eso, los que la reciban, especialmente las empresas, deben ser doblemente responsables con los recursos, sino el resentimiento generará enormes adversidades. Argentina tiene a su favor la cantidad de organizaciones intermedias que vinieron a ejercer y conservar cierto grado de organización social. Algunas de estas las heredamos de 2001, otras tienen una larguísima historia y entramado institucional. Las razones por la cual la desesperación no desencadenó en violencia, y la violencia en caos es también gracias a estas estructuras.

Para lo que viene, todos tenemos que deponer las diferencias superficiales y es imperativo que cada uno aporte a evitar más división, recordando siempre que lo imprescindible en la economía son las personas.

(*) Máster en Economía Internacional de la Universidad Complutense de Madrid.

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