Cuáles son las consecuencias del ejercicio del biopoder y la biopolítica

Opiniones

De un momento a otro ingresamos en una serie distópica: el Covid-19 irrumpió y produjo efectos a nivel mundial.

«La palabra es un virus. Quizás el virus de la gripe fue una vez una célula sana. Ahora es un organismo parasitario que invade y daña el sistema nervioso central. El hombre moderno ya no conoce el silencio. Intenta detener el discurso subvocal. Experimenta diez segundos de silencio interior. Te encontrarás con un organismo resistente, te impone hablar. Ese organismo es la palabra.»

William Burroughs, El boleto que explotó cit. de Franco Berardi. 2020, p. 35.

De un momento a otro ingresamos en una serie distópica: el Covid-19 irrumpió y produjo efectos a nivel mundial. Día a día surgen nuevos datos, conteo de contagios, de muertes en escaladas escalofriantes y las indicaciones entre contradictorias y apabullantes de “quedarse en casa”, “no tocarse”, “no tocar”, “lavarse muchas veces las manos”, “mantener distancia”, “usar barbijos”, “no usarlos”, “hacer máscaras de plástico caseras”, “no hacerlas porque de nada sirven”, además de las últimas sugerencias del Dr. Fauci, de “no volver a darse la mano nunca más”.

La evidente transformación política y del mundo a la que estamos asistiendo, efecto -¿y causa?- a su vez de esta misma pandemia, que intentan capitalizar muchos de quienes encarnan el ejercicio del poder, muestran reacciones dispares y por momentos desesperadas: decretos cuyas firmas son empujadas por la opinión pública, la búsqueda de una suba de la popularidad, junto a videos circulantes de épicas proezas que muestran a los mismos políticos en un rictus a veces maníaco, otras presumiblemente serenos, pero con rasgos disociados que expresan terror, desconcierto o actuaciones patéticas de estudiantes de teatro de nivel inicial.

Los cuerpos vuelven a ser, cada vez en un mayor primer plano, bastiones sitiados del biopoder y renovados objetos de la biopolítica, siendo nuestras casas -para quienes alguna tienen- las nuevas celdas del panóptico.

La convocatoria masiva desde el poder en su biocontrol, es eficaz en el desarme de la colectivización, la instalación de la sospecha respecto del otro, la estimulación de la denuncia y la vigilancia cada vez más aguda de las poblaciones, ahora a condición del terror difundido por los medios masivos de comunicación, asociados con la singularidad del morbo de cada quién y bajo la aparentemente saludable convocatoria al encierro y al llamado “home office”.

Y allí mismo, ante las órdenes contradictorias de diversas voces de “la última verdad”, cobran la más contundente realización, junto a la sumisión generalizada ante el encierro, el control y la vigilancia, y sin hablar de los efectos del encierro, de acuerdo a la estructura en que cada uno ha quedado organizado y en relación con la singularidad subjetiva -valga la redundancia conceptual-.

Muchas son las situaciones en que se despiertan preguntas respecto de cómo poder pasar del “cuidarse del otro” a poder “cuidarse con los otros”, en un contexto de desconfianza generalizada ante la incertidumbre y el no saber, en que es necesario lograr grandes adaptaciones para llevar adelante la vida en aislamiento y, a su vez, seguir sosteniendo la esperanza para enfrentar nuestro tiempo.

(*) Psicoanalista (MN 19868), profesor de Psicología en la Facultad de Filosofia y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA), miembro titular en función didactica de la Asociación Psicoanalítica Argentina y miembro de la Comisión Directiva de la APA.

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