El 25 de abril de 2018 se iniciaron las corridas cambiarias. En un solo día el BCRA vendió 1.500 millones de dólares, los bancos de Wall Street ordenaban la salida porque la economía transitaba una situación muy complicada. El gobierno de Macri sufría un choque con traumatismos múltiples, producto de la interrupción del financiamiento externo que le habían comunicado al Messi de las finanzas (Caputo) en enero 2018, que llevó a suplicar la asistencia del FMI, y provocó una fuerte caída del nivel de actividad económica en medio de un proceso de aceleración de la inflación por la devaluación del 100% de 2018. Los desarmes de la bicicleta financiera que llevaba 28 meses de ganancias extravagantes en dólares, estresaron la balanza de pagos. En EE.UU., estaba decidida la salida por la posibilidad que el país entrara en un nuevo default.
La ciudadanía y el empresariado también se dieron cuenta que el país se estaba yendo por el resumidero. Creció la desconfianza, nadie sabía lo que nos depararía la encerrona con el FMI, con la entrada de un Gobierno peronista. Con Macri se disparó una fenomenal huida de activos argentinos, en solo 4 años se fugaron capitales por 86 mil millones de dólares, hubo devaluaciones permanentes en 2018 y 2019, derrumbe de reservas internacionales, retiros de depósitos y desplome brutal del crédito. La actividad económica interna estaba destruida y seguía acelerándose la inflación (estanflación).
La Argentina era un tembladeral financiero y cambiario, y la incertidumbre era descomunal, los economistas de Juntos por el Cambio habían metido a la economía en un ciclo recesivo del cual no podían salir. Se proyectaba una caída del PBI para el cuarto trimestre 2019 de (-3.5%) contra 2018 y, (-2.5%) trimestre contra trimestre anterior. El año 2019 remataría un retroceso de 2.6%, dejando un arrastre negativo para 2020 de 2.5 puntos.
La inflación, producto de la fuerte devaluación volvió a acelerarse 2.7% en junio y 2.2% en julio, se elevó alrededor de 4% en agosto y 6% en septiembre. Los precios mayoristas brincaron 11.2% en agosto y 4.2% en septiembre. El año 2019 apuntaba a cerrar con una inflación del orden de 59%-diciembre 2018/diciembre 2019-.
En solo cuatro años, Macri se iba a su casa con una inflación acumulada de 300%. Cristina Kirchner tuvo menos inflación cumulada que Macri en 8 años. Macri, más que duplicó la inflación, además lo hizo con una destrucción del PBI per cápita de casi 11%.
Estos eran los números de Macri en el tercer trimestre 2019:
- Derrumbe del Merval en dólares: (-41%)
- Desmoronamiento del precio de BONAR 2024: (-53%)
- Incremento del riesgo país: a +1.274 puntos básicos (+146%)
- Gigantesco aumento de (Credit Default Swap) CDS- 5 años: +7.194 puntos (+697%)
- Pérdidas de reservas inconcebibles: u$s 22.757 millones (-34.3%)
- Fuga alevosa de depósitos en dólares: u$s 12.635 millones (-39%)
- Venta de dólares del BCRA en el MULC: u$s 7.456 millones
- Tipo de cambio oficial: (+32.6%)
- Dólar bolsa disparado: (+68%)
- Contado con liquidación desmadrado (CCL): (+75.5%)
- Fuga de depósitos plazo fijo: $162.000 millones (-12.6%)
El cepo Macri resultó inútil para frenar la compra de dólares de personas físicas y el aumento de atesoramiento, profundizando la pérdida de reservas. Por esa razón se aplicó el “súper cepo Macri” donde el atesoramiento en dólares quedó en u$s 200. El objetivo era llegar al 10 de diciembre con un stock de reservas mínimamente decente.
El mercado de cambios siguió poniendo a la vista el exceso de demanda de divisas y el BCRA continúo regalando dólares a diestra y siniestra en el mercado cambiario para salvar a los amigos…del dólar. En septiembre se vendieron u$s 1.350 millones y en octubre u$s 4.000 millones.
La cantidad de individuos que compraron dólares billetes en septiembre aumentó un 30% respecto de agosto, mientras que las ventas desplomaron (-52%). De este modo, las compras netas de billetes de personas físicas se dispararon 70% en septiembre a u$s 2.600 millones. Con esos números y el incremento de la pérdida de reservas, el BCRA decidió reforzar “el cepo”. Se redujo así el límite de compra de dólares para las personas físicas de u$s 10.000 a u$s 200 por mes. Una broma, viniendo de Juntos por el Cambio que había criticado hasta el hartazgo a Cristina Kirchner por instalar el control de cambios.
Con el “súper cepo Macri”, se proyectaban reservas brutas por unos u$s 38.000 millones para fin de 2019, y reservas disponibles debajo de u$s 9.000 millones. Las reservas disponibles no alcanzarían para pagar los u$s 12.800 millones de deuda en dólares que vencían en los primeros cinco meses 2020. No había margen para demoras, si la intención era evitar caer en un default, había que avanzar en una reestructuración de deuda. Lo razonable era repetir el default selectivo (o reperfilamiento) de las Letes del Tesoro ya defaulteadas, que explicaban 45% de los vencimientos de deuda en dólares que había que pagar entre enero y mayo 2020. El exceso (55%) correspondía a u$s 2.900 millones de vencimientos de bonos con el sector privado y, deuda con organismos multilaterales de crédito.
El BCRA mantuvo el encaje total en 45%, pero eliminó los 10 puntos que se podían integrar con Leliqs. Desde ese momento, pasaban a ser integrados con encajes no remunerados-llámese depósitos de los bancos en el BCRA que forman parte de la base monetaria-.
Con el nuevo régimen se reducían las utilidades excepcionales que habían tenido los bancos por los intereses de los encajes remunerados de Leliqs, que dejarían de recibir. La medida empinaba la demanda de base monetaria para noviembre en $ 154.000 millones, casi 10% de los depósitos a la vista de octubre, lo cual transportó al BCRA a levantar la meta de base monetaria de noviembre, que implicaba un crecimiento de 2.5% para noviembre, con respecto a la meta de octubre 2019, ajustada por el cambio en el nuevo croquis de los encajes. La meta de noviembre se elevaba a $ 1.600 mil millones, neta de las operaciones cambiarias del mes.
Ante el aumento provocado de la demanda de base y la necesidad de integrar encajes en depósitos de los bancos en el BCRA; la oferta de base monetaria, que iguala a la demanda, ahora podía ser mayor por una menor demanda de Leliqs de los bancos con respecto a los vencimientos, con desarme del stock de Leliq; o por una mayor expansión de la oferta de pesos, para financiar al Tesoro, sin caída del stock de Leliqs. El BCRA aflojaba la meta de base monetaria adaptándola a las necesidades fiscales. Se establecía una absoluta dominancia fiscal en los últimos dos meses de 2019.
El gobierno amplió compulsivamente por medio de un DNU el presupuesto. Con esa nueva transgresión al Poder Legislativo, Macri terminaría el año con un aumento del gasto público donde más de la mitad se había decidido discrecionalmente en el Ejecutivo, sin pasar por el Congreso.
Habían perdido el control y la vergüenza, con la ampliación discrecional, el gasto público para 2019 se ubicaría 10% por encima del incluido en el proyecto de presupuesto, dinamitándolo. Con el DNU el gobierno también aumentó el déficit primario de la Administración Nacional 2019 a $ 355 mil millones (+1.6% del PBI). El 80% del aumento del déficit estaba explicado por menor recaudación, afectada por la recesión, evasión y, medidas oficiales para reducir impuestos, mientras el 21% restante del aumento del déficit estaba explicado por más gasto público.
Aquel DNU autorizó una asistencia financiera vía adelantos transitorios del BCRA por $ 400 mil millones para financiar el agujero del Tesoro. En el último bimestre del año al Tesoro le faltaban u$s 3.600 millones para cubrir su deuda en dólares, aunque contaba con u$s 1.950 millones del depósito para el Fortalecimiento de Reservas. De todos modos, el Tesoro necesitaría pesos para comprarle al BCRA los u$s 1.650 millones faltantes. Del total del financiamiento monetario autorizado para el Tesoro por $400 mil millones, quedaría un remanente de aproximadamente $ 293 mil millones, para ser utilizado por el Tesoro para atender sus obligaciones en pesos.
Lo cierto es que el gobierno Macrista estaba abatido por carencia de recursos. Además del financiamiento del BCRA, el gobierno exigió a otras entidades públicas que destinasen sus excedentes financieros a la compra de letras del Tesoro y, el BCRA aumentó la exposición al fisco que podrían tenerlos bancos, con el fin de que los oficiales incrementaran los préstamos al gobierno para el pago de haberes. Podría decirse que hubo una ampliación presupuestaria bañada de realidad, el DNU “salvó la ropa” descubriendo el financiamiento del BCRA al Tesoro, con aumento del crédito de bancos oficiales al Gobierno. En aquel tiempo, el Estado no fue el mal administrador de siempre, sino los ropavejeros que llegaron del sector privado, y se aprovecharon de él, con total impunidad y consentimiento de quienes los instalaron y encubrieron.
Director de Fundación Esperanza. https://fundacionesperanza.com.ar/ Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros
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