SIN PANDEMIA, SIN GUERRA, SIN SEQUIA, LA HERENCIA MACRI
Mauricio Macri.
SIN PANDEMIA, SIN GUERRA, SIN SEQUIA, LA HERENCIA MACRI
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Hay tres fuentes empíricas: la observación, la historia y el juicio por analogía. El gobierno de Macri no resiste el trípode práctico. Estos artículos podrían constituir lo que los psicólogos llaman “sesgo de coherencia”, que surge de revisar los recuerdos con el fin de que tengan sentido respecto a la información posterior. La exposición de mas de 100 artículos hasta aqui no es existencial, sino práctica. Así surgió la idea de considerar la narratividad como experiencia reveladora, sin signo ideológico, aunque con carácter crítico y sin aquiescencias.
El default declarado durante el gobierno de Mauricio Macri, según S&P Global Ratings dijo el 29 de agosto, rebajó las calificaciones crediticias soberanas de Argentina a “incumplimiento selectivo”, después que el gobierno extendiera unilateralmente el vencimiento de su deuda a corto plazo, una medida que la agencia calificadora consideraba un incumplimiento. Fue la segunda rebaja de la agencia en dos semanas. El 16 de agosto 2019, recortó las calificaciones crediticias soberanas de largo plazo en moneda local y extranjera de Argentina a B- desde B, con perspectiva negativa, al tiempo que confirmó las calificaciones de corto plazo en B…” “se ha tensionado enormemente la dinámica de la deuda en medio de una depreciación del tipo de cambio, una probable aceleración de la inflación y una recesión económica cada vez más profunda”. “También el 29 de agosto, la agencia rebajó las calificaciones de emisión de largo y corto plazo de Argentina a CCC-/D desde B-/B debido al mayor riesgo de incumplimiento”. https://www.spglobal.com/marketintelligence/en/news-insights/trending/ud9ylveeocnu03bpquzewq2 .
En el mismo sentido, asumido el Gobierno de Alberto Fernández, el FMI señalaba que la deuda de la Argentina no era sostenible porque el ajuste fiscal requerido no era económica ni políticamente viable. De la declaración del organismo sugirió que sería necesaria una contribución significativa de los acreedores del sector privado (una quita) para poder restablecer la sostenibilidad de la deuda con alta probabilidad.
El nuevo Gobierno de Alberto Fernández encaraba la negociación con los bonistas opuestamente a lo usual. Como no habría superávit primario en los próximos años, ya que no pensaban rematar la desfalleciente actividad económica que había heredado, la propuesta de deuda del Gobierno sería una propuesta razonable, que hiciera sostenible la deuda. Se encaraba el trabajo de manera inversa a la lógica neoliberal aplicada en todas las reestructuraciones de deuda, donde primero se calcula qué esfuerzo de superávit fiscal primario se debe hacer para que esa deuda sea sostenible, y luego las necesidades de la economía real y de la ciudadanía. El lobby externo y local empujaba un acuerdo con el FMI que permitiera extender los pagos de la deuda con el organismo para contribuir a aumentar el grado de aceptación de los bonistas y encorsetar al Gobierno.
El Gobierno enfrentaba en los próximos meses una extravagante cifra de vencimientos de deuda en pesos, entre marzo y junio debía hacer pagos por $ 586 mil millones, que representaban el 32% de la base monetaria. La idea de “juntos por el odio” era que en solo 4 meses explotara todo y fracasara el nuevo Gobierno.
En febrero 2020, el financiamiento en pesos en el mercado local fue escaso. Además, los vencimientos futuros en pesos coincidían con un posible aumento de la incertidumbre por el endurecimiento de las negociaciones con los acreedores externos, mal informados por los macroecolobistas locales, y mal acostumbrados a los Messi de las finanzas que no negociaban nada. Se pasaron el tiempo tomando créditos tan caros que en la negociación Martin Guzmán consiguió rebajar u$s 37.000 millones Para que se entienda, habían pagado u$s 37.000 millones de más de intereses.
Los verdaderos responsables de la tragedia decían que no se llegaría a un acuerdo con los bonistas ley internacional y que habría que optar, frente a cada vencimiento de deuda en pesos, entre emitir para cancelar sus compromisos o defaultear selectivamente como Macri-Lacunza.
ENCENDIAN VELAS PARA QUE LA REESTRUCTURACION SALIERA MAL
Deseaban que fallara el alivio de deuda o, que no se lograra captar la adhesión requerida y que la Argentina terminara en default, sobre la deuda emitida bajo ley internacional. En un escenario de estas características, todo estallaría como tenían previsto, y los resultados financieros, devendrían estallidos sociales.
La economía argentina venía con el default selectivo (S&P) de Macri, atravesando un momento muy frágil antes del Coronavirus. El gobierno había puesto en marcha un programa de objetivos para atender la emergencia Macrista. El programa tenía un propósito supremo, que consistía en frenar la caída del consumo y del nivel de actividad, porque una pobreza del 40% que dejo Macri no se podía sostener. También, pretendía moderar la tasa de inflación que Macri llevo a más del doble de la que tenía Cristina Kirchner y, reestructurar la deuda pública de manera ordenada para no dar “un salto al vacío”. Macri dejó al país y la deuda en el borde del abismo.
El programa macroeconómico no podía continuar con la política de austericidio, sino que tenía que crear espacio fiscal, mediante la suba de la recaudación de impuestos y la reestructuración de deuda, para eso había que aumentar el gasto público y estimular la demanda agregada. Despejando la presión de superávit fiscal primario hasta el año 2026 y con un bajísimo stock de reservas, el BCRA aún tenía que comprar la oferta de dólares para acumular reservas y poder levantar el país estrellado que dejo Macri.
El BCRA impulsaba una política monetaria expansiva, con un rápido descenso de las tasas de interés y mayor expansión monetaria, inyectando liquidez y procurando impulsar el crédito al sector privado. Mientras que la política cambiaria sería de flotación administrada.
LA PANDEMIA
Lo cierto es que ya antes de la pandemia, Macri había implementado una política fiscal más expansiva porque no llegaba a diciembre. Asumiendo que se lograba reestructurar la deuda y se evitaba el default, con el arrastre estadístico de caída del PBI que dejó Macri, antes de la pandemia se estimaba una caída del PBI de (-2%) en 2020 y una tasa de inflación del 60% anual. Fue solo de 42% en 2020 y 50.9% en 2021 (debajo de Macri 2019). Recuerde que Macri se fue con más de 54%.
Con una macroeconomía vulnerable y un programa diferente, el escenario tenía riesgos extraordinarios si no se lograba reestructurar la deuda. Si el BCRA emitía en exceso, el déficit fiscal primario aumentaría más de lo pronosticado. Pero además de la catástrofe que había dejado Mauricio Macri, Alberto Fernández debía afrontar un shock externo sin precedentes que conmovió al planeta.
El latigazo pandémico coexistía con los estragos que dejó la epidemia Juntos por el Cambio. Disminuía la demanda externa de productos argentinos, la economía brasileña entraba en recesión, caía el precio internacional de la soja, perdía competitividad el peso argentino ante las monedas de la región que se devaluaban. En un mundo tan estremecido donde las prioridades eran salvar vidas, la reestructuración de la deuda se complicaba y el riesgo de una negociación demorada en el tiempo, podría devenir en eventual default.
El shock exógeno se le sumaba al shock endógeno, el aislamiento que afectaría la demanda, la producción y, eventualmente, el empleo. No solo el comercio exterior sentiría el impacto; el transporte, el turismo, el comercio, los servicios y el entretenimiento.
Frente a este panorama, el mundo reaccionó rápidamente pisando el acelerador del gasto público y acelerando el ritmo de expansión monetaria. El problema argentino era que la era post Macri carecía de los mecanismos “de manual” que se utilizan para hacer políticas contra cíclicas, porque se los había gastado todos en 4 años.
Con una recaudación en caída libre, más el incremento imprescindible e imprevisto del gasto por salud, jubilaciones mínimas, AUH, subsidios familiares, pago de salarios, se estimaba que el déficit primario en 2020 se podía disparar, aunque no fue así.
El BCRA aceleró el ritmo de expansión de la base monetaria, desde el 1 de marzo hasta el 31 del mes, la base monetaria aumentó $ 496 mil millones, debido fundamentalmente a que se inició el proceso de desarme de las Leliq que había dejado Macrilandia. La renovación parcial de los vencimientos de Leliq, implicó una expansión monetaria de $ 312 mil millones. En dicho lapso se tenía como objetivo que el sistema bancario contara con fondos para otorgar créditos al sector privado, incluyendo una nueva línea para las pymes al 24% anual. Además, el BCRA le giró $ 172 mil millones al Tesoro, con lo cual llevaba girados al fisco $ 629 millones desde el noviembre Macrista. Por prudencia no hubo en marzo expansión monetaria de origen cambiaria para comprar dólares.
La forma de comportarse y expresarse con mesura y sobriedad, sin caer en excesos, sino siempre con sensatez y cordura en 2020; venía a contrastar con la desfachatez que nos había gobernado desde la ficción 2015-2019. La crisis financieras y cambiarias permanentes desde 2018 habían agudizado las desigualdades y destruido a buena parte de la clase media 2015, poniendo en peligro la movilidad social y las aspiraciones de una vida mejor de los que habían regresado a la zona de pobreza.
Director de Fundación Esperanza. https://fundacionesperanza.com.ar/ Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros
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