“Los argentinos hemos vuelto a creer en nuestro país”, soltó Dujovne en 2017, incluyéndose entre los confiados.
Nicolás Dujovne.
“Los argentinos hemos vuelto a creer en nuestro país”, soltó Dujovne en 2017, incluyéndose entre los confiados.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
En 2017 se blanquearon u$s 116.800 millones, o 21% del PBI de aquel momento. Casi se duplicó la base imponible, con un aumento de 94%. Hoy esa suma equivale a más de 1/3 del PBI. Habíamos superado a Italia -u$s 105.000 millones-, con una economía muchísimo más grande. El sentido de blanquecer tanta fortuna fuera del pais, tenía que ver con elegir a Macri para declarar parte del patrimonio offshore que evadieron durante presidencias anteriores. Además, le pagaron a Macri la penalidad que no tributarían jamás a un Gobierno peronista. Unos u$s 9.500 millones. En una palabra, los evasores eligieron a quien le pagan impuestos y a quién no, porque antes hubo blanqueos. Prescindiendo de gustos, con el dinero que desfinanciaron ilegalmente a otros Gobiernos, financiaron legalmente a Macri. Tenían la honestidad demorada.
Macri y su grupo, no tenían nada para ofrecer, ni científica ni políticamente. El fracaso fue inmoderado en todos los ámbitos. Los ministros no entendían que ducharse con agua caliente y encender la estufa en invierno era un derecho, no un negocio. Se hicieron amigos de gendarmería y enemigos de los maestros. Nos quisieron convencer a los argentinos, que hacían cosas malas por razones correctas.
Con semejante blanqueo, si las fotocopias de los cuadernos eran reales, los que persuadieron a Macri que podía ser presidente personificaban el elenco de muchos años de corrupción.
Al presidente de Boca Juniors lo convenció un grupo de prófugos de la AFIP, que podía ser el premier y gobernar 8 años – Pero después de las PASO, las encuestas lo daban 20 puntos debajo de Fernández. La política es algo más compleja que ganar licitaciones, o gobernar una ciudad con un PBI per cápita más alto que Francia.
El vertiginoso vaciado de stock de reservas, el cálculo optimista de renovación de deudas de corto plazo y la pérdida de depósitos bancarios, eran altamente previsibles, en un año electoral. La verdad es que ningún banco, ninguna empresa decente ni eficiente sabe tener ejecutivos con tantos errores de pronóstico como el gobierno de los CEOs.
El aprieto en que se metió Dujovne, se lo llevó puesto. Por eso se fue antes de la licitación desierta. Sobrestimó las posibilidades de renovación de la deuda en Letes, Lecap, Lecer, Leliq hasta diciembre 2019. Hacienda, afrontaba vencimientos por aproximadamente u$s 17.100 millones en dólares; entre dólares y pesos. Siempre y cuando el FMI no le soltara la mano, todavía le faltaban alrededor de u$s 8.400 millones y $ 430.000 millones.
Ante la expeditiva absorción de reservas escasas para atender las obligaciones, el gobierno eligió defaultear los pagos de la deuda de Letes en dólares y Lecap en pesos, lo cual simultáneamente descubrió la necesidad de aplicar controles de cambios y pagos al exterior. Regresaron al “cepo” que primero habían sacado en algo más de 3 años.
El default selectivo o reperfilamiento de la deuda, perseguía la reducción de los vencimientos hasta diciembre, para eventualmente aplicar esos dólares a la intervención del BCRA en el mercado de cambios. Evitar una crisis cambiaria, ya era primacía sobresaliente de un fin de ciclo, de “resultados inferiores a los esperados”, al decir del ministro Lacunza.
Una y otra vez habíamos visto que, cuando la realidad no se sujetaba a lo que los flojos technopols aprendieron en los libros de texto y los papers estadounidenses, se les escapa la tortuga. Le pasó a Sturzenegger y Prat Gay. El dólar es el bien más escaso de la economía nacional, siempre. Mientras hubo lluvia de dólares prestados, se estaban “timbeando”. - ¿No sabían que se iban a ir? -Hasta el financiero número 35 del ranking, de un departamento de Finanzas de 40 profesionales sabe, que el riesgo de insinuar demora o defaultear la deuda, puede disparar un pedido de quiebra. En un gobierno, proyecta una corrida de depósitos.
Cuando la demanda de dólares estalla, el vaciado de reservas agota el tanque. El único verde que queda, es verdín en el fondo. Sumarle a todo lo precedente una merma de reservas de u$s 15.000 millones, era hacer alarde de un manejo financiero decepcionante.
El ganador de las PASO (Alberto Fernández) había declarado bastante tiempo atrás, que, si llegaba a ser presidente, no habría control de cambios. Después de Macri el gobierno presente o el que llegara tendría que endurecer la normativa y los controles. El desembolso del FMI no venía. Eran u$s 6.400millones (u$s 5.400 +1.000) útiles para afianzar el programa financiero 2019. Porque 2020 se había convertido en “Rumbo a lo desconocido”.
Obviamente, con el reperfilamiento de la deuda corta, “otro muerto” pasaba para la próxima administración y, ese difunto caería en el primer semestre de 2020. “Bienvenido Fernández”
El control de cambios, tendría que ser reforzado, sin eliminar la posibilidad de extenderlo aún más, un régimen que legitimara un mercado de cambios múltiple. Teníamos diversos tipos de cambio con Macri en 2019. Aun disminuyendo la pérdida de reservas del BCRA y las brechas cambiarias del dólar bolsa, “contado con liqui”, paralelo. Al principio, tal vez las paridades se iban a desbocar.
En medio de la terrorífica travesía de convulsiones continuas, vapuleo y autoflagelación económica, se desmoronaba el nivel de actividad y crecía el desempleo, se aceleraba la tasa de inflación y el riesgo país no se sosegaba. Cerraban empresas o incurrían en cesación de pagos. El mal humor crecía.
Por tercera vez desde 1976, la tradición neoliberal se había instalado para avergonzar a la Argentina y ponerla de rodillas delante del resto del mundo. En el exterior, no alcanzan a comprender lo que pasaba. Nos habían puesto en ridículo, pero no porque el presidente figuraba en los Panamá Papers. Tampoco porque Dujovne saludaba el blanqueo sin traer su dinero, como Aranguren y el resto del gabinete. Menos por hacer un acuerdo comercial de pesca con el usurpador de las Islas Malvinas. Era por el default súbito.
Recuerde que Prat Gay se fue diciendo que eran uno troncos (los demás). Caputo dio su versión en Wall Street. Melconián se auto indultaba y criticaba como si fuera un out sider. Sturzenegger explicó su visión de la tragedia en 58 páginas, inglés o español, como si el fuera peronista. Un crack, una especie de Esopo económico. Ya tendía tiempo para redactar fábulas, con los animales que reemplazaron a los proceres, en los de los billetes en pesos.
Había que competir contando la verdad, desde una perspectiva académica, argumentando con evidencias empíricas, pero la oposición estaba ensimismada. No había que hacer más nada, se habían inmolado. Alberto Fernández debería haber dispuesto un equipo entrenado, enviándolo por todo el mundo explicando una realidad, que superaba la ficción. El legado que recibiría requería “comunicación financiera internacional”, altamente competitiva. Es que habría de gobernar y negociar, enfrentando el ruido de fondo de los que se llegaban, quienes hostigarían su mandato desde el comienzo. Pero eso no sucedió.
Director de Fundación Esperanza. https://fundacionesperanza.com.ar/ Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros
Dejá tu comentario