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11 de agosto 2023 - 09:51

Debate por la deuda pública: crónica de un default anunciado (Parte XCV)

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En agosto 2019, a diferencia de julio, faltaban unos u$s 4.000 millones, teniendo en cuenta la formación de activos externos (FAE), restando el superávit comercial de más u$s 974 millones de salida de capitales de no residentes (inversión de portafolio) y unos u$s 900 millones en turismo, utilidades, etc., con el contratiempo que las entidades financieras en lugar de vender dólares como en julio compraron u$s 620 millones en agosto.

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Este gran excedente de demanda de dólares fue financiado con el retiro de depósitos de u$s 3.100 millones, las ventas de divisas del BCRA en el mercado de u$s 2.100 millones y las ventas del Tesoro de u$s 1.100 millones aproximadamente.

Obviamente, la salida de depósitos en dólares vía encajes, las ventas de dólares del Tesoro y del BCRA en el mercado cambiario presionaban las reservas. Se generó una fuerte pérdida de reservas, que llevo al control de cambios y a la postergación de los pagos de la deuda corta de 2019 a 2020.

LAS MEDIDAS PATROCINADAS POR MACRI LACUNZA

(De aquí en adelante léase “reperfilamiento” como default selectivo según S&P declaró). El riesgo de caer en default total que merodeaba desde el primer semestre 2018, llegaba para estallar al mínimo error de cálculo.

Reperfilamiento de Letes en dólares y Lecaps en pesos, postergando los pagos, incrementándolos descomunalmente para el próximo gobierno y, situándolos en los primeros meses de 2020. Reperfilamiento de los títulos de hasta 10 años de vencimiento. Se iniciaría una negociación con el FMI para posponer el pago de los vencimientos de la deuda.

La escasez de reservas derivo en un control de cambios.

El gobierno buscó aumentar la oferta de dólares reduciendo el plazo del que disponían los exportadores para liquidar sus exportaciones. Conjuntamente, tramitó una disminución en la demanda de divisas, restringiendo la demanda para atesoramiento tanto de empresas como de personas humanas. Luego, reforzó los controles para limitar las operaciones de arbitraje, sin éxito. El gobierno de Macri emprendió un delicado cambio de rumbo, creyendo erróneamente que era suficiente.

El próximo gobierno heredaría una economía contrayéndose y con alta inflación, con un bajísimo stock de reservas netas; voluminosos compromisos financieros, sin crédito ni reservas; una reestructuración de deuda pendiente y nuevamente control de cambios que se reinstaló de manera espontánea.

La próxima administración heredaría una economía en caída libre, donde el PBI per cápita de 2019 sería casi 11% inferior al de 2015 (Sturzenegger).

Por la boca muere el pez: Macri no pudo bajar la inflación, que según él mismo dijo, era lo más fácil y la evidencia que un gobierno era ineficiente. Iba a terminar 2019 con muy alta inflación por la devaluación incesante desde 2018, concluiría con un bajísimo nivel de reservas netas que podían llegar a “cero”, según maniobraran.

La relación deuda a PBI era el doble de la analogía que recibió, con el agravante que el perfil de vencimientos era inapagable. Dejaban un déficit primario de alrededor de 2% PBI, con una carga de intereses extravagante, sin crédito internacional, con la necesidad de emitir una cifra extraordinaria para pagar las obligaciones del Tesoro, emisión que podía detonar las brechas cambiarias y la inflación. La opción era más default selectivo.

Los números de Macri a fines de septiembre 2019

Alberto Fernández heredaría un déficit externo 1.8% del PBI, solo por el derrumbe de las importaciones y no, por mejoras en las exportaciones. Los dólares de exportación no alcanzaban para financiar la elevada demanda de dólares para atesoramiento. La caída del PBI 2019 alcanzaría (-2.7%), con un desplome en el segundo semestre 2019 (-4.5%) anualizada, derrumbe del PBI per cápita del periodo Macrista (-11%) punición a 3 años de caída, y solo 1 de suba. El año 2019 terminaría con una inflación de (54.7%), el doble de la que estimaban del gobierno anterior, acumulado en 4 años (con solo 4 capitalizaciones anuales): 312 % de inflación, 500% de devaluación, quedaban reservas brutas por solo u$s 36.000 millones, reservas netas por u$s 3.500 millones, deudas a pagar en el cuarto trimestre 2019 por u$s 6.900 millones, vencimientos enero-mayo 2020 por u$s 23.000 millones, déficit primario 2019 (-1.8% del PBI), déficit después de intereses: (-5%), déficit cuasi fiscal BCRA (5%), Emisión (más de 20%), déficit cuenta corriente de la balanza de pagos 2019 (-1.8% del PBI)

Solo en su primer año de gestión, Mauricio Macri con Prat Gay y Sturzenegger elevaron el déficit primario al 4.2% del PBI y el “rojo” financiero trepó al 5.8%, con una caída del PBI de (-2.3%) y devaluación del 50%.

Macri terminaría su mandato con la recesión más severa desde 2002, recesión de 6 trimestres consecutivos acumulando (-7%), la mayor caída del consumo privado desde 2002, derrumbe de la inversión (-24%), sin bajar la inflación ni la emisión monetaria

LA hipoteca del tío vago (Sergio Massa)

Entre enero y mayo de 2020 vencían en servicios de intereses más capitales u$s 23.000 millones: u$s18.700 millones con el sector privado, sin recursos para pagar. Los vencimientos de la deuda en default selectivo eran de Letes en dólares más Lecaps en pesos por u$s11.000 millones. Era infame la forma con la que se había reperfilado esa deuda.

Las letras del Tesoro representaban apenas el 11% del total de la deuda con el sector privado, sin embargo, el 60% de lo que había que pagar entre enero-mayo 2020 correspondían a los vencimientos de estas letras. Sin crédito ni fondos lucia inevitable que se volviera a reestructurar la deuda corta ya defaulteada. Conjuntamente, en 2020 había vencimientos de la deuda a mediano plazo con legislación extranjera por u$s 2.300 millones.

Era obvio que no había necesidad de anunciar que se iba a reestructurar deuda. Peor aún, asimismo se avisó de modo rápido que se iba a reestructurar la deuda con legislación nacional ya que no contaba con cláusulas de acción colectiva y una eventual reestructuración podía derivar en una proliferación de juicios en contra de la Argentina.

En síntesis, el principal problema del futuro presidente era la deuda, ya que la concentración de vencimientos podía terminar cargándose a la Argentina con un nuevo default generalizado, antes de que se lograra cerrar un ofrecimiento de reestructuración.

Fernández tenía la intención de reestructurar la deuda “a la uruguaya”, sin quita, pero por lo menos debería renegociar las tasas pactadas. Lucia difícil que la Argentina pudiera reestructurar voluntaria y preventivamente sin un ajuste fiscal de magnitud. Generalmente las reestructuraciones siempre se han hecho con el apoyo del FMI. Pero el acuerdo con el FMI estaba caído, y se venía una complicada negociación con el organismo.

Argentina estaba lejos de poder hacer un gobierno nacional y popular. Y, como Macri no reestructuró en 2018 la deuda que el mismo pidió prestada, para sostenerla performing (es aquella que se encuentra en situación de pago normal), debería hacerse una restructuración con quita.

Director de Fundación Esperanza. https://fundacionesperanza.com.ar/ Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros

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