(La puja entre oficialismo y oposición en torno al polémico decreto que habilita a partidos chicos a entrar en la carrera electoral con candidatos sin ir a internas, sin formalizar mañana la junta electoral y aun sin tener afiliados, estalló en el recinto de los Diputados durante la última sesión. Damos textuales los dichos de los diputados Luis Molinari Romero (UCR) y los peronistas Alejandra Oviedo y Daniel Basile.)
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(...) Con esto el presidente de la República está modificando, a través de un decreto, el contenido de la Ley 25.611, que establece las condiciones en virtud de las cuales se podrá estar habilitado o no para competir en las elecciones de octubre. Lo está haciendo sobre la base de dejar de lado el régimen de fondo, que es el régimen de internas abiertas.
En la práctica, la gravedad también tiene que ver con que, con esta medida, el presidente Kirchner está dejando de lado la normativa que regula el funcionamiento de los partidos políticos, pues les está otorgando un derecho a quienes no existen. Es decir, es imposible imaginar que a quien no tiene la personería jurídica como partido político se le esté reconociendo eventualmente la posibilidad de competir en una elección. Con un razonamiento tan absurdo, se podría pensar que alguien podría presentarse en esa elección de octubre incluso sin haber sido reconocido como partido político.
(...) El Poder Ejecutivo desconoce una regla fundamental en cualquier sistema democrático del mundo, que dice que iniciado un proceso electoral, tal como está iniciado en la Argentina, las reglas que lo rigen y que lo regulan deben tener estabilidad y certeza. Jamás pueden ser modificadas en el transcurso de ese proceso electoral (...)
Pero lo que es más grave aún es que el Presidente ha dictado lo que alguna colega recién llamaba gráficamente un DNU «trucho», y uno lo podría calificar de esta forma porque ha avanzado sobre la legislación de fondo a través de un decreto invocando el artículo 99, incisos 1° y 2°, sabiendo el Presidente que por el inciso 3° de ese mismo artículo tiene vedado utilizar ese recurso en materia electoral.
Claramente estamos ante un formidable avasallamiento de las facultades del Congreso de la Nación en esta materia. Hubiera sido deseable que, en todo caso, el Presidente remitiera -si es que estaba dispuesto a romper la certeza de las reglas de juego- un proyecto al Congreso para ser tratado, y no utilizar el subterfugio de este decreto, que no quiero pensar que tenga que ver con las contingencias internas del Partido Justicialista, el partido del gobierno.
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