Mario Vicens, titular de la Asociación de Bancos de la Argentina, descartó de plano que la actual turbulencia financiera pueda generar otro «corralito» o finalizar en un nuevo default del Estado. «Hay que descartarlo totalmente», aseguró. En diálogo con este diario, el representante de los bancos extranjeros criticó la manipulación de los índices de inflación porque «genera más incertidumbre y puede resultar un obstáculo para tomar decisiones». Y consideró que «no es preocupante» la caída que tuvieron en agosto los depósitos en pesos, cercana a 1,5%. Consideró, además, que una de las principales tareas del nuevo gobierno es reforzar la situación fiscal.
PERIODISTA: ¿Cómo evalúa la reacción del sistema financiero en el contexto de la turbulencia internacional?
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Mario Vicens: Hubo una actitud cautelosa, con la sensación de que este episodio puede ser pasajero. La Argentina cuenta con un buen nivel de reservas, superávit fiscal y bancos que recuperan su liquidez y su nivel patrimonial. No hay elementos para considerar que aquí puede producirse una crisis.
P.: ¿Por qué cree que los bonos argentinos fueron los más castigados entre los emergentes?
M.V.: Hay que tener en cuenta que en la primera parte del año hubo subas significativas, por lo que era esperable un ajuste en los precios como el que se produjo en los últimos dos meses. No descarto que puedan existir otros factores, como la cercanía del proceso electoral que puede dar lugar a cambios de portafolio. Y tal vez la expectativa de rendimiento futuro haya bajado un poco.
P.: Uno de los efectos más claros de la crisis fue la suba de la tasa de interés. ¿Será transitoria o permanente?
M.V.: Los bancos venían absorbiendo los mayores costos de captación de fondos de los últimos tres años a través de un aumento en el otorgamiento de préstamos. Hubo un incremento en las últimas semanas, pero impactó exclusivamente en líneas de corto plazo entre bancos y empresas. No hay indicación, al menos por el momento, de que esto llegue a las líneas de plazos más largos para el público o las corporaciones. Por otra parte, existe incertidumbre inflacionaria por la pérdida de credibilidad de los indicadores. De por sí, esta situación genera mayor cautela entre los jugadores y podría reflejarse en mayores tasas de interés.
P.: ¿El costo de retocar los índices de inflación está resultandodemasiado alto para la Argentina?
M.V.: Un costo evidente es que se ha convertido en un obstáculo para la toma de decisiones económicas. Y es un problema que tendrá el gobierno en el futuro si consigue reducir la inflación real, porque muchos podrían poner en duda que efectivamente el gobierno consiguió disminuirla.
P.: Por primera vez en mucho tiempo se produjo, en agosto, caída de depósitos en pesos. ¿Es un dato preocupante?
M.V.: Hay que tener en cuenta que como el Banco Central dejó de comprar dólares el mes pasado, la consecuencia es que volcó menor cantidad de pesos en el mercado. Además, hubo cierto proceso de cambio de portafolio del sector privado, que se reflejó en un aumento de los depósitos en dólares.
P.: Con estas últimas semanas de turbulencia, no fueron pocos los que volvieron a preguntarse sobre un futuro «corralito» o una nueva devaluación. ¿Cómo lo ve?
M.V.: Está totalmente descartado que pueda producirse un escenario como el de 2001. El país tiene buen nivel de reservas, superávit fiscal y bancos mucho más líquidos. Además, en aquel momento veníamos con un claro deterioro de las cuentas públicas, el dólar estaba muy apreciado en el mundo y los precios de las materias primas por el piso, todo lo contrario a lo que ocurre ahora.
P.: Pero hoy también se nota un claro deterioro fiscal...
M.V.: Es indudable que una de las tareas del próximo gobierno deberá pasar por reforzar el superávit fiscal, que hoy estaría por debajo de 3% del PBI. Si existe decisión política, se puede conseguir.
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