El 24 de marzo se cumplen 45 años del inicio del denominado Proceso de Reorganización Nacional. Lo primero que podemos decir al respecto es que sin lugar a duda alguna, ha sido en la historia reciente de nuestro país el periodo más desgarrador y perjudicial que hemos sufrido como sociedad civil. A esta altura de los acontecimientos, ya no cabe vacilación alguna respecto que esta dictadura cívica y militar generó una reorganización en nuestro país que fue definitivamente perjudicial para la inmensa mayoría del pueblo argentino.
Las cuentas pendientes del bautizado "Proceso de Reorganización Nacional"
La dictadura cívica y militar generó una reorganización en nuestro país que fue definitivamente perjudicial para la inmensa mayoría del pueblo argentino.
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A 45 años del último golpe cívico militar en nuestro país, debemos mantener la memoria activa para no volver a cometer los mismos errores y trabajar mancomunadamente por la resolución de los problemas históricos y el fortalecimiento de la democracia como sistema de gobierno.
Se han escrito ríos de tinta sobre lo que implico esta dictadura cívica y militar en nuestro país; Por consiguiente el objetivo de dicho análisis no pretende colaborar en ese sentido, sino que estará centrado en las consecuencias sociales, económicas, políticas y culturales y psicológicas que dicho proceso causó en nuestra sociedad. Consecuencias que después de casi medio siglo aún perduran en algunos casos de manera cotidiana. Secuelas que la democracia desde su retorno en el año 1983 no ha sabido en muchos casos remediar, dejando lugar a que los sectores más reaccionarios de nuestra sociedad pongan en ocasiones en tela de juicio a la democracia como forma de vida y de gobierno y a la política como la herramienta de transformación social y construcción colectiva.
Durante el Proceso de Reorganización Nacional comenzaron a tener preponderancia problemáticas sociales, económicas, culturales y psicológicas en muchos casos inexistentes hasta ese entonces en nuestra sociedad: terrorismo de Estado, desaparecidos, violación de los derechos humanos, apropiación indebida de personas, pobreza, indigencia, deuda externa, censura cultural, inseguridad jurídica, desmembramiento del estado de bienestar y apatía política son algunas de las problemáticas que pueden mencionarse.
En el aspecto psicológico podemos mencionar: silenciamiento social, sentimiento de culpa, redefiniciones de proyectos vitales, temores a la ruptura institucional, necesidad del olvido y dilución de responsabilidades. Estas son algunas de las consecuencias que nos ha dejado esta última dictadura cívica y militar; secuelas que en muchos casos son irreparables y que en otros casos, aun llevamos a cuesta como sociedad.
Es necesario comprender que el paso del Proceso de Reorganización Nacional nos ha dejado una sociedad más desigual, más empobrecida, más injusta, menos solidaria, menos ascendente, más individualista, más culposa, más temerosa y con las secuelas propias de un genocidio. Nos dejó un país empobrecido, endeudado, menos desarrollado y mucho menos cohesionado. La vida de la mayoría de la población fue perturbada, ya sea porque fue afectada en lo social, en lo cultural, en lo laboral, en lo personal o en lo familiar. Esta dictadura fue una bisagra en la historia reciente de nuestro país. Hubo una nación que conocimos antes de 1976 y otra muy diferente que conocimos y aun padecemos luego de 1976.
Parafraseando al padre de la democracia argentina, alguien podría decir que los gobiernos democráticos desde el retorno de la democracia en 1983 no supieron, no quisieron o no pudieron solucionar todos los problemas heredados y que incluso muchos de ellos se agravaron y hoy nos encontramos con una problemática económica, social y cultural muy compleja y delicada. Esto es tristemente cierto, pero también es cierto es que la democracia argentina recibió un país completamente diferente al que existía previo al golpe. Quien puede negar acaso que pobreza, indigencia, desocupación, fuerte endeudamiento externo, declinación de la actividad industrial, concentración de la riqueza, inseguridad jurídica, altos niveles de corrupción, caída en la participación de los asalariados en el nivel de ingreso, desmembramiento del estado de bienestar son problemáticas que alcanzaron altos niveles durante el proceso y que a partir de ese momento pasaron a ser parte de nuestra cotidianeidad. Por citar solo un ejemplo: recordemos que el gobierno de Raúl Alfonsín creo el programa alimentario nacional, distribuyendo de manera mensual un millón de cajas alimentarias. Eso es un claro indicador de la situación socioeconómica que dejaba la dictadura. Nunca antes un gobierno había tenido que llevar adelante un programa asistencial tan grande en nuestro país.
En esta fecha tan especial, debemos comprender que solo mediante el arribo a los acuerdos necesarios y dentro del marco de un sistema de gobierno democrático habremos de encontrar la solución a todos los problemas que nos aquejan en la actualidad. Del trabajo mancomunado de todas y todos habremos de hallar los caminos que nos permitan ir descubriendo las soluciones a los problemas estructurales que tenemos como nación y que en muchos casos no hemos sabido solucionar. En el marco de las diferencias debemos tener la capacidad de buscar los canales de construcción necesarios que nos permitan arribar a los consensos precisos para dar las soluciones que el presente nos demanda.
Debemos entender también que escarneciendo la actividad política y los partidos políticos no encontraremos solución alguna, sino que por el contrario, habremos contribuido a que el Proceso de Reorganización Nacional siga vigente en su aspecto ideológico, cultural y político. Si lo que queremos es mejorar la política y los partidos políticos, es necesario del involucramiento por parte de las y los ciudadanos participando activamente en los mismos. Solo así habremos de regenerar la política como herramienta de transformación y en consecuencia habremos de mejorar la cosa pública en beneficio del pueblo y la nación.
A 45 años del último golpe cívico militar en nuestro país, debemos mantener la memoria activa para no volver a cometer los mismos errores y trabajar mancomunadamente por la resolución de los problemas históricos y el fortalecimiento de la democracia como sistema de gobierno. Como diría Ortega y Gasset “Argentinos a las cosas”. Ese es nuestro desafío.




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