¿Dólar libre o golpe de mercado?

Opiniones

El pensamiento ortodoxo suele negar la existencia de los golpes de mercado argumentando que la compra de divisas es algo normal. Sin embargo, en dicho razonamiento desaparecen diez elementos importantes que hay que analizar.

La Argentina tiene un largo historial de crisis económicas. Donde todas ellas tuvieron el mismo desencadenante: los problemas en el sector externo de la economía. Ello ocurrió en las seis crisis sufridas durante el Modelo Agroexportador (1866, 1873, 1885, 1890, 1913 y 1930), las cuatro ocurridas durante las crisis del Modelo Industrialista (1952, 1959, 1963, 1975) y también en las seis existentes en la era de Valorización Financiera (1981, 1989, 1995, 2001, 2008 y 2018/19).

En cada modelo económico el problema externo se expresó de distintas maneras. Durante el régimen Agroexportador los descalabros ocurrían por perturbaciones externas (caída de precios internacionales, interrupción del comercio, suba de las tasas de interés, retracción de inversiones, etc.) que afectan los motores expansivos y la actividad local. En la era industrialista los problemas estuvieron ligados a los ahogos productivos y la suba de la demanda de importaciones para el desarrollo, algo que los ciclos de Stop and Go tan bien explicaron. No obstante, desde la era neoliberal las crisis no tuvieron nada ver que con los fenómenos previos, sino con las vulnerabilidades del sector financiero: deuda externa, corridas bancarias, saltos cambiarios, dolarización de carteras y ataques especulativos. En todas ellas esto fue lo central.

De esta manera la eterna vulnerabilidad argentina debida a la falta de divisas se vio fuertemente agravada por la alta demanda de dólares en el último tiempo. Pensemos que entre 1975 y el fin del gobierno de Mauricio Macri existieron 7 crisis económicas en 45 años. Es decir, el país sufrió un colapso promedio cada seis años y medio, demostrando que la agudización de los problemas externos creció mucho.

En este mismo sentido, tener un tipo de cambio sin controles o un “dólar libre” fue uno de los principales factores que ayudaron a crear tal vulnerabilidad, especialmente por la fuga de capitales que implicaron. Y en donde en todas las crisis del neoliberalismo las batallas cambiarias fueron centrales.

Repasemos lo sucedido. Las batallas contra el modelo económico de la dictadura empezaron en febrero de 1980, dada la desconfianza creciente hacia la “tablita”. Aun cuando se realizó la devaluación de comienzos de 1981 para corregir el desbalance externo, el dólar finalmente no tuvo techo después de eso: vino el default, la guerra y la estatización de deudas, con todo, el descontrol cambiario continuó y fue un motor descomunal de la inflación: si la suba de precios fue de 104% en 1981, esta pasó a 164% un año después, para continuar hasta 343% en 1983. Desde febrero de 1980 a julio de 1983 pasaron 41 meses de ataques.

Había estallado la primera hiperinflación de los 80 y el triunfante candidato presidencial justicialista Carlos Menem negocia con Alfonsín el traspaso adelantado del poder.
Había estallado la primera hiperinflación de los 80 y el triunfante candidato presidencial justicialista Carlos Menem negocia con Alfonsín el traspaso adelantado del poder.
Había estallado la primera hiperinflación de los 80 y el triunfante candidato presidencial justicialista Carlos Menem negocia con Alfonsín el traspaso adelantado del poder.

En 1989 las corridas cambiarias y bancarias resultaron muy mal: arrasaron con todo y generaron una híper. Fueron ataques especulativos que duraron 28 meses, comenzando en diciembre de 1988 y terminando en abril de 1991. El Tequila de 1995 fue la crisis de divisas menos violenta, con apenas “seis meses” continuos de ataques: empezaron a caer los depósitos bancarios que se fueron transformando en dólares provistos por el Banco Central que perdía reservas a lo loco, desde diciembre de 1994 hasta mayo de 1995 (al costo de ver caer el 18% de las reservas y el 34% de los depósitos bancarios). Sólo la confirmación del triunfo electoral de Menem pudo frenar eso.

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En 2001 existieron tres grandes ataques especulativos donde sucedió lo mismo: en marzo, julio y noviembre las corridas cambiarias se transformaron en bancarias, las cuales sólo las pudo frenar temporalmente en diciembre el corralito. Luego de ello para calmar la situación se quiso devaluar inicialmente un 40% (llevando el dólar de un peso a $ 1,40), y sin embargo, la devaluación terminó en el orden del 300% y la paz cambiaria solo se obtuvo casi dos años después de la primera corrida (23 meses de duración).

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En la crisis del 2008, entre el conflicto con el campo y la caída de Lehman´s Brothers, implicó perder reservas al por mayor durante un lapso que duró casi un año y medio (de marzo de 2008 a septiembre de 2009), aunque no hubo explosión ni devaluación descontrolada aquí. Con todo, aún “ganando” esta batalla, el resultado final igualmente implicó altos costos económicos para el país, la economía y las reservas del Banco Central.

Macri, dólar, lagarde.jpeg

Algo muy similar a lo ocurrido con la crisis macrista de 2018-19. Allí cuando se cortó el financiamiento externo comenzaron en abril de 2018 los ataques contra las reservas del Central en las que hubo 4 corridas cambiarias que fueron haciendo saltar el valor del dólar (ver gráfico). En 2019 hubo dos corridas más que fueron indomables y que volvieron a hacer subir el tipo de cambio. Hasta que no se aplicó el “supercepo” en octubre de 2019, en esos 18 meses existieron seis corridas, pérdida frenética de reservas del Central (financiadas con el dinero del FMI) y una devaluación superior al 300% (el dólar pasó en ese lapso de casi 20 pesos a los 63). Igual hubo default, crisis y disparada de la pobreza, y la calma final llegó cuando se establecieron los controles cambiarios más estrictos (el “supercepo”) que el macrismo se negaba a instaurar porque decía que creía en la “libertad”.

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Como se ve, en cuatro de las crisis relatadas (1981, 1989, 2001 y 2018-19), más allá de las devaluaciones y los sacrificios realizados, ninguna pudo controlar el tipo de cambio. Todas desembocaron en defaults, aceleraciones inflacionarias y grandes aumentos de la pobreza. Los ataques especulativos, un fuerte rol del sector bancario –que contagió y aceleró las corridas– y el final del financiamiento externo se conjugaron de manera similar en todas ellas. Igualmente, las dos únicas crisis que “salieron bien” (1995 y 2008) y que pudieron contener las presiones devaluatorias del mercado, no obtuvieron sus triunfos de manera gratuita: igual hubo corridas, perdidas de reservas, caída económica, desmejora social y mucha incertidumbre. Es decir, un “dólar libre” implicó siempre altísimos costos para el país, en períodos en los que solo funcionó la fuga de capitales, la dolarización y concentración económica.

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Las contiendas y corridas cambiarias durante estas seis crisis demostraron tener una duración promedio de casi dos años (23,16 meses), siendo el Tequila la más corta de todas, pues duró “solo” seis meses. Aunque se debe decir que aquí solo estamos considerando a las corridas cambiarias ligadas a las crisis, pues existieron entre medio de esos años muchas otras batallas que no estamos considerando: la fuga de capitales parece no tener fin y solo esta se hace más clara cuando se multiplica, porque en verdad la fuga nunca se detiene. Es decir, durante la era de la Valorización Financiera neoliberal se corre el riesgo de modo prácticamente permanente de sufrir ataques especulativos y golpes de mercado, sin que esto tenga nada que ver con el desenvolvimiento económico o sus fundamentos.

El pensamiento ortodoxo suele negar la existencia de los golpes de mercado argumentando que la compra de divisas por parte de los agentes económicos es algo normal y esperable, pues es una forma de incrementar o proteger su capital, lo que no tendría nada de llamativo. Sin embargo, en dicho razonamiento desaparecen diez elementos importantes y que se ven facilitados por los componentes centrales de la estructura económica argentina

Los diez elementos que nos permiten hablar de goles de mercado son:

  • La altísima concentración de la cúpula empresaria del país que, además de controlar los niveles de precios, inversiones, mercados y la capacidad de ahorro (las 200 más grandes explican el 20% de las ventas del PBI), son las que puedan tener las ganancias extraordinarias y los recursos suficientes para desatar las corridas contra el peso.

  • En el mismo sentido, pero con un ángulo diferente, se observa un cuadro todavía más agudo con respecto a la provisión de divisas, ya que la concentración del comercio exterior argentino es todavía más abismal: las 200 empresas más grandes controlan el 65% de las exportaciones, lo que les permite tener una manejo de las divisas, tasas de liquidación y capacidad de incidencia fenomenal en el mercado de cambios.

  • Se vislumbra una obsesión dolarizadora por parte de las clases altas y la elite empresaria del país, lo que hace que un puñado de empresas en su voracidad por adquirir dólares puedan desatar comportamientos en manada o saltos cambiarios difíciles de amortiguar.

  • Con tal alta concentración, es posible que pudiera existir coordinación entre los grandes actores económicos.

  • Lo que hace que sus acciones no sean neutrales en términos económicos, sino que por su peso y el volumen de sus compras pueden modificar en gran medida las variables macroeconómicas, forzando la existencia de nuevas dinámicas económicas pretendidas por ellos;

  • Las corridas que derivan en golpes de mercado no refieren al accionar cotidiano de la economía, sino a los momentos de especial intensidad donde existen cambios abruptos en los comportamientos cambiarios y bancarios.

  • Los golpes de mercados muchas veces no se basan en factores objetivos sobre la economía, sino sobre el diagnóstico ideológico y la presión de unos pocos actores para volcar la situación a su favor.

  • Los golpes de mercado son un mecanismo esencialmente sociopolítico, más que “simplemente económico”, con el cual intervienen determinados grupos de poder bajo premisas muy concretas y objetivos específicos.

  • No implican un accionar de agentes atomizados sino lógicas de grupo y de poder para lograr el disciplinamiento social.

  • Responden a mecanismos de despojo y acumulación en el largo plazo, con efectos estructurales, sin ser posible de reducir al simple comportamiento microeconómico.

En conclusión, la experiencia económica reciente muestra claramente que la idea de tener un “dólar libre” sólo sirvió para crear incertidumbre, fugar divisas, presionar a los gobiernos y generar golpes de mercado, siempre desencadenando en crisis económicas. Por todo ello entonces, más que seguir alentando las herramientas que provocan el caos en el país es mejor promover otros esquemas económicos que garanticen la estabilidad, el crecimiento y la acumulación de reservas.

* Economista. Doctor en Ciencias Sociales (UBA/UNDAV/Conicet). Autor del libro Las crisis económicas argentinas. De Mitre a Macri.

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