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Primero, el de la suba de los combustibles, uno de los principales insumos de la actividad, cuyo precio aumentó fuertemente el año pasado. Casi 75% de un año a otro, lo que conforma una circunstancia muy desestabilizadora.
Segundo, el impacto directo del terrorismo internacional en el flujo de público y en los costos operativos, a partir de los atentados que ocurrieron en los Estados Unidos el 11 de setiembre de 2001, que generó una notoria baja de tráfico y el consiguiente aumento de costos por las medidas de seguridad que, desde entonces, debieron adoptarse. Para el personal esto se tradujo en despidos, menores salarios, mayores jornadas laborales y peores condiciones de trabajo.
Para los pasajeros, por su parte, esto se traduce en menosservicios a bordo, menos frecuencias de vuelos, menos comodidad, más cancelaciones, largas demoras e incomodidades de todo orden. En algunos casos, viajar está lejos de ser un placer.
Ese «doble cepo» provocó fuertes endeudamientos de las principales empresas aéreas, de niveles difíciles de soportar por períodos prolongados.
Tanto, que algunas de esas empresas debieron « refugiarse» en los procedimientos concursales, para así poder sobrevivir. Una, y más veces. Este es, por ejemplo, el caso de United, US Airways y ATA.
Todas las empresas aéreas, dadas las particulares circunstancias, debieron reexaminar fuertemente sus respectivas estructuras de costos, incluyendo, claro está, las salariales.
En ese esfuerzo, los niveles salariales tradicionales cayeron. Casi brutalmente, porque hablamos de reducciones del orden de 35% de los niveles anteriores de ingresos.
Todos sufrieron. Incluyendo los pilotos, que en los Estados Unidos tenían un excelente nivel relativo de salarios.
Hasta no hace mucho, pilotos y médicos eran los profesionales mejor retribuidos en los Estados Unidos. Pero los médicos debían trabajar 42 horas por semana, mientras que los pilotos solamente 22 horas.
Los pilotos -hasta no hace mucho- ganaban, en promedio, más que los jueces o los abogados, y que los gerentes de ventas o financieros.
Hay que tener en cuenta que tradicionalmente los empleados de las empresas aéreas norteamericanas acumulan mucha antigüedad. Porque obviamente les gusta su trabajo. Pocos se van, entonces, de esas empresas. En rigor, sólo 0,07% de los pilotos o 1,6% de los auxiliares de vuelo.
Las empresas aéreas de los Estados Unidos que se presentaron en concurso tuvieron la ventaja de poder invocar las normas que -en esa situación- permiten dejar sin efecto o modificar concesiones o modalidades laborales que alguna vez fueron convenidas. Los sindicatos, ante esta inédita circunstancia, recurrieron a las huelgas y medidas de fuerza, pero no contra los directorios o accionistas de las empresas aéreas, sino contra los jueces de los procedimientos concursales, en protesta por las decisiones judiciales que reducen sus ingresos o sus beneficios o privilegios, para permitir la supervivencia de las empresas.
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