1 de marzo 2026 - 00:00

El dilema de la góndola y el Excel: ¿Cuánto dura la paciencia social?

Un estudio nacional advierte sobre el rebrote en la percepción de inflación y la persistente fragilidad doméstica, mientras el apoyo al Gobierno se sostiene más en expectativas futuras que en mejoras concretas en el bolsillo.

La brecha entre el orden macroeconómico y la experiencia cotidiana del consumo emerge como el principal interrogante político de cara a 2027.

La brecha entre el orden macroeconómico y la experiencia cotidiana del consumo emerge como el principal interrogante político de cara a 2027.

Imagen creada con IA.

En la Argentina de inicios de 2026, la política se juega en una zona de fricción entre dos realidades paralelas: la macroeconomía de los grandes números y la microeconomía del changuito. El último estudio nacional del mes de febrero de QSocial arrojó una cifra que debería encender alarmas en los despachos oficiales: la percepción de inflación ha sufrido un recrudecimiento, escalando en apenas un mes del 58% al 65% el porcentaje de argentinos que consideran que los precios aumentaron mucho o bastante los últimos treinta días. Siete puntos que no son solo estadística, sino la confirmación de que la sensación de pérdida de poder adquisitivo ha vuelto a aparecer.

Según la misma investigación, la Argentina es un país donde 7 de cada 10 ciudadanos recortaron gastos esenciales para llegar a fin de mes. No hablamos de postergar un viaje o un consumo de lujo; hablamos de la fragilidad financiera como norma del hogar. Si bien existe un leve movimiento en los ingresos —apenas un 29% dice que le alcanza para cubrir lo básico, 4 puntos por encima del mes anterior—, la realidad es que el bienestar doméstico permanece en un estancamiento rígido.

La disociación como sostén

Una de las razones que explica la popularidad del Presidente no es el bolsillo, sino una disociación cognitiva. Existe un segmento creciente que reconoce que los indicadores generales del país están ordenándose. Ven la "pizarra" mejorar, pero advierten que ese progreso no tiene, hasta el momento, efecto derrame. El éxito macro es, para el ciudadano de a pie, un espectáculo que se mira por televisión pero que no se siente al pasar la tarjeta en la caja del supermercado.

Esta variable es el corazón de la tolerancia social hacia el programa de Javier Milei. El apoyo no es una "foto" de bienestar presente, sino un "crédito" otorgado a una expectativa futura. La gente no apoya porque vive mejor, sino porque cree que este es el rumbo para que, eventualmente, el orden llegue a su casa. Es una fe basada en el ordenamiento, no en el consumo.

Sin embargo, el ecosistema de apoyo tiene grietas claras. Mientras que el núcleo duro (Mileístas y PRO) se alimenta de expectativas altas, el segmento independiente —aquel que define elecciones y humores sociales— se muestra escéptico. El 58% de los independientes no registra mejoras en el país y solo un tercio percibe algún "brote verde" en su economía personal.

Esta expectativa social se relaciona con otro factor que los argentinos mencionan en nuestros estudios cualitativos. La base de apoyo al gobierno de Milei enfatiza la coherencia programática como un pilar de su gestión. Entre sus simpatizantes predomina la visión de un mandatario que “cumple con su palabra”, manteniendo la hoja de ruta pese a la dureza del contexto económico. Así, el proceso de reforma y ajuste es validado por la opinión pública favorable, que lo interpreta como una etapa ineludible para dejar atrás la profunda crisis previa, lo cual retroalimenta la paciencia social.

No obstante, aquí reside el verdadero riesgo de cara al 2027. La brecha entre la expectativa y la experiencia cotidiana puede tener una fecha de vencimiento. Si la mejora general no se traduce en un alivio real, la distancia entre el éxito del "modelo" y el vacío de la heladera se convertirá en un foco de erosión del consenso social.

El consumo hoy es un ejercicio de supervivencia y pragmatismo: 6 de cada 10 argentinos ya migraron a marcas más baratas y el 70% dice que tiene que financiar sus gastos corrientes. El país está en un compás de espera. Pero en política, como en la física, nada permanece en tensión para siempre. El desafío del Gobierno no es solo bajar la inflación o equilibrar las cuentas; es lograr que la "macro" deje de ser una abstracción y empiece a ser un hecho doméstico. Porque al final del día, el electorado puede perdonar el ajuste, pero no la falta de resultados en el plato de comida.

Director de opinión pública de Qsocial

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