No obstante, mientras todo esto ocurre, hay otras cosas que silenciosamente están afianzándose en otros rincones del andar europeo. Entre ellos en el de la En efecto, mientras la Unión Europea habla de la necesidad de « armonizar» (en los próximos tres años) el tratamiento impositivo de las sociedades, de manera de crear un sistema impositivo común que evite que se mantengan asimetrías tributarias que pueden distorsionar las decisiones de inversión, la realidad parece caminar por otros andariveles, en una suerte de diálogo de sordos.
Lo cierto es que ha aparecido -en el Viejo Continente-un fenómeno nuevo al que alemanes y franceses, preocupados, denominan el del «dumping
Pese a esa realidad, la Comisión de la Unión Europea todavía sostiene que no es necesario apurarse a igualar las presiones fiscales a las sociedades en todos los estados miembros. Porque ello -dice-«restringiría severamente las soberanías nacionales» y quitaría una cuota importante de flexibilidad al manejo de las políticas fiscales nacionales.
En nuestra opinión, esto inevitablemente cambiará. Tarde o temprano.
Para modificar el actual estado de cosas -en la Unión Europea-en este capítulo, el de la política fiscal, es necesario contar con la unanimidad de los estados miembros. Nada fácil, entonces.
Creemos -no obstante-que la Unión Europea terminará unificando sus patrones de presión fiscal, porque de lo contrario las asimetrías a las que hemos aludido, y las futuras, tenderán a hacerse cada vez más profundas, con los desequilibrios consiguientes, incluyendo los de naturaleza social.
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