Positiva. La referencia es a la reunión que mantuvo el ministro Guzmán con el FMI y que el organismo calificó de esa manera. Fueron más de dos horas donde la Argentina dio el primer paso formal para renegociar la manera en que va a devolverle el préstamo a Georgieva & Co. Por las dudas, hay que consignar que son u$s44.000 millones a los que se suma la tasa de interés aplicada.
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En las horas más difíciles, el país se abraza a su verdugo, al que seguramente habrá de hacer algunas concesiones. Por ejemplo, inmediatamente después del encuentro, el Fondo lanzó un comunicado en el que anticipó que en febrero llegará al país para “seguir intercambiando visiones sobre los planes macroeconómicos y la sostenibilidad de la deuda”.
En Nueva York, Guzmán intercambió esta semana algunas precisiones (el término es excesivo) sobre la propuesta que trabaja para la deuda con banqueros y titulares de fondos de inversión. Entre los gigantes financieros que hablaron con él quedan algunos elementos que se comentaron: cuatro años de gracia sin pagar deuda, una quita del 50% en los intereses que devenguen, y una tasa del 6% anual (600 puntos de riesgo-país) para comenzar a pagar nuevamente. Es la propuesta que el Gobierno transmitió a banqueros para que estos, a su vez, comuniquen a tenedores de deuda.
El ministro intuye que la única forma de prosperar en el pantanoso terreno de la reestructuración de deuda con aval de los bonistas es tener al FMI de su lado, hacerlo partícipe de la gesta, y de paso, recordarle de vez en cuando la responsabilidad que también ostentan en todo el nudo gordiano que generaron. Sirve, porque entre los inversores y afines, piensan que el FMI pugna por una quita de proporciones sustanciales para que el país aplique a los bonistas. Para ayudar en estas lides, Fernández viaja a Roma para ver al Papa. Francisco tendrá dos misiones: por un lado, ablandar corazones cautivos del giorgievismo tardío, y por otro, reforzar la unidad del peronismo en la emergencia.
El presidente Alberto Fernández también se queda una semana para reunirse con Mattarella, Sánchez, Merkel y Macron, votos valiosos dentro del FMI después de Estados Unidos (habrá encuentro de Guzmán con funcionarios del Tesoro estadounidense), China y Japón. En la comitiva estarán Solá, Yáñez, Béliz, Losardo y Oliveri.
Mientras Cavallo insiste en dolarizar la economía, y el mundo del fútbol se horroriza por la changa offshore que la FIFA le regaló al ex Macri, nadie se desentiende de la deuda bonaerense. El gobernador Kicillof viene de demorar también el pago de u$s27 millones de intereses que vencían el lunes, al tiempo que hasta ahora parece haber reunido el 50% de adhesiones (necesita el 75%). Para los brokers y analistas del mercado, faltan incentivos, pero también hay que tomar en cuenta que los bonos provinciales tienen cláusulas de “cross default”, esto implica que si no se paga uno de los títulos, los acreedores pueden pedir que se “acelere” el pago de los otros. Podría pensarse que el Gobierno parece dispuesto a madurar el default bonaerense, pero los esfuerzos internacionales para generar consenso parecen desmentir en tiempo real esa arriesgada jugada.
La media sanción en Diputados para el proyecto de Guzmán sobre la deuda aporta algo de volumen político, pero los desubicados de siempre levantan la mano para pedirle al Gobierno un plan, ignorantes de la situación real que enfrenta el país en materia financiera. Cualquier plan que se ponga en marcha muere con el default en la puerta. Y además, para el plan hacen falta recursos que ahora escasean. La novedad es la suba del dólar. Algunos señalan que existe un efecto de la postergación de la deuda bonaerense y otros que eso se debe al bono dual que vence dentro de quince días cuya paternidad es del ex Dujovne, ahora devenido turista full time. En 2018, con este instrumento que Luis Caputo había pergeñado cuando todavía era ministro de Finanzas, Dujovne consiguió en el mercado u$s1.638 millones que se iban a pagar en pesos a una tasa de 32,15% anual o la variación de la cotización del dólar mayorista más un margen de tasa de interés, lo que fuera más alto. Esto arroja la friolera de $100.000 millones que hay que pagar el 13 de febrero y que, dicen algunos, podría alimentar al billete blue, que cotiza en la zona de los $79. Como para tener en cuenta.




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