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29 de enero 2008 - 00:00

"Hay enamoramiento ideológico ahora como en los 90"

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Para Navajas el gobierno insiste con un modelo económico «que ya está agotado». Dice que el país está ingresando en «aguas turbulentas».
«Estamos entrando en un ilusionismo y enamoramiento ideológico, como a mediados de los 90.» Así se expresó el director de FIEL, Fernando Navajas, al evaluar los principales desafíos que tendrá que encarar de aquí en adelante Cristina de Kirchner en materia económica.

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El economista, egresado de la Universidad Nacional de La Plata en 1978, confesó que «siente una especie de 'déjà vu' con la segunda mitad de los 90, pero con una situación internacional cualitativamente distinta», lo que hace que el panorama resulte aún más preocupante que entonces.

Para Navajas, doctorado en Economía en Oxford, el gobierno está «obstinado en un modelo que ya está agotado», en referencia a las políticas que promueven la demanda que fueron posibles gracias a un impulso externo inimaginable. «Pero han llegado a su fin», principalmente porque «la Argentina no es inmune a la crisis financiera internacional».

Periodista: ¿Cree que los principales desafíos en materia económica para Cristina de Kirchner están relacionados con las falencias de su marido?

Fernando Navajas: Estoy muy preocupado por el futuro del país porque creo que estamos entrando en un escenario internacional cualitativamente distinto y mucho más desfavorable. Justo cuando deberíamos estar examinando críticamente la estrategia económica para enfrentar lo que tal vez sea una crisis de escala mundial, estamos cayendo otra vez -como a mediados de los 90- en un ilusionismo y enamoramiento ideológico y obstinado en un modelo que ya está agotado. Se siente una especie de «déjà vu» con la segunda mitad de los 90 y una situación internacional cualitativamente distinta.

Frente a este panorama preocupante, la oposición ha quedado algo desarticulada y en el liderazgo activo de la sociedad no hay nadie con suficiente autoridad que provea la mirada económica global-local que el país necesita. Tampoco las universidades, que son los lugares naturales desde donde los académicos pueden hablar críticamente y en voz alta al poder político y a la sociedad, son escuchadas como deberían serlo.

P.: ¿Qué opina sobre la continuidad del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, en su cargo?

F.N.: No creo que las personas y sus estilos sean tan importantes como las políticas que ejecutan. Guillermo Moreno es un buen actor de reparto de una política de precios equivocada y de un modelo agotado. Creo que un funcionario público, cualquiera sea su nivel o jerarquía, tiene que estar bien formado y ser muy educado. Pero lo que tenemos que discutir en la Argentina son las políticas, no la cara, la forma de vestir o el carácter de las personas que las ejecutan.

P.: En cuanto a las nuevas políticas, ¿cree que podrá transparentar el INDEC con este nuevo IPC que tratan de sacar?

F.N.: En lo institucionaleconómico hoy estamos en el punto más bajo desde el retorno a la democracia hace casi un cuarto de siglo. Cualquier cosa va a ser mejor que lo que vimos en 2007, si bien la imagen que transmite el gobierno es que todavía puede esforzarse para hacerlo peor. Pero creo que la pregunta relevante es si nos imaginamos a este gobierno aceptando una medición independiente en el umbral de la alta inflación. Lo veo difícil. En realidad, se requiere un cambio de orientación mucho más drástico y creíble.

P.: ¿Cómo habría que encararlo?

F.N.: Los datos de los últimos meses de 2007 confirman que toda la región ha venido sufriendo un impulso inflacionario motorizado por el precio de los alimentos y por lo tanto, si Chile -que es un ejemplo paradigmático de control ortodoxo de la inflación- va camino a tocar 9% anual, entonces la Argentina no podría, aun con las mejores políticas, estar hoy en una inflación de un dígito. Si a eso le agregamos que precisamente no tenemos las mejores políticas, no es difícil imaginarse por qué estamos más cerca de 25% que de un dígito. Este número puede diluirse con el argumento comparativo de la región, pero se complica si uno le agrega una agenda de formación de salarios y precios que luce aceleracionista. Lo que el gobierno debería hacer es bajarse del pedestal y hablarles a los agentes económicos de que estamos entrando en aguas turbulentas si seguimos creciendo a velocidades que no van a estar validadas por los datos locales ni globales. Bajar la velocidad de expansión del gasto público es una condición necesaria, si bien no suficiente si validamos cualquier aumento salarial y hacemos una política financiera ideologizada o para un crecimiento de la demanda de dinero que no va a existir.

P.: En cuanto al déficit energético, ¿el gobierno está en condiciones de evitar un colapso?

F.N.: A esta altura de las circunstancias yo invertiría la pregunta y más bien me cuestionaría si el colapso está en condiciones de evitar al gobierno. Esto es así porque desde marzo de 2004, cuando el «crunch» energético se presentó en sociedad, el gobierno ha hecho cosas que apagan fuegos en el corto plazo, y en algunos casos han sido efectivos, pero que agravan la situación a mediano plazo. Los problemas energéticos tienen una parsimonia especial que hace que una vez que entran en el «radar» son muy difíciles de evitar.

P.: ¿Cuáles serían?

F.N.:
A mi juicio, los dos problemas más graves que tiene la Argentina son la falta de gas natural en una economía que se hizo «adicta» a ese energético y la falta de capacidad de generación eléctrica, después de una «siesta» de cinco años sin inversiones en la que nos consumimos el exceso de capacidad elevado que existía. Estos dos problemas tienen una dimensión temporal distinta, pero ambos van a implicar una « travesía por el desierto» que en el caso de la generación eléctrica va a durar dos años más y en el caso del gas natural va a durar hasta que podamos sustituir capital por energía, es decir, sacar el gas natural de la matriz energética con modos de producción de energía renovable como la hidro, nuclear, etc. Mientras tanto, el gobierno tiene que hacer -como en la macro, donde se niega- un manejo de la demanda a través de esquemas de eficiencia energética y de un sinceramiento paulatino de los precios de la energía, incluyendo señales a los productores locales de gas natural.

P.: Ante el panorama actual ¿existen chances de seguir creciendo fuertemente?

F.N.: Mi impresión es que las políticas aceleracionistas de la demanda que se siguieron hasta ahora y que fueron posibles gracias a un impulso externo nunca antes imaginado han llegado a su fin. Primero porque el mundo va camino a una desaceleración grande que va a impactar en los commodities y segundo porque el incremento de capital que se requiere para sostener un crecimiento alto con la energía jugando en contra es mucho más que lo que la tasa de ahorro interno ( acechada por un boom de consumo) va a permitir sostener y porque el ahorro externo no va a estar disponible para una Argentina que está más cerca de Hugo Chávez y el anti-Davos que de los mercados. El lado positivo de esta expansión en 2007 fue que las inversiones no se frenaron y la composición entre maquinaria y construcciones se sesgó hacia la primera, lo cual es sano. Además, veo una gran capacidad empresarial en la Argentina, que dejada a producir e innovar está en condiciones de hacer cosas muy buenas. Pero para que esto se produzca hay que trabajar fuerte, mirar el mapamundi, y darse cuenta de que para lograr una economía de alto rendimiento -como en el deporte- no queda otra que competir e innovar aceptando al mundo como es, sin los prejuicios ideológicos que hoy van camino a cristalizar los peores defectos de este modelo.

P.: ¿El impacto de las continuas debacles financieras podría interrumpir o cambiar el rumbo en las políticas el gobierno?

F.N.: Las visiones actuales de la crisis financiera mundial todavía están en estado fluido, con desacuerdos en términos no tanto de los orígenes, sino de los mecanismos de transmisión hacia una recesión más global, el rol de la política monetaria y el grado de propagación a los commodities, que es lo que en definitiva importa para el caso argentino. Pero tengo mis diferencias con las visiones que dicen que no tenemos que hacernos problema porque estamos «desconectados» de los mercados financieros internacionales y con las que sostienen que los mercados de commodities van a salir indemnes aun si esto se profundiza.

Con respecto a esta última posición, hay un error común al ver a los mercados de commodities como el resultado de la demanda y oferta directa, y olvidarse de las operaciones de naturaleza financiera que determinan los precios en esos mercados, como en cualquier otro activo. Si hay una recesión mundial se van a deshacer las posiciones creadas con la esperanza de un ciclo largo de commodities y estos mercados pueden derrumbarse. Con respecto a la visión de que no pasa nada porque estamos desconectados financieramente, la entiendo para la entrada, pero no para la salida de capitales, si la cuestión se complica internamente. Además, hay algo raro en el argumento desde el punto de vista de política macroeconómica contracíclica.

Es como decir que si uno va en un automóvil sin frenos, no tiene problemas de que alguien accione el freno de mano.

Pero el problema macroeconómico está en que si no hay frenos, no hay servo-mecanismos y la política macro es procíclica a más no poder. Ese es mi problema con la política argentina desde 2005 en particular.

Entrevista de Laura Costa

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