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1 de septiembre 2005 - 00:00

Inversión, clima e instituciones

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Esto es importante destacarlo pues los volúmenes de inversión que se requieren para resolver los problemas mencionados y, además, generar mayores y mejores oportunidades para todos los ciudadanos, son de magnitudes sumamente considerables y, además, muy superiores a la capacidad de formación de ahorro interno. Ello implica que la participación del sector privado, nacional y extranjero, en la generación de inversiones será absolutamente decisiva en los próximos lustros.



a) Reconocer que en el actual mundo globalizado, los capitales han adquirido una movilidad sin precedentes en la historia económica mundial y, por ello, actuar en consecuencia.

Es cierto que el capitalismo, por su naturaleza, siempre ha sido globalizador. Pero con el desarrollo alcanzado por la informática y las comunicaciones, esta característica se ha hiperacentuado y resulta insensato desconocerla. Más bien hay que aprovecharla, dentro de límites prudentes que establezca nuestra capacidad de autonomía, como hacen hoy China, la India, Chile, Brasil.

b) Fortalecer las instituciones democráticas y republicanas. Además de su indiscutible valor intrínseco, su solidez contribuye a la previsibilidad. Y a mayor previsibilidad mayor inversión.

c) Generar un clima de negocios. O sea, crear un ambiente favorable para que el sector privado se sienta estimulado a tomar riesgos asociados a invertir en una economía de mercado.

¿Cómo concebir un clima estimulante de negocios?

Primero, sostener una macroeconomía sana. Esto significa, esencialmente, equilibrio fiscal consistente y política monetaria que primordialmente preserve el valor de la moneda e incentive la formación de ahorro, en un marco de fortalecimiento de la capacidad competitiva del país. La existencia de un sistema financiero sólido es esencial para apuntalar, principalmente, la fortaleza de la moneda y la expansión del crédito.

Segundo, desarrollar y mantener un discurso estimulante y persuasivo para el empresario inversor, en tanto agente estratégico de las más voluminosas decisiones de inversión para producir bienes y servicios. Al final del día son ellos los que darán las mayores dosis de empleo productivo a la población. Tercero, acentuar los esfuerzos políticos y culturales para consolidar y expandir los espacios geográficos de integración regional, concebidos -en una visión de largo plazo- como proyectos de ampliación de mercados y generación de escalas para atraer inversiones.

Cuarto, fortalecer el mercado de capitales, que -como lo demuestran las experiencias internacionales- juega un rol trascendente en la dinamización de la inversión, expandiendo y democratizando la base de la propiedad y abaratando los costos del capital. Las políticas públicas que contribuyan al mejoramiento y la transparencia de estos mercados y faciliten el acceso a oferentes y demandantes de capitales se constituirán siempre en un fuerte estímulo a la posibilidad de concretar inversiones.

Quinto, expandir la infraestructura -en especial en los campos del transporte, la energía y las comunicaciones- para abaratar los costos de transacción asociados a ella.

En sexto lugar, crear, recrear o potenciar, siguiendo ejemplos exitosos de varios lugares del mundo, un conjunto de instituciones públicas que estimulen la inversión privada. La experiencia mundial indica que estas instituciones, fundamentales para el desarrollo de políticas públicas promotoras de la inversión, son:

• Un banco de desarrollo o de fomento a la inversión, que permita un fuerte apalancamiento del capital propio y contribuya al aumento de la competitividad ampliando y abaratando el recurso financiero. Ejemplos apropiados son el BEI (Europa), el BNDS (Brasil). Nuestro BICE, lamentablemente, sólo tiene una incidencia marginal en las decisiones de inversión domésticas.

• Una agencia de « securitización» de hipotecas para potenciar la inversión en el negocio inmobiliario y la industria de la construcción. Ejemplos: Federal Home Loan, Fannie Mae en EE.UU., Hong Kong Mortgage Corp. en China. La Argentina carece de algo similar.

• Una compañía de seguro de crédito a la exportación: amplía el horizonte del comercio internacional asegurando riesgos políticos de la cobranza. Ejemplos mundiales son: SACE (Italia), CESE (España), Hermes (Alemania), Eximbank (USA), Bancamext (Méjico), SBCE y SECREB (Brasil). La Argentina tiene una pequeña entidad privadasin peso en el comercio.

• Una agencia o red de agencias de garantías y apoyo técnico a las pymes para facilitar su acceso al crédito y ayudar a la mejora gestión. La SBA en los EE.UU., el SEBRAE en Brasil, las Sociedades de Garantía de España son casos destacables en este campo. Las sociedades de garantías recíprocas locales son apenas marginales y, básicamente, un negocio de desgravación impositiva más que agentes de estímulo al financiamiento de la inversión del sector pyme. Algunas experiencias fallidas que tuvo nuestro país podrían llevar a argumentar que estas instituciones pueden convertirse en centros de despilfarro o favoritismos políticos. Sin embargo, esos antecedentes no deberían hacernos renunciar a la convicción de que construir instituciones económicas de este tipo, que funcionan en otras latitudes exitosamente, es posible y recomendable.

La Argentina enfrenta una nueva oportunidad. Ha recompuesto, en buena medida, su macroeconomía y recuperado competitividad. Las condiciones económicas internacionales le son altamente favorables.

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