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7 de enero 2008 - 00:00

Inversores siguen prefiriendo a Brasil

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Lo que sucede con la evolución de los precios de los papeles que cotizan en las Bolsas de Valores es un índice importante, aunque a veces ignorado, que exterioriza cómo lucen los «climas de inversión» a los ojos de los miles de inversores más dinámicos, esto es de aquellos que entran y salen habitualmente de los mercados bursátiles.

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De acuerdo con lo informado por Antonio Regalado, desde las columnas de «The Wall Street Journal», 2007 fue un año atractivo para los inversores en América latina. Ocurre que las cifras muestran que, por quinta vez consecutiva, pudieron obtener retornos de dos dígitos en varios de los mercados regionales. En promedio, el índice regional que publica Morgan Stanley (MSCI Latin America) creció 47%. Esto, para los inversores, es espectacular. Particularmente, cuando se suma al retorno de 39% que fuera obtenido en 2006.

Es cierto que el contexto internacional -con precios internacionales altamente favorables para las materias primas que produce la región- proveyó un permanente viento a favor con el cual todos los países, sin excepción, pudieron crecer fuertemente. Hasta la convulsionada Bolivia. Viento que, como ha ocurrido en el caso argentino, permitió disimular algunos gruesos errores de política económica cometidos frente al altar del populismo que hemos mantenido vigente en lo que va de esta década. Las exportaciones de los sectores energético, minero y agrícola-ganadero fueron las responsables, en lo sustancial, de la bonanza económica regional generalizada.

El Perú de Alan García -por sus exportaciones mineras y su reciente concreción del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos- se ha convertido súbitamente en una estrella que brilla con luz propia. Pero Brasil resultó el preferido de los inversores, por lo que se ha llevado, claramente, los laureles.

El índice Bovespa arrojó un fabuloso 72% de retorno medido en dólares. Pese a que, a lo largo del año, se acumularon tres momentos de volatilidad y de caídas de precios resultantes de factores exógenos que ya comenzaban a sugerir que los niveles de la actividad económica internacional podían resentirse, como ya parece evidente. Esto, de profundizarse, podría afectar el nivel del gasto de consumo, que parece haberse transformado en la fuerza impulsora del crecimiento regional. De no ocurrir, la región podría, en cambio, seguir creciendo, aunque con algo menos de ritmo.

  • Año excepcional

    Brasil tuvo un año excepcional no sólo en materia de precios, sino también en lo que hace a IPO, o sea, a las primeras (las iniciales) ofertas públicas (que fueron 64) y en lo que tiene que ver con la atracción masiva de inversores extranjeros dispuestos a apostar a la economía local. Como consecuencia, hoy el Banco Itaú tiene un valor de mercado, nos dice Regalado, que es similar al del Deutsche Bank, lo que es notable.

    En el otro extremo del espectro aparece, como también cabía esperar, la fea Venezuela «bolivariana» (en rigor, «chavista») que mostró como consecuencia del permanente capricho económico; de su alta tasa de inflación; de la escasez de productos de primera necesidad; y de la reducción sustancial de sus niveles tradicionales de producción de hidrocarburos, que de unos 3,5 millones de barriles diarios se redujo a apenas unos 2,4 millones, una caída muy significativa de los precios de sus papeles bursátiles. De un sugerente 27%, que refleja la desconfianza generalizada de los inversores acerca del experimento socio-económico caribeño, que -con disfraces que ya no engañan a nadie- pretende llevar al país (que se resiste conmovedoramente) al marco -en todas partes fracasado- del socialismomarxista.

    La Argentina, como era previsible, para los inversores bursátiles resultó algo así como «ni chicha, ni limonada». Poco atractiva. Una suerte de opción que está siempre detrás de todas las otras. Esto parece consecuencia de varias cosas. Primero, de que pese a crecer a 8% anual, lo cierto es que la Argentina aún no puede considerarse como un país normal atento a que no puede acceder al mercado financiero internacional como consecuencia de la torpe renegociación de su deuda externa.


  • Segundo, de la natural desconfianza que genera en los inversores lo que luce como una manipulación evidente -y descarada- de los índices económicos oficiales. Tercero, del extendido control de precios con el que se transfieren ingresos -sin transparencia- de un sector a otro, en función de prioridades políticas. Del populismo, entonces.

    Canadá tuvo también un gran año, puesto que generó un saludable 26% de retorno a los inversores bursátiles. México y Chile, por su parte, se comportaron como dos «mercados maduros» en los que es difícil ganar o perder mucho, razón por la cual no atraen demasiado a aquellos inversores que llegan a la región en procura de mejorar marginalmente el ingreso total de sus portafolios globales, con rincones de ingresos que sean particularmente atractivos.

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