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La matriz energética argentina está concentrada principalmente en hidrocarburos. Gas natural y petróleo constituyen 86% de los recursos energéticos primarios (datos de 2003). Le siguen en importancia hidroelectricidad (5%), nuclear (3%) y otras (6%).
El consumo de gas es 48,4% del consumo primario, a pesar de no poseer un horizonte de producción como el de otros países como Arabia, Venezuela, Noruega o Australia. El consumo de petróleo es 37,6%. Son las dos principales fuentes.
La amenaza más evidente es que el costo de oportunidad para los refinadores locales pasará a ser el precio internacional, unos u$s 64 el barril vs. los u$s 32 del mercado local. El gobierno puede optar por subsidiar las importaciones, como actualmente lo hace con los generadores eléctricos que importan fueloil. Esta última alternativa deberá ser financiada por rentas generales, ya que de las arcas públicas desaparecerá un significativo recurso, las retenciones a las exportaciones petroleras, hoy en 45%.
El año 2005 será el séptimo consecutivo de una evolución adversa en la producción de petróleo (-4,1% en seis meses), al tiempo que asistimos a unos valores récord de precios internacionales. Junto con la caída en la producción se reduce el horizonte de reservas comprobadas, las cuales se estiman, según modelos donde interactúan la geología con las variables económicas, entre otras la del valor del recurso «almacenado» bajo tierra en función de precios y costos futuros. De allí que el concepto de reserva es eminentemente económico.
Llama a atención el senderodeclinante de los recursos por desarrollar, al nivel de precios actuales. Por ello el primer interrogante que se plantea es cuáles habrán sido los precios que ha proyectado la Secretaría de Energía para el cálculo de reservas del año 2004, que se ha contraído 7,2% respecto del dato del año 2003. Ante un escenario de precios menores, las reservas van a declinar por la propia lógica del cálculo.
La declinación del horizonte de producción va contra la lógica económica que tiende a mantener esta variable relativamente constante, ya que ante precios bajos la producción enfrenta menores incentivos y las reservas se contraen por definición. Con precios altos, las reservas aumentan automáticamente, pero también se espera una mayor extracción.
Actualmente, las reservas deberían estar aumentando, tanto por los mayores precios como por la desaceleración de la producción. Todo esto nos lleva a conjeturar que lo que nos queda bajo tierra en la Argentina debe ser menos de lo que creemos. De allí que el escenario futuro se va estrechando y las previsiones de importación nos acercan tan rápidamente a ese límite.
El premio consuelo es que en 2007 los precios del crudo van a ser inferiores a los actuales. Así lo muestran la curva de precios futuros del crudo y la lógica del ciclo económico, que se parece mucho al refrán que también se escuchó en Macondo: «Siempre que llovió paró».
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