15 de mayo 2008 - 00:00

"La crisis está llegando a la Eurozona"

El experto en mercados internacionales que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko, el banquero de la película «Wall Street», sugiere que terminó la crisis del dólar. Pero a la vez advierte que el conflicto que golpeó a Estados Unidos ahora cruza el Atlántico. «El examen a fondo sobre la Eurozona y el Banco Central Europeo recién comienza. Las crisis inmobiliarias locales diseminadas por toda Europa están despuntando.»

La crisis está llegando a la Eurozona
PERIODISTA:¿Es una tregua? ¿O el final de la crisis del dólar?

Gordon Gekko: Pienso que ya cayó el telón.

P.: No hizo falta que los bancos centrales se embarcaran en una intervención masiva. El dólar resurgió de sus propias cenizas...

G.G.: Hubo intervención verbal. Conjunta. El mensaje que emanó de la última reunión del Grupo de los 7 fue el punto de inflexión.

P.: Recuerdo que lo comentamos. Fue la primera muestra de escozor del G-7 ante la debilidad del dólar desde 1995.

G.G.: Envuelta en una referencia oblicua a la inquietud que causaban las «fluctuaciones pronunciadas» de las divisas. Lo que sí se decía con claridad era que podían afectar la estabilidad económica y financiera.

P.: Tardó en comprenderse. Los máximos del euro frente al dólar, de hecho, fueron posteriores a la reunión. No surtió efecto de inmediato.

G.G.: Hubo que machacar para que se entendiera. Christian Lagarde, la ministra francesa de Finanzas, ni bien terminado el cónclave, manifestó que el texto podía servir para detener el deslizamiento del dólar. Ese era el objetivo.

P.: Y funcionó. Por lo menos hasta el momento.

G.G.: Correcto.

P.: Muy a pesar de los dichos de los personeros del Banco Central Europeo. Los consejeros Axel Weber (Alemania) y Klaus Liebscher (Austria) salieron con los tapones de punta.

G.G.: Jean Claude Trichet, quien es el titular del BCE, firmó la declaración. No se olvide.

P.: ¿No es una contradicción?

G.G.: Son dos mensajes independientes. Uno, que el G-7 (pero léase Europa) no veía con agrado una prolongación de la caída del dólar frente a su moneda. Con la firma de los ministros de Finanzas y presidentes de los bancos centrales del G-7. Y otro, a nivel del propio BCE, recordando que la política monetaria no persigue un objetivo cambiario.

P.: O sea que el BCE no iba a recortar sus tasas de interés para frenar la apreciación del euro.

G.G.: Tal cual.

P.: Era apostar a que el derrumbe del dólar se revirtiese con palabras.

G.G.: Se logró.

P.: Es una dosis mayúscula de vudú. No de política económica.

G.G.: Si el consenso estima que, en su derrape, el valor del dólar exageró a la baja («overshooting»), las palabras del G-7 sólo aportan la necesaria cuota de coordinación. Como un semáforo que cambia de luces y permite cruzar de vereda, a los que ya abrigan esa intención, sin el riesgo de ser atropellados.

P.: ¿Hasta qué punto la caída del dólar frente al euro fue más allá de lo que puede reputarse como razonable?

G.G.: Si la fragilidad del dólar dependía del aumento incesante de los déficits de la cuenta corriente, esa tendencia se quebró hace tiempo. Si lo que manda es el diferencial de tasas de crecimiento entre EE.UU. y la Eurozona (o la brecha de tasas de interés) la dinámica reciente apunta a una mejoría relativa de los EE.UU. La crisis golpeó primero a los EE.UU. y ahora cruza el Atlántico. La Fed debió extremarse en una respuesta rápida. Pero ya no se esperan nuevos recortes de tasas de interés. El examen a fondo sobre la Eurozona y el BCE, en cambio, recién comienza. Las crisis inmobiliarias locales -diseminadas por toda Europa con la excepciónde Alemania- están despuntando. Llevan un desfase de, más o menos, un año con respecto a los EE.UU.

P.: La negligencia de Washington sobre la suerte de su moneda fue siempre proverbial. ¿Aceptará la realidad de un dólar, no digamos robusto, pero en plan de fortalecimiento?

G.G.: Henry Paulson, el secretario del Tesoro, la semana pasada, se congratuló por la recuperación. Después de todo, la política del dólar fuerte sigue siendo el mantra oficial. No se abandonó ni siquiera cuando la moneda se hizo trizas. Días atrás, Trichet señaló que había que tomar en serio lo que tantas veces sostuvieron el presidente de los EE.UU., el secretario del Tesoro y el titular de la Fed.

P.: Por fin.

G.G.:
Señal de que los problemas prioritarios -estabilizar la situación financiera y el nivel de actividad- están mejor controlados.

P.: Un dólar en alza supone condiciones monetarias que se tornan más restrictivas.

G.G.: Es un primer paso. Moderado. Si lo escuchó a Bernanke se dará cuenta de que la Fed no promueve un giro abrupto. Todavía el entorno es frágil.

P.: Bernanke muestra menos prisa por torcer el rumbo que los disidentes de la Fed, Fisher y Plosser.

G.G.: Las voces de Hoenig y Lacker -quienes no cuentan con voto en el comité de Mercado Abierto- también militan en el ala dura. Pero son minoría. Cuando dejen de serlo, quedará más claro que el dólar clausuró definitivamente el tobogán bajista que comenzara en 2002.

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