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3 de enero 2008 - 00:00

"La economía norteamericana irradia debilidad"

El periodista dialoga con el experto en mercados internacionales personificado como Gordon Gekko, de la película «Wall Street», quien analiza que la economía norteamericana «irradia debilidad», aunque todavía no hay evidencia alguna de recesión en puerta. Además, el especialista destaca que los inversores «no compran el escenario de recesión» -aunque son conscientes del riesgo-, y la prueba está en que los precios de varios alimentos, metales y el petróleo están en alza.

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PERIODISTA: Un indicador económico revela una contracción inesperada de la industria. Sugiere una recesión en puerta en EE.UU., pero el petróleo -junto con una variedad amplia de otras materias primas-, lejos de ser crucificado por los inversores, es impulsado a nuevas alturas. ¿No se suponía que fuera así?

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Gordon Gekko: Es la teoría del «desacoplamiento». Es una lección de teoría y práctica.

P.: La amenaza de la globalización -el sino del rebaño, de un mundo uniforme- no se cumplió. EE.UU. puede precipitarse en una recesión pero el resto del mundo goza de buena salud...

G.G.: Estamos en las antípodas de 1998. Cuando Alan Greenspan dijo de EE.UU. -y con razón- que era un oasis de prosperidad. La globalización no fue obstáculo, ya entonces, para que rigiera una gran disparidad.

P.: Hoy EE.UU. es el foco que irradia debilidad.

G.G.: Es así. Pero no hay evidencia de que haya caído en recesión. El último trimestre, después de todo, la actividad se expandió 4,9%.

P.: No parece un ritmo sostenible...

G.G.: No, pero en el semestre pasado la velocidad promedio fue 4,3%. Es verdad que ese número, a mi gusto, sobrestima la verdadera fortaleza de la economía. Pero sugiere una razón de por qué las materias primas mantienen firmeza. Otra cosa sería si EE.UU. se hubiese zambullido en una recesión plena.

P.: ¿La tesis del desacoplamiento no ha sido corroborada?

G.G.: En una versión débil, sí. El aterrizaje suave norteamericano no fue óbice para que la expansión global se conservara intacta. Pero otro cantar sería lidiar con una contracción en Estados Unidos. Afrontar una merma lisa y llana de su demanda.

P.: ¿Los inversores que impulsan los precios de las materias primas -el petróleo ayer tocó los u$s 100- están jugando con fuego?

G.G.: Mire los precios de los materiales básicos relacionados con la construcción -cobre, níquel, aluminio- y verá que la recesión inmobiliaria no los ha dejadoindemnes. La bonanza, con astucia, les soltó la mano. Sigue aferrada, empero, al petróleo, los alimentos y los metales preciosos. P.: Los especuladores saben lo que hacen...

G.G.: No comen vidrio. Mi impresión es que tampoco compran el escenario de recesión. Pero son conscientes del riesgo que sobrevuela los EE.UU. y, sobre todo, de la presión que ello ejerce sobre la Fed. El cálculo es bastante racional. La Fed -los bancos centrales, en general- deberá combatir con pie firme para mantener el sistema financiero y las economías a flote. Tendrán, por fuerza, que descuidar otros frentes.

P.: Se verán obligados a relajar su celo antiinflacionario.

G.G.: Hasta setiembre, haga memoria, el riesgo de una mayor inflación figuró al tope de la agenda de la Fed. Luego sería desalojado. No porque el problema estuviera resuelto, sino porque se agravaron otros que requerían prioridad.

P.: El lobo no está. Se puede salir a jugar. Mucho más, si en el camino del estímulo monetario, el dólar se desbarranca... G.G.: Eso es. Paradójicamente, la estrategia es óptimasi la Fed (o los bancos centrales) enfrenta sus desafíos con éxito. Una contracción crediticia a gran escala o una recesión profunda serían nefastas para prácticamente todo el espectro de commodities que hoy están en boga.

P.: ¿Habría excepciones?

G.G.:
La oferta de energía está cartelizada. La OPEP siempre tiene a mano el recurso de cortar la producción y defender mejor los precios.

P.: ¿Hasta dónde el petróleo puede empinar su cotización sin forzar un cambio de prioridades en la política monetaria? Nadie hubiese imaginado que con un barril en u$s 100, la expectativa para la próxima reunión de la Fed consistiría en una baja de tasas de interés.

G.G.: Revise el voto en disidencia de Eric Rosengren, el titular de la Fed de Boston, en el último cónclave. El quería un recorte de medio punto (y no de un cuarto, como se aplicó). Allí, en su breve exposición de motivos, el límite se define nítido. Está dado por el comportamiento estable de las expectativas de inflación. La Fed toleró una suba de la inflación, pero no lo hará con una suba similar -ni mucho menos- de las expectativas de inflación.

P.: No debería sobrar mucho paño para traspasar esa frontera.

G.G.: ¿Quién se hubiera imaginado que con el barril en 100 dólares el mundo iba a poder seguir creciendo rozagante? ¿O que la inflación se mantendría en los niveles actuales que, después de todo, siguen siendo bajos? No hay dudas que pisamos tierra de incógnita hace tiempo.

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