11 de julio 2007 - 00:00

"La Fed no seguirá los pasos de su par canadiense que subió la tasa a 4,5%"

(El experto en mercados mundiales personificado como Gordon Gekko de la película «Wall Street» -ya se prepara la segunda parte con Michael Douglas pero sin su director Oliver Stone- opina que la Fed no seguirá los pasos de su par canadiense que subió la tasa a 4,5% -0,25%-. Respecto de los balances que comienzan a ingresar a la Bolsa, Gekko considera delicado el impacto de la revisión de calificaciones -por ejemplo, de S&P- que tienen los activos hipotecarios de alto riesgo. Este fue el diálogo que mantuvo con un periodista del diario.)

La Fed no seguirá los pasos de su par canadiense que subió la tasa a 4,5%
Periodista: Bernanke se explayó sobre la inflación ante un auditorio académico, en el Summer Institute. Y, por lo que sé, se mantuvo a tono. Una exposición teórica con nulas referencias a los avatares de la coyuntura inmediata.

Gordon Gekko: Tendrá la oportunidad de expandirse sobre esos aspectos, la semana próxima, cuando visite el Congreso. Deberá enfrentar, en días consecutivos, a los legisladores de ambas Cámaras. Ellos sí lo van a exprimir a fondo...

P.: ¿Me perdí algún matiz sustancial? ¿Hizo algún aporte novedoso?

G.G.: Diría que ratificó conceptos conocidos. Fue una presentación sólida sobre la interacción entre política monetaria, inflación y las expectativas de inflación del público. No tenía aspiraciones, por cierto, de resultar novedosa. Defendió, una vez más, el uso de la inflación núcleo en entornos donde rige un buen anclaje de las expectativas...

P.: No fue sorpresa pero sí una novedad que el Banco de Canadá retomara la suba de tasas de interés después de un paréntesis que duró más de un año. El retoque de un cuarto de punto las deja en 4,50%. ¿Culmina aquí o se trata sólo del puntapié inicial de una nueva secuencia?

G.G.: El Banco dio a entender que podría necesitarse algún ajuste «modesto» adicional para alinear la inflación con su objetivo de 2%.

P.: ¿Un regreso al viejo patrón de una reunión, una suba?

G.G.: Pienso que el comunicado oficial se esfuerza por disipar esa impresión. No sólo porque acuña lo de «modesto» sino por el uso del condicional y la referencia a un horizonte de mediano plazo. En mayo, las autoridades habían señalado su intención de actuar en el corto. No descarte otro retoque pero será sin prisa. No antes de setiembre...

P.: No es que hicieran un tándem perfecto. No, pero los movimientos del Banco de Canadá y los de la Reserva Federal se solaparon hasta que ambos, el año pasado, le dijeran adiós a los aumentos de tasa. La última suba en Canadá había sido en mayo; en EE.UU., fue en junio...

G.G.:
Imagino a dónde apunta. Son dos realidades muy distintas

P.: El mercado laboral ha sorprendido por su robustez a ambos lados de la frontera.

G.G.:
Todo lo que usted quiera. La Fed no va a sacar los pies del plato. La economía norteamericana no requiere apretar más la cincha y, a diferencia de lo que acontece en Canadá, la inflación se comporta de acuerdo con la prescripción. Y, por último pero no menos importante), hay que engullir este entuerto de la deuda subprime cuya digestión cada vez se torna más pesada.

P.: Comenzó la temporada de balances con los anuncios del segundo trimestre. Y arrancó con mal pie. Las tribulaciones hipotecarias tienen mucho que ver...

G.G.:
Llevan su cuota de culpa. Todavía escasa porque, a esta altura, son muy pocos los balances difundidos. Pero ya se advierte una estela negativa entre los bancos regionales...

P.: ¿Cuán grave?

G.G.:
No parece mucho. Pero ni siquiera tenemos sus reportes sobre la mesa. Citizens Republic Bancorp, Huntington Bancshares e Independent Bank, los tres, prefirieron curarse en salud y dar a conocer los problemas por adelantado.

P.: No son instituciones de gran tamaño.

G.G.:
No. Pero como el problema es sistémico -no hay quien pueda decir que no bebió de esta agua- igual erizan la sensibilidad. Todo el sector financiero -mire sus cotizaciones en Bolsa- está castigado...

P.: Standard & Poor's colocó en cuarentena las calificaciones de 612 activos diferentes -conocidos en la jerga como CDO- respaldados por hipotecas subprime. Con pronóstico negativo. No suena muy bien.

G.G.: Sobre llovido, mojado. El temor de los mercados es que esto sea sólo la punta del iceberg.

P.: ¿Cuán importante es el volumen de las emisiones sujetas a revisión crediticia?

G.G.: 12 mil millones de dólares. O sea 2,13% de las obligaciones de su tipo que S&P calificó entre el cuarto trimestre de 2005 y el cuarto trimestre de 2006.

P.: Muchos de estos papeles no habrán cumplido su primer año y ya enfrentan problemas de cobro. Debe ser un récord...

G.G.: Lamentablemente, no. Queda en claro, sí, la fragilidad de estas estructuras financieras y de sus subyacentes...

P.: ¿Cree que los daños quedarán confinados en este lote de instrumentos?

G.G.: La experiencia sugiere que no. Y eso que se trata de una historia extremadamente corta. El peor desempeño hasta ahora había correspondido a los préstamos subprime generados en 2000. Cotejando las pérdidas -en un lapso similar y medidas sobre el total de los créditos- se advierte que entonces sumaban 7 puntos base cuando ahora acumulan 29. El punto clave, lo hemos hablado, es que la solución hoy vigente -por ejemplo, para responder a las vicisitudes de los dos «hedge funds» de Bear Stearns- consistió en dejar el muerto en el ropero. O, alternativamente, en cambiarlo de armario. O sea, ignorar las cotizaciones que podía ofrecer un mercado ilíquido. Enterrarlo en el fondo del portafolio. Pero será complicado preservar la ficción si las calificaciones de estos papeles son recortadas. Sobre todo si pierden su carácter de grado de inversión. Que, por increíble que le parezca, es el status que aún hoy prevalece entre los CDO. Un paso delicado que S&P todavía no da pero que, en algún momento, habrá que considerar.

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