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30 de marzo 2026 - 00:00

La guerra no tiene fin, la tregua de Trump no apacigua a Wall Street y la corrección es un hecho

Mientras la Casa Blanca acelera una negociación con Irán, los mercados profundizan la corrección y crecen las dudas sobre una escalada militar que pueda derivar en recesión global e inflación energética.

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Wall Street profundiza la corrección mientras crece la incertidumbre por la guerra y el futuro del estrecho de Ormuz.

NYSE

La guerra que debía ser corta, que estaba “prácticamente terminada” según el presidente Trump, no tiene final a la vista. Está claro que la Casa Blanca quiere, y necesita, concluirla cuanto antes y dar vuelta la página. Cuba es lo que viene, dijo Trump con el entusiasmo que cinco semanas atrás le provocaba Irán. Sin embargo, descorrido el velo, no hay nadie en Teherán que se le parezca a Delcy Rodríguez. La furia épica es un fiasco memorable. Trump ya cantó victoria, así que ese no es el problema. Lo que precisa para irse es un acuerdo con los iraníes que le cubra las espaldas. Lo que no se sabe es qué concesiones está dispuesto a hacer para salir del atolladero. Lo que Irán cree saber es que el paso del tiempo minará su reticencia. En la segunda semana de conflicto, el presidente exigía la rendición condicional. En la cuarta, ya se sentó a negociar, declaró una tregua unilateral, y exige que el enemigo comparezca.

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El presidente habló de conversaciones – “muy constructivas”- que Teherán niega por completo. “No es el momento de negociar”, replicó el canciller iraní (quien ya negoció con Tailandia el pasaje de sus buques por el estrecho de Ormuz previo pago de peaje). En obvio contraste, a Washington la urgencia lo obsesiona. De ahí que Trump desplazó a sus gestores amateurs ad hoc – su yerno, Jared Kushner, y su amigo, el empresario inmobiliario Steve Witcoff – y designó interlocutores de gran peso en el gobierno. El vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado, Marco Rubio, ahora están a cargo de forjar una solución viable y rápida. La guerra no durará meses, sino semanas, les dijo Rubio a sus colegas del G7. Serán necesarias dos o cuatro semanas más, estimó. Desde ya, son estimaciones a mano alzada. Es de presumir que miden mejor las intenciones de los EEUU que los avatares inciertos del conflicto.

El lunes, Trump cambió de planes. Permutó la destrucción prometida de las principales centrales eléctricas por una tregua de cinco días como gesto de buena voluntad hacia Irán. Pero también hacia Wall Street. Ninguno de los dos lo agradeció. No le importó: extendió la tregua hasta el 6 de abril. Irán cree que Trump busca manipular los mercados y ganar tiempo hasta que lleguen los marines. Wall Street, por su parte, reconoce que el anuncio de la tregua evitó un Lunes Negro, pero, aun así, no impidió que la semana fuera la peor del año. La Bolsa cayó por quinta semana consecutiva, las cuatro del conflicto y la que sirvió de antesala.

¿Cómo se hace para acabar con la guerra en dos semanas?

Irán e Israel siguen librando la suya propia, más y más encarnizada. EEUU espera el arribo de los marines. Irán no descansa. Castiga los activos militares estadounidenses de la región con endiablada insistencia. El viernes atacó la base aérea Príncipe Sultán en Arabia Saudita y dañó varios aviones tanque KC-135 usados para el reabastecimiento en vuelo y un avión E-3 Sentry AWACS que actúa como centro de comando y control aerotransportado. El patrón de su ofensiva es sistemático. Apunta a la destrucción de los radares terrestres, de la logística y de los sistemas de comando y control. El propio Trump reconoció que el fuego iraní obligó a retirar el portaaviones Ford de la zona de combate.

Visto así, Trump ofrece una tregua e Irán escala el conflicto. Es probable que EEUU deba hacer lo mismo si quiere sentar a los iraníes a la mesa de la discusión. Trump ha dicho que no considera poner tropas en el terreno, pero también reconoció que si lo hiciera, no lo diría. La superioridad aérea de los EEUU es innegable, pero por sí sola no puede disputarle a Irán el control de Ormuz. Es probable, entonces, que Trump deba escalar también, y modificar la naturaleza de su intervención.

Bajo una presión que no claudica, Wall Street se sumergió ya en una corrección. Esto es una caída desde los máximos de 10% o más. Primero fueron las acciones de los bancos. Después el índice Russell 2000. Luego el Nasdaq y el Dow Jones Industrial. Solo falta el S&P 500, cuyo declive está apenas a un tris de perforar la definición convencional. Si la guerra va a agravarse, con el VIX ya en 30, no le quedará más remedio que hundirse.

La Bolsa resiste mejor que la renta fija. Todavía no compra la idea de una recesión. Pero las tasas a lo largo de la curva aumentaron fuerte. La tasa a dos años trepó más de medio punto y el viernes rozó 4%. Los inversores ya no descuentan bajas de tasas, sino que se preparan para un alza quizá en septiembre u octubre.

El oro cayó 19% desde sus máximos en enero. La guerra tampoco le sentó bien, aunque se lo promocione como cobertura ante riesgos geopolíticos. El ascenso de las tasas de interés y la previsión de subas futuras horadó su capacidad de ofrecer protección. Sin embargo, tras los sacudones del viernes, reapareció una demanda robusta y el metal subió 3%, una señal de que los inversores de largo plazo vuelven a tomar posiciones.

¿Qué decir de la Bolsa, entonces?

La corrección es un hecho. Pero si la guerra escala, el petróleo escasea y la caída se profundiza, la clave será saber si aparecen compradores convencidos de sus méritos de largo plazo. El mercado alcista no tiene antídoto si se instala la idea de una recesión inevitable.

Nouriel Roubini cree que Trump escalará el conflicto y que la resistencia del régimen iraní puede conducir a una estanflación global. Más allá de la guerra en sí, el punto crítico es el cierre de Ormuz: si el bloqueo persiste y reduce la oferta de energía, el shock dejará de ser transitorio y crecerá el riesgo de una recesión con inflación creciente.

Wall Street soporta ese horizonte ominoso con notable entereza. Si Vance y Rubio logran terminar la guerra en dos o cuatro semanas, el mercado podría estabilizarse. Pero la salida más rápida sería que Trump acepte la reapertura de Ormuz a cambio de que Irán cobre peaje sin discriminación de bandera: una derrota geopolítica difícil de vender, aunque suficiente para sacar a la Casa Blanca y a los mercados del embrollo actual.

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