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Las mujeres no necesitan ser mejores con el dinero

Lo que se necesitan no son más charlas de “finanzas para mujeres” sobre cómo ahorrar mejor. Necesitamos sistemas financieros diseñados para incluirlas activamente.

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Este 8 de marzo, en lugar de repetir que las mujeres "tienen que mejorar sus finanzas y animarse más a invertir", hablemos de cómo podemos mejorar el sistema para ellas. 

Cada 8 de marzo, los titulares nos recuerdan que las mujeres "deben animarse a invertir", "tienen que educarse más en finanzas" o "necesitan mejorar su relación con el dinero". Pero ¿y si no se tratara de cómo las mujeres tienen que hacerlo mejor?

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Mejores inversoras, menos inversoras

Existe un mito persistente de que las mujeres invierten peor que los hombres: en términos generales, son menos arriesgadas porque tienen menos confianza en sus decisiones financieras. Sin embargo, los datos cuentan otra historia.

Diversos estudios han demostrado que las mujeres, cuando invierten, suelen obtener mejores rendimientos que los varones. ¿La razón? Tienden a ser más disciplinadas, menos impulsivas y menos propensas a operar en exceso y vender en momentos bajistas en el mercado.

Por ejemplo, un estudio de Fidelity Investments, una de las firmas de gestión de activos y servicios financieros más grandes del mundo, que abarcó más de 5 millones de cuentas de inversión durante una década, reveló que las mujeres lograron, en promedio mayor rentabilidad anual que los hombres.

A pesar de esto, la realidad es que invierten menos. No porque no sepan, sino porque las oportunidades y el acceso siguen siendo desiguales.

La brecha de inversión

Hoy en día ya está ampliamente reconocida la brecha salarial y documentada en estudios económicos y estadísticas de organismos internacionales como la OCDE, la ONU, el Banco Mundial y la OIT.

En concreto en Argentina, el último Dosier Estadístico del 8M publicado por INDEC revela que, en relación con los hombres, las mujeres enfrentan mayores tasas de desempleo y empleo parcial, además de estar mayormente concentradas en determinadas áreas de actividad (segregación horizontal) y tener menos acceso a cargos de alta jerarquía (segregación vertical). Estas desigualdades se reflejan en la brecha de ingresos.

Sin embargo, poco se habla de la “brecha de inversión”: la diferencia entre lo que hombres y mujeres logran capitalizar a lo largo de su vida simplemente por el hecho de participar menos en el mercado financiero. En otras palabras, si una mujer gana menos pero, además, invierte menos, la diferencia patrimonial acumulada con el tiempo es abismal.

Esto no es una cuestión de "falta de interés". Es el resultado de un sistema que sigue sin adaptarse a sus necesidades y realidades.

Históricamente, las mujeres han enfrentado obstáculos para acceder a productos financieros, desde créditos hasta inversiones. Por ejemplo, un estudio del BID mostró que en América Latina las emprendedoras reciben créditos de menor monto y con condiciones más estrictas en comparación con sus pares masculinos, a pesar de tener tasas de morosidad más bajas que éstos.

Adicionalmente, aún hoy es evidente la falta de productos diseñados teniendo en cuenta sus realidades. Por ejemplo, contemplando que las mujeres viven más tiempo que los hombres y que muchas veces sus ahorros jubilatorios no alcanzan porque han tenido períodos de trabajo intermitentes por maternidad o tareas de cuidado.

En concreto, el "Informe Trimestral de Estadísticas de la Seguridad Social" publicado por la ANSES detalla que el 73% de las mujeres jubiladas ha obtenido su beneficio a través de moratorias previsionales porque no llegan a cumplir con los 30 años de aportes, en contraste con el 46% de los hombres, en gran parte debido a las interrupciones laborales por maternidad o sus responsabilidades del cuidado de los hijos u otros miembros de la familia. Esto refuerza la necesidad de que haya productos financieros adaptados a su realidad.

Menos consejos, más acción

Lo que se necesitan no son más charlas de “finanzas para mujeres” sobre cómo ahorrar mejor. Necesitamos sistemas financieros diseñados para incluirlas activamente. Necesitamos políticas que reduzcan las barreras de entrada, acceso a redes de inversión, educación que no parta desde la idea de que "saben menos" y referentes que reflejen que las finanzas no son un territorio exclusivamente masculino.

El sector financiero también tiene un papel clave. Debe dejar de hablarle a las mujeres como si fueran un nicho de mercado y empezar a reconocerlas como lo que son: una parte fundamental del ecosistema inversor.

La inclusión financiera no es solo una cuestión de equidad, sino de crecimiento económico. A medida que más mujeres acceden al mundo financiero con herramientas adecuadas, no solo mejoran su bienestar económico individual, sino que impulsan el crecimiento y la estabilidad de la economía en su conjunto.

Así que este 8 de marzo, en lugar de repetir que las mujeres "tienen que mejorar sus finanzas y animarse más a invertir", hablemos de cómo podemos mejorar el sistema para ellas. Porque las mujeres no necesitan ser mejores con el dinero, necesitan mejores oportunidades para hacerlo crecer.

Asesora Financiera y Directora de Modo Finanzas.

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