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• «... ante el empobrecimiento de gran parte de la población, precipitado por la crisis institucional del 21 de diciembre de 2001, surgen muchos interrogantes. En primer lugar acerca de cuál es la responsabilidad que les cabe a las autoridades políticas de antes y de durante la crisis... por no haber percibido suficientemente el empobrecimiento que se venía produciendo y que se aceleró en forma incontrolable».
Nótese el empeño de los redactores por dejar fuera de la responsabilidad al actual gobierno: se refiere a las «autoridades políticas de antes y durante la crisis». En cuanto a que la pobreza se aceleró en forma incontrolable después de la crisis, es algo obvio y que las cifras del INDEC reflejan adecuadamente.
Más aún: cuando la Iglesia analiza las posibles respuestas a la pobreza, plantea sus propuestas en forma de preguntas que indican, sin lugar a dudas, su pensamiento. Dice:
• «Por ello preguntamos: ¿sería conveniente diseñar una política demográfica que revierta el éxodo hacia el Gran Buenos Aires y a las capitales de provincia? ... ¿Ayudaría una sabia reforma agraria que aliente a la gente del campo, principalmente a los pequeños y medianos productores, a permanecer en la vida y el trabajo rural? ¿Cómo propiciar la concreción de las leyes que reconocen el derecho de los aborígenes a la tierra productiva y a la propiedad comunitaria? ¿Qué medidas políticas apoyar para defendery preservar el medio ambiente?»
Hasta puede decirse que el ramillete de propuestas de la Iglesia está en sintonía con la filosofía económica del gobierno. Se atreve, incluso, a exhumar del arcón setentista una propuesta que, como la reforma agraria, ya ha pasado al olvido.
Otro de los párrafos también debe de haber sido del agrado del Presidente, en caso de que lo haya leído, claro:
• «También conocimos un voraz liberalismo, que desmanteló al Estado privatizando sus empresas, pero sin la red de protección social que ello habría exigido y sin el control necesario sobre los nuevos prestadores de los servicios públicos, acrecentando aun más el gasto público que se pretendía reducir.»
Un tramo que bien podría ser firmado por la totalidad de los miembros del Ejecutivo, incluso Roberto Lavagna y, en un día tranquilo, por la propia primera dama.
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