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18 de agosto 2021 - 08:24

Los cayetanos y cegetistas caminan hacia un nosotros más amplio

El poder simbólico y concreto del Cayetanazo. Los líderes de la CGT que casi arriban a Plaza de Mayo y los jugadores del Papa Francisco, como puente, para borrar la grieta entre trabajadores con derechos y los informales. La ausencia de funcionarios. 

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El co-secretario general de la CGT, Héctor Daer, el secretario general de la UTEP, Esteban "Gringo" Castro y Fernando "Chino" Navarro, secretario de Relaciones Parlamentarias de la Jefatura de Gabinete de la Nación.

Gentileza: Mundo gremial

El santuario de San Cayetano y la Plaza de Mayo son sagrados para los trabajadores. Tienen poder simbólico propio. Fe y lucha se unieron el sábado 7 de agosto pasado. Fiel testimonio de ello es el puñado de Misioneros de Francisco, un grupo de peregrinos que cargaron sobre sus hombros las imágenes de la Virgen gaucha y su cuidador, el Negro Manuel. El Pato, La Flaca, Nacho (el más joven), Ariel, Luis, Alejandro (quien vivió el confinamiento por la pandemia en la calle) Juan Manuel y hasta Pedro de 73 años caminaron más de 80 kilómetros, desde la Basílica de Luján hasta Liniers, para luego encabezar el "Cayetanazo" que terminó en la plaza del pueblo frente a la Casa Rosada.

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Lo sagrado y la movilización son parte de nuestra historia reciente. Hace casi 40 años atrás, en el borde de la Ciudad de Buenos Aires, el santo del pan y el trabajo fue la protección para que la CGT, liderada por Saúl Ubaldini, saliera a la calle el 7 de noviembre de 1981, a disputar a la temeraria dictadura militar (el primer avance contra la dictadura fue el 27 de abril de 1979) en una marcha desde la cancha de Vélez al santuario de la calle Cuzco 150.

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Ese poder simbólico de San Cayetano nacido de lo sagrado y la multitud trabajadora en la calle no se perdió. Sí mutó tras un largo impás. Ya no son los trabajadores que hacen caer las ganancias de los empresarios con un paro general, ahora son los pobres en camino, el conflicto social visible y su poder de presión es clamar en una agenda cada vez más concentrada en ponderar al "Dios dinero".

Durante la década del noventa San Cayetano era noticia por las extensas colas de fieles, el acampe de los creyentes antes del 7 de agosto y la homilía del entonces arzobispo porteño, Jorge Mario Bergoglio. Esto fue cambiando hace cinco años atrás cuando irrumpieron por primera vez, los descamisados del siglo XXI, como antes lo hicieron los cegetistas. Tras el año de pandemia retomaron hicieron el “cayetanazo” cerca de 300 mil personas.

El santuario de Liniers volvió a rodearse por una multitud organizada de excluidos, que ruegan ser visibilizados y escuchados en plena dictadura del mercado, la llamada globalización del capital.

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Lo sagrado y la calle. Dejando el templo para ponerse en camino y el relato de la homilía que pasó al altar militante en la histórica Plaza de Mayo.

Así nacieron “los cayetanos”, para los maliciosos “piqueteros”, algo que no se ajusta a estos tiempos. Porque el corte de calle, que era una herramienta de lo reivindicativo afines de los noventa y primeros años del dos mil, es menos practicado por el propio crecimiento político de los Movimientos Populares (MP), que fueron incorporados, al estilo peronista, con cargos en los gobiernos nacional, provincial, municipal como en los parlamentos. El primer dirigente de un MP en ser incorporado al Estado nacional fue Luis D’Elía por Néstor Kirchner.

Hoy los “cayetanos” sueñan con un gobierno que se parezca cada vez más a su pueblo. Funcionarias que salgan de las miles de pibas y doñas de los barrios populares, villas que sostienen y organizan sus comunidades, y no tanto universitarios, clase alta y media solidarios con los pobres pero que cristalizaron la política para sí. De hecho, ninguno funcionario estuvo presente entre los invitados. Aún provoca tensión en el gobierno la propuesta del Salario Básico Universal, que es un piso salarial para evitar la indigencia, ya no la pobreza.

La cotidiana de los MP, sin contar los cargos en los ejecutivos (en Casa Rosada Fernando “Chino” Navarro, en ministerios Emilio Pérsico, provincial y municipios como en Moreno con la primer intendenta de los MP Mariel Fernández) y parlamentarios (Congreso nacional siete diputados, entre ellos, Federico Faggioli, Leonardo Grosso hoy segundo candidato a concejal en San Martín, Juan Carlos Alderete, Itaí Hagman) es la organización comunitaria, los llamados “espacios de salvación comunitaria o de humanidad” por el secretario general de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), Esteban “Gringo” Castro.

Sólo comedores y merenderos de los MP incluyen 700 mil mujeres que alimentan todos los días más de dos millones de personas. También las ramas: agricultores familiares, vendedores ambulantes, cooperativa de liberados (ex presos), pescadores, promotoras de salud, bachilleratos, etc.

Es notorio que miles de comedores, merenderos reciben alimentos de los Estados. En lo educativo los jardines comunitarios (una gestión educativa para los niños que incluye a 30 mil chicos que no es estatal público ni privado) son reconocidos de manera oficial con derechos aún a medio camino; sin dejar de lado los centros culturales y las bibliotecas.

Por otro lado, incorporaron las unidades productivas (en el campo, la industria textil, en el reciclado, etc) acompañadas por el INAES (Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social), a cargo de Axel Roig del Movimiento Evita, que depende del Ministerio de Producción, y sumaron una novedad de la economía popular: Las empresas recuperadas. El Ministerio de Desarrollo Social tiene una dirección encabezada por Eduardo “Vasco” Murua, dirigente metalúrgico que recuperó a fines de la década del ‘90 IMPA (Industrias Metalúrgicas y Plásticas de Argentina), que se convirtió en emblema durante los años 2001/2002 (y hoy incluye una universidad, museo, centro cultural, bachiller de adultos y un centro de salud) y que tiene en estos tiempos como nave insignia a Farmacoop, el primer laboratorio recuperado del mundo, además de agrupar hasta frigoríficos, entre otras 300 empresas quebradas por los empresarios y gestionadas por los trabajadores.

Por lo antes dicho, es visible que el piquete se volvió una excepcionalidad (no así para la izquierda trotskista).

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Entre otros pendientes los MP sueñan con la institucionalización gremial. Por ahora es “personería social de los trabajadores de la economía popular y la subsistencia”. La antesala al derecho de ser reconocidos como gremio, que entregó el gobierno de Alberto Fernández vía su ministro de Trabajo, Claudio Moroni, días antes del “cayetanazo”, y al que sumó como gesto de cercanía con los MP, la visita del ministro de Economía, Martín Guzmán, en Villa 15 o Ciudad Oculta junto a Pérsico, líder del Movimiento Evita quien viene reivindicando a los dirigentes cegetistas.

“El caminar juntos en un nosotros más amplio” como señaló Castro en el altar militante se concreta en la incorporación de los trabajadores de la economía popular a la institución ubicada en la calle Azopardo esquina Independencia. También cuando los funcionarios comparten con los pobres un guiso. “Compartí la vida un rato con los más humildes y vas a ver que, además de que se te van a caer las lágrimas, vas a ser uno nuestro, vas a movilizar con nosotros, vas a pelear por los derechos de las trabajadoras y los trabajadores más humildes de la patria”, interpeló el secretario general de la UTEP.

No obstante, la ausencia de los cegetistas en el “cayetanazo” llamó la atención. El “faltazo” tiene que ver con evitar exposiciones mediáticas en el medio de una disputa interna por la normalización de la confederación de los trabajadores. Sin embargo, el consejo directivo hizo un gesto sutil de buena voluntad para los “cayetanos”. Envió a sus jóvenes, entre ellos Sebastián Maturano, secretario general de la Juventud Sindical, acompañado por el secretario gremial de Sanidad, Diego Sisto, y otro joven sindicalista de Comercio, Carlos Mercado.

En el escenario, al inicio del acto, también estuvo el sector sindical que abandonó la CGT. El moyanismo envió a Luis Córdoba, secretario de organización del Sindicato de Chóferes de Camiones. También se sumó Ricardo Peidró, secretario general de la CTA-Autónoma, y Hugo “Cachorro” Godoy, secretario general de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE).

En los “cayetanos” existe una subrepticia diferencia de criterios respecto a la conducción de CGT que va incluir al sindicato de la economía popular, UTEP.

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El moyanismo y su oposición al gobierno de Mauricio Macri fue otra de las claves para la unión entre la CGT y la UTEP de hoy. Los camioneros y los movimientos social participaron de masivos actos y movilizaciones para reclamar mejoras salariales y fin del ajuste.

Juan Grabois el año pasado lanzó en UOCRA junto a su secretario general y “canciller” de la CGT, Gerardo Martínez, el Plan de Desarrollo Humano Integral (PDHI). Allí también se hicieron presentes Pablo Moyano y Sergio Sassia de la Unión Ferroviaria. A lo largo de este año las iniciativas entre estos dirigentes se apagaron. El contexto por supuesto cambió.

Sin embargo, es visible la sintonía fina de los dirigentes del Movimiento Evita, Pérsico y Navarro, con Héctor Daer. co-titular de CGT y líder de Sanidad. y Andrés Rodríguez. secretario adjunto de la confederación y titular de los estatales de UPCN.

La mesa chica de la CGT tuvo gestos concretos para el acercamiento con la UTEP. El año pasado llevó al “Gringo” Castro a la reunión con la misión del Fondo Monetario Internacional (FMI). Mientras, que el pasado 13 de marzo Daer, compartió la oración ante la basílica de la Virgen de Luján por los ocho años de Bergoglio Pontifex. Sin olvidar el acompañamiento callejero de la CGT en noviembre de 2016 por la ley de emergencia social.

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Más allá de las afinidades, el cisma de la CGT no se resuelve por un líder. Es un signo de estos tiempos: Las conducciones colegiadas. Se nota en el Frente de Todos, tres dirigentes unidos: Alberto, Cristina y Massa para gobernar Argentina. También ocurre en los MP y hasta para el Papa jesuita y argentino, el ungido por el Espíritu Santo, quien tras el cónclave sale al balcón frente a la Plaza San Pedro junto al cardenal brasileño y franciscano, Claudio Hummes, y cuando va sobre la reforma de la curia crea un consejo de cardenales, siendo él la única monarquía absolutista en Europa.

“Queremos ayudar en la reunificación de la CGT”, confió desde el escenario Gildo Onorato, secretario gremial de la UTEP, quien agregó: “En la unidad de los trabajadores debemos ir por la representación política de los trabajadores”.

Es repetido entre los peronistas de los MP que los años más felices de los trabajadores (sin indigencia, pleno empleo, salarios altos, vacaciones pagas) fue con la representación de los dirigentes sindicales en el gobierno nacional y en las listas a los parlamentos. "La revolución de Perón y Eva" que clamó el Gringo Castro con las imágenes de la patrona de la Argentina a los pies y el Santo del pan y trabajo. Del “Cayetanazo” las citas peronistas y por supuesto las referencias religiosas fueron bien recibidas en el consejo directivo de CGT y los elogios corren por los pasillos sindicales.

Sin embargo, aún la cultura del encuentro de los MP y la CGT, no logró un extendido caminar juntos. Esto podría darse en el territorio, con acciones solidarias, cómo en mesas de trabajo con las ramas por actividad. Por citar un caso, los jardines de gestión comunitaria de la provincia de Buenos Aires. Allí conviven trabajadoras de la economía popular (que cobran el Potenciar Trabajo) y trabajadores estatales registrados bajo convenio colectivo. Realizan el mismo trabajo, bajo distintas condiciones. Allí el camino de UPCN con los MP es nivelar para arriba recordando el precepto “a igual remuneración al igual trabajo”. En este caso se hace carne “ese nosotros más amplio”, que citó Castro en su discurso de cierre para el “Cayetanazo”.

El hombre en la tierra más cercano a Dios es escuchado por la dirigencia cegetista. Sus palabras grabadas al último encuentro de OIT (Organización Internacional del Trabajo) o a los MP en las pascuas del año pasado no pasan desapercibidas.

Papa Francisco

El papa Francisco.

Los religiosos católicos que cultivan con baja exposición la unidad de los trabajadores son: Óscar Ojea, presidente de la Conferencia Episcopal y obispo de San Isidro; Víctor Fernández, arzobispo de La Plata; Carlos Accaputo titular de la Pastoral Social porteña, el obispo de las Villas porteñas y del conurbano, Gustavo Carrara, entre otros que vienen rezando y dedicados a terminar con la grieta argentina más acuciante para Su Santidad.

La separación entre trabajadores formales e informales, en un país con un 42 por ciento de pobres, hoy no se justifica por la razón. El coludo mete la cola. Los creyentes saben del poder de la oración, una práctica diaria para algunos cegetistas y cayetanos.

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