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1 de octubre 2007 - 00:00

Marcha atrás del gobierno

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Debió retroceder el gobierno, más allá de que les impute a ciertos medios -justamente, a los que suele regalarles novedades, casi como asociados- una tergiversación sobre el posible desenlace de la negociación de las papeleras. En rigor, con el manto de la realeza española al que son tan sensibles algunos argentinos, desde hace pocas semanas se insiste en que ya hay una solución por la discusión con el Uruguay. Ahora, cuando ya se divulgó el resultado (no relocalizan Botnia, sólo se aguarda que no contamine), la fiesta con el rey Juan Carlos de anfitrión se frustró: los díscolos de Gualeguaychú profundizaron los cortes, prometieron disturbios y el gobierno se asustó de las consecuencias. Sobre todo, con las elecciones tan cerca. Entonces, juran que se aguardará el resultado de la Corte de La Haya -donde ya vivió el país un penoso traspié-, postergan el final del trabajo del «facilitador» monarca que, en muchos casos, más bien parece más inclinado por proteger emprendimientos de su país (ENCE) que en la salud de los habitantes afectados por los efluentes que vierten las papeleras. Más allá de los negocios atribuidos al rey de España -en los cuales, dicen, es tan ducho-, lo cierto es que el gobierno se equivocó en los tiempos: adelantó un proceso de información que tenía previsto para después de las elecciones y ahora, con la noticia, tiene más piquetes enardecidos. Fruto, claro, del realismo del viaje a Nueva York. De vuelta en el subdesarrollo, sin embargo, hay que protegerse electoralmente, salvar a la Corona y decir que nada cambió en la lucha por el medio ambiente. Si es así, no se entiende para qué se reunieron otra vez en Nueva York y se fotografiaron amigablemente. La suerte ya está echada, la resignación oficial también. Plazo fijo para el funcionamiento de Botnia, invocaciones al aire libre y el rey verdugo de Gualeguaychú. Nadie entiende esta jugada de improcedente precocidad informativa, el anuncio anticipado del funeral cuando la misión era guardar el secreto hasta después de las elecciones.

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Torpeza, claro. Como tampoco la gente de Gualeguaychú o de otras partes habrá de entender para qué la actual administración, hace ya un año y medio, comprometió gobernadores, intendentes y figuras de todo tipo para defender algo que resultaba indefendible. Y que ahora, como antes, quizá no se pudiera enfrentar. Notable el tiempo perdido, la energía derramada, los intereses castigados, el daño.

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