El gobierno
quiere
darle
realce a la
asunción
de Horacio
Quiroga
como
secretario
del Ministerio
de
Relaciones
Exteriores.
Lo quiere
poner
como
símbolo de
los radicales
que se
pasaron al
peronismo.
El neuquino Horacio Quiroga, uno de los radicales K del interior del país que apoyó la alianza con el kirchnerismo, hasta transformarse en un punto de referencia para la Concertación UCR-PJ, asumirá hoy como subsecretario de Relaciones Institucionales del Ministerio de Relaciones Exteriores en un acto que presidirán Alberto Fernández y Jorge Díaz. Esa decisión le costó perder la elección a la gobernación neuquina, a la que fue con la paciencia que exige el oficialismo: Kirchner le daba a él una boleta para el outlet de segunda selección, pero apoyaba para ese cargo al emepenista Jorge Sapag, que se quedó con la silla que fue de Jorge Sobisch.
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Quiroga fue un radical diferente que logró en su provincia quebrar la debilidad secular de la UCR, levantando al partido del estado en el cual lo había dejado la generación a la que perteneció el ex diputado Rodolfo «Popo» Quezada. Fue intendente de la capital neuquina por dos mandatos (1999-2007), ejerciendo un estilo populista muy diferenciado de los caciques tradicionales del partido, más en el estilo de Rubén Marti en Córdoba o de Angel Rozas en Córdoba. Se rodeó de militantes e independientes, algunos de los ligados al nosiglismo, como su secretario de Cultura, Oscar Smoljan.
En el cargo que asumirá hoy en la Cancillería, Quiroga reemplaza a Marcelo Fuentes, que sacó un premio fuerte en las últimas elecciones, una senaduría nacional. Se dice identificado con Julio Cobos, pero como él, pertenece a esa generación de radicales que quedarán en la historia de su partido por convertirse en una fracción del peronismo aun a costa de perder las elecciones en sus distritos (el marplatense Daniel Katz es otro de ellos). Aquí una síntesis del diálogo que mantuvo con este diario:
Periodista: ¿Qué le van a dejar hacer a un radical en un gobierno peronista?
Horacio Quiroga: Soy un radical en la Concertación, no un radical K. Esto define la naturaleza de las cosas porque pertenezco a un sector del radicalismo que ya comparte responsabilidades de gobierno: municipios, provincias y ahora la Nación con Julio Cobos. Esto es lo que justifica esta construcción política. Porque, entiéndase bien, no estoy en busca de un empleo porque me quedé desocupado en mi provincia y mucho menos de transpirar por conseguir un despacho en Buenos Aires. Acá vengo a cumplir una responsabilidad política con la que me ha honrado Cristina de Kirchner y en la que me siento apoyado por el señor canciller, Jorge Taiana. Pero, fundamentalmente, por el sector del radicalismo al que pertenezco.
Apuesta
P.: ¿No teme quedar atrapado por la trituradora del kirchnerismo?
H.Q.: No, porque somos parte del gobierno. Distinto hubiera sido en el período anterior, con Néstor Kirchner. No me siento invitado, me siento parte porque cuando decidimos conformar la Concertación, apostamos al éxito de este gobierno.
P.: ¿Cómo cree que se va a recibir hacia adentro del radicalismo esta incorporación suya al gobierno?
H.Q.: La UCR formal tendría que haber aprovechado una oportunidad maravillosa para un partido que se encuentra en estado horizontal para dar un profundo debate de ideas. Nuestro partido siempre fue conducido por fuertes personalidades: Leandro N. Alem, Hipólito Irigoyen, Raúl Alfonsín. Pero ahora nadie tiene liderazgo aunque se lo crean, y en lugar de aprovechar esa diversidad de opiniones, se dedican a intervenir distritos y a expulsara dirigentes muy valiosos.El radicalismo se merece un mejor destino, y uno de ellos es el de comprometerse con los intereses y la construcción de la república.
P.: ¿Qué espera del gobierno al que suma ahora?
H.Q.: La Presidenta parte con una ventaja y una desventaja. La primera es que asume con un país en marcha, en pie, frente a lo que era, en 2003, el desastre heredado por Néstor Kirchner. Pero precisamente esa ventaja relativa hace que ahora exista menos tolerancia y mayores exigencias. Yo aspiro a contribuir a que la Argentina salga definitivamente del infierno como dijo el ex presidente y se sume a un concierto internacional de los mejores países del mundo y mejorar las condiciones de desarrollo interno.
P.: ¿Cómo será su trabajo en una estructura tan cerrada como es la diplomacia?
H.Q.: Voy a tener la responsabilidad de las relaciones institucionales con los municipios y las provincias. Especialmente de los distritos fronterizos.
P.: ¿Se imaginó ir a un cargo como éste?
H.Q.: Jamás. Salir de una escala local, acostumbrado a dar respuestas con mucha agilidad y muy puntuales, vinculados a la calidad de vida diaria de los habitantes, e ingresar a una escala internacional me obliga a pensar en otro parámetro, a empezar a estudiar en profundidad y hacerme asesorar convenientemente.
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