Cuando vivimos todo el día conectados hablamos de ¿adicción o hiperconexión?

Opiniones

Sin Facebook, ni Instagram ni WhatsApp apareció la desorientación. Pero ese tiempo de desconexión puede haber sido también una oportunidad.

La caída por un lapso de interminables horas de los más difundidos medios de conexión cibernética actuales, dejaron en la desorientación a millones de expectantes usuarios. Algunos se vieron frustrados en sus proyectos y otros se encontraron seriamente perjudicados en actividades laborales o situaciones sociales de todo tipo. Se escuchó mucho en este lapso de desconexión comentarios más o menos jocosos acerca de la crisis por “abstinencia” que esta situación provocaría.

Es que hemos establecido una relación de dependencia de los servidores ocultos en quienes confiamos. Nos respaldamos en que cumplirán con el servicio ofrecido e inconscientemente, les otorgamos el lugar de dioses propiciadores. Detectar que fallan, nos enfrenta con la angustia y la vulnerabilidad humanas. Si los grandes y poderosos proveedores tropiezan, corremos el riesgo de caernos todos. Si ellos pueden fallar, comprobamos con dolor la evidencia de que somos simples mortales. Es otro de los ejercicios que nos presenta la vida y que nos hace relativizar idealizaciones y buscar alternativas y nuevos recursos. Nos hace crecer.

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¿Podemos hablar de adicción a la tecnología en este caso? El celular se ha convertido en uno de los principales medios de comunicación a distancia. En otro momento fueron las señales de humo, los mensajeros, las cartas, los medios gráficos, el teléfono, los medios audiovisuales. Cada vez con más rapidez hasta llegar a la inmediatez.

El ser humano necesita de sus semejantes y los avances científicos y tecnológicos ayudan a la interacción. La pandemia puso de manifiesto esta necesidad y proporcionó una solución a muchas actividades. No solo en el sentido de poder mantener la escolaridad o los trabajos, sino también los juegos e interacciones afectivas tan necesarios unos como otros. Cuando la posibilidad de comunicación se interrumpe se produce un daño.

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Además de sostener actividades cruciales, por las vías cibernéticas circulan informaciones, entretenimientos que tapan situaciones de aburrimiento, espera, preocupaciones cotidianas o vitales; las imágenes brillantes y los estímulos sonoros son atractivos que llenan soledades y vacíos que muchas veces conviene mantener abiertos para preguntarnos quienes somos, qué queremos y adónde vamos.

La tecnología nos sirve algunas veces para encontrarnos y otras para escapar. Este tiempo de desconexión puede haber sido también una oportunidad para pensar en estas dos posibilidades.

Licenciada en Psicología con Orientación Clínica en la UBA. Miembro Titular en función Didáctica de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y de la Federación Psicoanalítica de América Latina. Autora del libro "El Sujeto Escondido en la realidad Virtual".

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