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Ocurre que respecto de la reforma de algunos otros rincones del ente multinacional los consensos parecen estar lejanos. Por ejemplo, China, Cuba y algunos otros países, cuyo respeto por los derechos humanos y libertades civiles de sus habitantes es relativo, están abiertamente decididos a torpedear la propuesta de reforma de la Comisión de Derechos Humanos. Para ellos, la situación actual -que impide que el organismo pueda cumplir con el objetivo para el que fue creado, esto es asegurar la vigencia de los derechos humanos- no debe modificarse.
El referido proyecto de resolución aparece patrocinado también por algunos otros Estados miembros, lo que es fruto de una labor empeñosa en la que sus autores han estado enfrascados durante los últimos años.
Para que esta propuesta, que supone una reforma a la Carta, pueda ser aprobada, debe ser primero adoptada con el voto de las dos terceras partes de los miembros de la Asamblea General (esto es: obtener 128 votos, por lo menos), para luego ser ratificada, en sus respectivos ámbitos nacionales, por las dos terceras partes de los miembros de las Naciones Unidas, incluyendo a todos y cada uno de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad.
Respecto de esto último cabe destacar que el Congreso de los Estados Unidos pareciera estar lejos de inclinarse hacia consentir una reforma del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas como la que los autores del referido proyecto de resolución postulan. En rigor, los Estados Unidos hoy sólo apoyan oficialmente el acceso a una banca permanente del Japón. A comienzos de junio, la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, en una reunión con su colega alemán, Joschka Fischer, declinó una vez más el endoso de su país a la candidatura alemana.
En rigor, el pasado 16 de junio, el subsecretario de Estado, Nicholas Burns, por primera vez, definió formalmente la posición americana. Los Estados Unidos apoyan la candidatura de Japón y el ingreso de uno o dos miembros permanentes adicionales al Consejo de Seguridad. Estos serían la India y algún país africano, lo que supondría el rechazo a las candidaturas de Alemania y Brasil. Refiriéndose al proyecto de resolución cuatripartito, Burns lo describió como una expansión que perjudicaría la eficiencia y efectividad del Consejo de Seguridad.
Para Alemania, la decisión norteamericana podría no significar demasiado desde que si, como parece factible, la democracia cristiana regresa al poder en las elecciones del próximo mes de setiembre; ella ya ha declarado que no tiene como objetivo la obtención de un asiento permanente en el Consejo de Seguridad. La candidatura brasileña, por su parte, parece haber resultadodañada por la imagen de corrupción que hoy flota sobre la administración del presidente Lula.
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