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14 de marzo 2007 - 00:00

Reservas: surgen ya destinos peligrosos

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Con motivo de la reciente visita del ruidoso líder bolivariano, Hugo Chávez, a Bolivia, la prensa de ese país anunció su ingreso al llamado Banco del Sur, un proyecto financiero que impulsa el nuevo «eje argentinovenezolano». La entidad financiera en gestación, se nos dice, comenzará a operar con unos u$s 5.000 millones, usando para ello parte de las reservas internacionales netas de sus integrantes.

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Presuntamente, la nueva institución financiera «permitirá a sus miembros dejar de depender del Fondo Monetario Internacional». Esto más allá de la creciente «dependencia» que -paso a paso- parece estarse generando respecto de Venezuela. No obstante, el uso de las reservas para este proyecto en particular tiene, en mi opinión, algún riesgo, que trataré de explicar y que por su entidad debe meditarse cuidadosamente.

Las reservas de un país son necesarias para que éste pueda instrumentar una política monetaria independiente. Sin ellas es fácil sucumbir a los «shocks» externos, como, por ejemplo, el que pudiera producir un aumento repentino del valor de las importaciones o el que pudiera derivarse de las consecuencias de los desastres naturales. En líneas generales, el nivel de las reservas que un país mantiene tiene que ver con el grado de flexibilidad de su política cambiaria; esto es, con cómo desea que el valor de su moneda fluctúe respecto de lo que, de otra manera, determinaría libremente el mercado. No obstante, lo cierto es que ningún nivel de reservas provee, en el mundo actual -por sí mismo- una independencia monetaria total.

  • Inmunidad

  • Por su naturaleza, las reservas de los bancos centrales suelen estar más allá de la posibilidad de ser embargadas por los acreedores de un país, protegidas por la noción de inmunidad soberana. No obstante, como también informan los medios, hoy se debate -concretamente, en los tribunales de Nueva York- si esa inmunidad no debería tener algunos límites -sean éstos temporales y/o cuantitativos porque, de lo contrario, la inmunidad permitiría a cualquier país adquirir una suerte de impunidad total respecto del cumplimiento de sus obligaciones externas, mediante el sólo expediente de tener el total de sus activos como reservas en manos de su Banco Central. Tradicionalmente, la referida inmunidad cae si se demuestra que el respectivo banco central utiliza sus reservas comercialmente, esto es de manera diferente de la utilización tradicional de aquéllas por parte de los soberanos.

    Lo cierto es que muchos bancos centrales, en los últimos años, han comenzado a invertir sus reservas, o una parte significativa de ellas, en activos de mayor riesgo, en busca de una mayor diversificación y de una mejor rentabilidad.

    De esta manera están abandonando las inversiones clásicas, tradicionales, es decir aquellas que se canalizan hacia los títulos de deuda soberana de alta calificación.

  • Acciones privadas

    En esa línea, algunos han comenzado a invertir en activos «no tradicionales», incluyendo acciones de empresas privadas. Un mundo inmenso en su volumen, pero hasta ahora opaco, ha comenzado a cambiar las pautas de manejo de una masa gigantesca de dinero. Hoy hay bancos centrales que, ampliando su universo de opciones, invierten parte de sus reservas no sólo en acciones, sino también en deuda soberana de menor calidad, por ejemplo la de los países emergentes, que pagan mejores tasas; derivados de crédito; materias primas; hipotecas; etc.

    China, por su parte -siguiendo el ejemplo de otros países, como: Singapur, Corea del Sur, Noruega y Kuwait-, acaba de anunciar, como se esperaba, un cambio dramático en el manejo de sus más de mil trillones de dólares en reservas de moneda extranjera, que hasta ahora era realizado desde el propio Banco Central y que, en el futuro, será responsabilidad de una agencia nueva de inversión, bajo la tutela directa del Consejo de Estado.

    No se sabe todavía qué proporción de las reservas chinas totales serán, en definitiva, confiadas a ella, pero seguramente se tratará de una porción significativa de aquéllas.

    El nuevo vehículo podría bien tener hasta objetivos que no sean estrictamente financieros, sino que incluyan algunos otros, de contenido económico (como el de asegurar el abastecimiento de algunas materias primas consideradas como vitales para la economía de China), o hasta político, lo que complicaría aun más las cosas.

    Lo recién anunciado no es del todo sorpresivo, desde que China ya ha inyectado unos u$s 70 billones de sus reservas en una empresa holding denominada Central Huijin Investment Co., para (a la manera de Temasek Holdings, su similar de Singapur) con ellos recomponerlos balances de variasempresas públicas que son (como suele suceder) fuertemente deficitarias, antes de proceder a privatizarlas.

    Ante todas estas novedades, el carácter no comercial hasta ahora asignado casi automáticamente por los tribunales a las inversiones hechas con las reservas de los bancos centrales de un país seguramente va a ser reexaminado por los propios tribunales judiciales, con pautas que quizá tengan en cuenta las realidades concretas de cada inversión y que, presumiblemente, al menos, podrían tener mucha mayor flexibilidad para determinar si, en cada caso, las inversiones hechas con las reservas son, o no, inembargables.

    Todo un riesgo que los países en desarrollo, como el nuestro (pese a acumular índices de excelencia en materia de crecimiento económico de los que nos vanagloriamos constantemente, silenciando la importancia que, en haberlos alcanzado, tienen los factores exógenos), que por no tener definitivamente solucionados los problemas con los respectivos acreedores externos no tienen acceso a los mercados internacionales de crédito, deben tener siempre presente. Entre otras cosas, para evitar sorpresas, como las que podrían derivarse de la caracterización judicial de nuestra participación en el Banco del Sur a través de asignar a esa entidad una parte de nuestras reservas.
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