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Esto se está logrando en acuerdos de muy bajo perfil y sin ninguna medida de fuerza de por medio. El reclamo de muchos gremios ha dejado de ser una simple búsqueda del sinceramiento de los básicos de los convenios colectivos para convertirse en un modo directo de tomar «casi por asalto» toda la política salarial de la empresa. Se trata de neutralizar así el manejo del costo laboral por parte del empresario, condición «sine qua non» para que se pueda arbitrar en el mercado con competitividad y con crecimiento.
Este avance no sólo impide el manejo racional de los recursos, sino que subordina el costo a las presiones, capacidad de negociar y eventualmente a la presión muchas veces irresistible y hasta extorsiva del conflicto, en lugar de relacionar los ingresos con la integración en los costos y en los mecanismos que hagan que la empresa preserve su presencia. Y pueda, así, competir, sustituir importaciones o pueda exportar en la medida en que sus precios finales y su calidad sean comparables y mantengan su participación o la incrementen dentro del espacio que generan los eventuales clientes. También,
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