Nadie entiende la leyenda -aparecida en distintos lugaresde la provincia de Buenos Aires y hasta en el paredón de River Plate, sobre la Lugones-, pero quienes imaginan a Néstor Kirchner comunicándose más por las inscripciones callejeras que por los medios periodísticos dicen comprender el mensaje: Julio De Vido será el candidato a presidir el justicialismo bonaerense. Y como la reorganización partidaria ya se anunció para marzo, queda un enigma en danza: ¿De Vido continuará en el Ministerio de Infraestructura al mismo tiempo que conducirá el PJ bonaerense (como hace Alberto Fernández con el peronismo de la Capital Federal) o renunciará a su cartera para hacerse cargo de esa nueva atribución política?
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Son varios los intendentes y punteros que auspician esas pintadas con la sinonimia peronista y bonaerense de Kirchner y De Vido. Tal vez impulsan un proyecto deseado o alguien los estimula a que lo hagan. El caso ofrece menos misterios que las valijas de Antonini Wilson: el actual ministro no sólo ha cosechado adhesiones entre los jefes comunales (gracias a la adjudicación y certificación de obras), en las distintas fracciones justicialistas de la provincia (debe ser el kirchnerista con más asados en ese rubro), también es obvio que recoge simpatías y afinidades con la mayoría de las organizaciones sindicales (invitado y concurrente a cuanto acontecimiento gremial ocurra). Aunque tanto amor, claro, se apoya en la generosidad de su firma para estampar concesiones.
Aunque son innegables estos hechos, quedan dos interrogantes.
1) Nunca Kirchner confió demasiado en De Vido para cuestiones electorales (hasta le impidió, inclusive, asumir como diputado electo) y, hace poco, como si fuera el dueño de su vida, señaló que no era un hombre para esos menesteres. Sin embargo, parece, es lo mejor que tiene a mano. Al menos, en la provincia, lugar donde De Vido le hizo cosechar el mayor volumen de votos para el triunfo de Cristina.
2) Si el ministro entonces marcha a la titularidad partidaria en Buenos Aires, en la Jefatura de Gabinete pueden sospechar que es una salida natural para que abandone el cuerpo de ministros. Se diría que es una aspiración manifiesta -cuando objetaban ciertos manejos poco transparentes, aunque el lucro fuera compartido por todos-, ya revelada y frustrada con el cambio de gobierno. Pero ese traslado sin cartera al ámbito bonaerense, de producirse, también alentará la continuidad del conflicto interno entre Alberto Fernández y De Vido desde el propio peronismo. Una jugada que implica cierta perversidad: tal vez Kirchner no cree en la oposición de otros partidos, más bien es capaz de crearla entre sus propios hombres. Marzo se vuelve una fecha límite, siempre y cuando no aparezcan imponderables. Hasta ahora, surgieron demasiados en una semana.
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