En una economía global atravesada por la inteligencia artificial, la automatización y una transformación tecnológica cada vez más acelerada, la discusión sobre la universidad pública no puede quedar reducida exclusivamente a su presupuesto. La pregunta de fondo es otra: qué capacidades necesita la Argentina para producir, innovar, generar empleo calificado y competir en un mundo que está cambiando a una velocidad inédita.
Universidad pública: por qué invertir en conocimiento también es invertir en productividad
Más de la mitad de quienes estudian ingeniería en la Argentina lo hacen en alguna de las Facultades Regionales de la UTN. La formación profesional, la investigación aplicada y la transferencia tecnológica son capacidades necesarias para que el país pueda innovar y aumentar su productividad.
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La universidad pública cumple un papel central en la formación profesional, la investigación y el desarrollo tecnológico.
En ese escenario, la universidad pública ocupa un lugar central. No solamente porque forma profesionales, sino porque produce conocimiento, desarrolla investigación, transfiere tecnología y construye vínculos con empresas, organismos públicos y sectores productivos.
En el caso de la Universidad Tecnológica Nacional, esa relación con el entramado productivo forma parte de nuestra propia identidad. La ingeniería tiene una característica particular: transforma conocimiento en soluciones concretas. Detrás de una mejora en un proceso industrial, de una innovación tecnológica, de una nueva infraestructura o de la incorporación de herramientas digitales existen profesionales, investigación y conocimiento acumulado.
Por eso, cuando discutimos el financiamiento universitario también estamos discutiendo desarrollo económico.
Una universidad que cuenta con previsibilidad presupuestaria puede planificar inversiones en infraestructura, equipamiento y tecnología. Puede sostener proyectos de investigación que necesariamente requieren continuidad. Puede fortalecer sus carreras, acompañar las trayectorias de sus estudiantes y profundizar la relación con las empresas y los sectores productivos.
La experiencia de la UTN Paraná permite ver esa articulación en términos concretos. En los últimos años desarrollamos proyectos de vinculación tecnológica y transferencia científica hacia el sector industrial y productivo. Recientemente, por ejemplo, la Facultad firmó un convenio con la empresa Elmer 4.0 para fortalecer la cooperación y la asistencia técnica en materia de desarrollo tecnológico regional.
También participamos de espacios como Agroactiva, donde la Universidad pone a disposición sus capacidades de investigación aplicada y establece vínculos con empresas, productores y organismos públicos.
Ese vínculo es fundamental porque permite que el conocimiento generado dentro de la universidad no termine en sí mismo. La investigación y la formación adquieren otra dimensión cuando pueden transformarse en soluciones, mejoras productivas, innovación y nuevas capacidades para la economía.
El desafío de la inteligencia artificial
La inteligencia artificial acelera todavía más esta discusión. Ya está modificando procesos productivos, formas de organización, servicios y profesiones. Frente a esta transformación suele aparecer una pregunta inmediata: cuántos puestos de trabajo puede reemplazar la tecnología. Es una discusión necesaria, pero incompleta.
También tenemos que preguntarnos qué nuevos trabajos, actividades y oportunidades puede generar, qué sectores productivos pueden incorporar estas herramientas para mejorar su productividad y, fundamentalmente, qué capacidades necesita desarrollar la Argentina para participar activamente de esa transformación.
No alcanza con ser consumidores de tecnología. Necesitamos formar profesionales capaces de comprenderla, desarrollarla, aplicarla y adaptarla a las necesidades de nuestra economía.
La universidad pública tiene una función estratégica en ese proceso.
Necesitamos ingenieros y profesionales capaces de trabajar con inteligencia artificial, pero también de comprender sus límites y evaluar sus impactos. Necesitamos investigadores que produzcan conocimiento y empresas capaces de incorporar ese conocimiento a sus procesos. Y necesitamos un Estado que cuente con profesionales preparados para utilizar estas tecnologías en la gestión y en la prestación de servicios públicos.
La transformación tecnológica, además, no ocurre solamente dentro de las empresas tecnológicas. Atraviesa a la industria, al agro, a la energía, a la salud, a la educación, a los servicios y al propio Estado.
Por eso, formar ingenieros y profesionales tecnológicos también es una política de desarrollo.
En la UTN tenemos una responsabilidad particular. Más de la mitad de quienes estudian ingeniería en nuestro país lo hacen en alguna de nuestras Facultades Regionales. Eso representa una enorme responsabilidad, pero también una oportunidad: acompañar la formación de miles de jóvenes que serán quienes diseñen, desarrollen y conduzcan buena parte de las transformaciones tecnológicas de las próximas décadas.
Presupuesto, inversión y planificación
Todo esto requiere previsibilidad. El presupuesto universitario no debería analizarse únicamente como una partida destinada a financiar gastos corrientes. También es una herramienta para sostener capacidades que el país necesita para desarrollarse.
Un laboratorio requiere equipamiento. Una carrera de ingeniería necesita infraestructura específica. Una investigación necesita continuidad. Un proyecto de transferencia tecnológica requiere recursos y profesionales capaces de sostenerlo en el tiempo.
Cuando esas capacidades se interrumpen, reconstruirlas no siempre es inmediato. El conocimiento, la formación de equipos y la experiencia acumulada necesitan años para consolidarse.
Por eso, la discusión presupuestaria también es una discusión acerca del modelo de desarrollo que queremos construir.
La Argentina necesita aumentar su productividad, incorporar tecnología, agregar valor a su producción y generar empleos de mayor calificación. Para alcanzar esos objetivos hacen falta empresas que inviertan e innoven, pero también instituciones capaces de formar profesionales, investigar y producir conocimiento.
Universidad y sector productivo no son mundos separados.
Desde la formación de profesionales hasta la investigación aplicada; desde la transferencia tecnológica hasta la vinculación con empresas; desde la generación de conocimiento hasta la capacitación de quienes luego trabajan en el sector privado o en el Estado, existe un entramado que forma parte de las capacidades productivas del país.
En un mundo en el que el conocimiento tiene cada vez mayor peso en la generación de valor, esas capacidades se vuelven estratégicas. El desafío es conseguir que puedan desarrollarse con continuidad, planificación y una mirada de largo plazo.
Porque invertir en universidad pública también significa invertir en conocimiento. Y el conocimiento es una de las principales herramientas que tiene una sociedad para innovar, mejorar su productividad, generar nuevas oportunidades laborales y construir su futuro tecnológico.
Alejandro Carrere, decano de la Facultad Regional Paraná de la Universidad Tecnológica Nacional.
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