Hay algo que las pymes aprendimos hace tiempo: cuando el Estado cambia las reglas, casi siempre somos nosotros los que terminamos pagando la cuenta. La Resolución 1166/2026 de la Comisión Nacional de Valores es un nuevo ejemplo. La norma restringe el uso de cheques y eCheq para determinadas operaciones de las cuentas comitentes y obliga a canalizar los fondos mediante transferencias bancarias.
El Gobierno habla de desregulación y, cuando falta recaudación, vuelve al bolsillo pyme
La Resolución 1166/2026 de la CNV restringió el uso de cheques y eCheq en las cuentas comitentes y obligó a canalizar los fondos mediante transferencias bancarias.
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La Resolución 1166/2026 de la CNV restringió el uso de cheques y eCheq en las cuentas comitentes y estableció que los fondos deberán canalizarse mediante transferencias bancarias.
¿El resultado? Una herramienta que muchas pymes habían incorporado para administrar su capital de trabajo y evitar legalmente el impacto del Impuesto al Cheque deja de estar disponible. Y aquí aparece la verdadera discusión.
Muchas empresas habían entendido que aquella operatoria no era solamente una ventaja tributaria. También era una señal del Gobierno para acercar a las pymes al mercado de capitales. Nos estaban diciendo: financien, inviertan, utilicen el mercado, aprovechen sus instrumentos.
Las empresas escucharon. Y apenas unos meses después, la puerta se cierra.
No es un detalle menor. Es exactamente lo contrario de lo que una economía necesita para generar confianza: reglas que duran poco y decisiones que llegan cuando cambia la conveniencia fiscal.
La sospecha empresarial se vuelve todavía más difícil de ignorar cuando se mira la recaudación. El Impuesto al Cheque cayó en términos reales un 11% en junio, 6,3% en julio y 9% en agosto. Entonces la pregunta es inevitable: ¿estamos frente a una mejora regulatoria o frente a una decisión para recuperar recaudación?
Porque mientras el Gobierno habla de bajar impuestos y desregular, en este caso ocurre exactamente lo contrario: se elimina una herramienta que permitía a las empresas reducir legalmente su carga tributaria. Y hay algo todavía más preocupante.
La sensación que queda entre los empresarios es que, cuando llega la hora de elegir quién absorbe el costo, nuevamente aparecen dos beneficiarios: el Estado, que recupera recaudación, y el sistema financiero, que vuelve a recibir fondos que antes podían circular directamente por el mercado de capitales.
Del otro lado quedan las pymes. Las mismas que necesitan financiamiento. Las mismas que pagan impuestos. Las mismas que sostienen empleo. Las mismas a las que se les pide que inviertan, que se formalicen y que se incorporen al mercado de capitales.
Desde FECOI no pedimos privilegios. Pedimos coherencia. Si el Gobierno quiere que las pymes ingresen al mercado de capitales, no puede primero invitarlas y después cerrarles la puerta. Y si el objetivo es eliminar impuestos distorsivos, no parece razonable que, cuando cae la recaudación, la respuesta sea buscar nuevas formas de cobrarlos.
Las pymes necesitamos menos carga tributaria, más financiamiento y reglas estables. Porque desregular cuando conviene y recaudar cuando falta plata no es un modelo para las pymes. Es trasladarles nuevamente el costo del ajuste.
Presidente de Federación Gremial del Comercio e Industria.



