Desde hace rato, muchos argentinos nos preguntamos acerca de las razones por las que nuestro país parece haber quedado sustancialmente fuera de las corrientes más importantes de inversión extranjera directa y, peor, de la inversión, en general. Hay ciertamente razones -bien obvias-de naturaleza política, que nos animamos a sintetizar en pocas palabras: la inversión extranjera directa indefectiblemente cae cuando advierte que no es bienvenida; la relación es directa: cuanto más clara es esa sensación, más alta la retracción.
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Hay, a pesar de ello, distintas formas de atraerla que pueden ensayarse. Hay incentivos, entonces. Cuando ellos están ausentes, eso sólo es una mala señal para los inversores; porque con la falta de acción se envía un mensaje de desinterés. Particularmente cuando, en un mundo que está lleno de toda suerte de opciones, otros hacen lo que creen corresponde para procurar atraer la inversión.
Una de las formas de atraer la inversión es mediante la política fiscal. En este capítulo, no debemos dejar de tener en cuenta lo que está sucediendo en el mundo. Por todas partes, los gobiernos están disminuyendo la presión impositiva a las sociedades, especialmente la que corresponde al Impuesto a las Ganancias.
Hace pocos días, Alemania se sumó a esta corriente, aprobando un recorte de 8,9% a la tasa corporativa del Impuesto a las Ganancias. El año que viene, la referida tasa alemana caerá de 38,7% a 29,8%. Hace solamente una década, esa tasa germana estaba en un disuasor 52%.
Esto es solamente parte de una creciente tendencia al recorte, cuyas manifestaciones más evidentes aparecen en lugares tan distintos como los países del Báltico o la Federación Rusa.
Un reciente editorial de «The Wall Street Journal» recordaba que, desde 2001 (el año en que ingresamos en una de las crisis más difíciles de nuestra historia) nada menos que 25 países desarrollados han recortado -todos-sus tasas corporativas del Impuesto a las Ganancias.
Descensos
En paralelo, la dinámica Vietnam bajó de 28% a 25%. La sólida Singapur, de 20 a 18%. Hong Kong sigue con su tradicional 17,5%. La ahora en paz Irlanda del Norte anuncia que la bajará hasta 12,5%, imitando así lo ya hecho en este capítulo en el «milagro económico» que ha sido protagonizado por su vecina del sur: Irlanda, que ha descubierto la prosperidad no sólo gracias a la Unión Europea, sino además a sí misma, por supuesto. Este último país -pese a tener una de las tasas corporativas del Impuesto a las Ganancias más bajas del mundo, esto es de sólo 12,5%- recauda, cabe destacar, un sólido 3,6% de su PBI.
Hasta el hiperactivo Nicolas Sarkozy, sacudiendo la profunda modorra con la que su predecesor había cubierto a Francia, procura -entre otras cosas-reducir la tasa gala del Impuesto a las Ganancias para las sociedades de 34,4% a 25%.
Los Estados Unidos, en cambio, según nos recuerda el referido editorial, no han salido de su tradicional tasa a las Ganancias de las sociedades de 35%, que sumada a los impuestos estatales a las Ganancias, la lleva a una tasa efectiva de 39,3%. Pese a esto, la recaudación americana es de apenas 2,5 de su PBI, presumiblemente por la cantidad de avenidas que existen -en un esquema fiscal de alta complejidad-para eludir el impacto de las altas tasas.
En la Argentina seguimos paradójicamente con las tasas norteamericanas, esto es de 35%. Como si no nos hubiéramos anoticiado, para nada, de lo que pasa allende nuestras fronteras.
Si, por lo menos, nos animáramos a ubicarnos en el promedio del mundo desarrollado, que es de 29%, habríamos dado un importante paso hacia adelante en lo que a atraer la inversión se refiere. Pero hay, creo, que ser más ambiciosos y animarse a dar un paso más para poder estar entre los países que, con su baja tasa de imposición a las sociedades -y, desde luego, usando además su «poder blando» (esto es, su capacidad de atracción)- han generado un clima pro negocios (no antiempresa) estable y logrado alcanzar algunas de las tasas de inversión más altas del mundo.
Como siempre, estas decisiones dependen de los actores políticos. Algunos pueden, otros -por múltiples razones-son simplemente incapaces.
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