12 de marzo 2014 - 01:21

Un líder para el desarrollo

El papa Francisco recibe el saludo de José Ignacio de Mendiguren en el Vaticano.
El papa Francisco recibe el saludo de José Ignacio de Mendiguren en el Vaticano.
Francisco, el Papa argentino, ha logrado en su primer año en el trono de San Pedro lo que ningún otro líder mundial pudo conseguir en estos tiempos de Babel global: fomentar la unidad en la diversidad.

Su mensaje es austero pero contundente, claro pero profundo: los hombres y las mujeres del mundo necesitan despojarse de las falsas idolatrías y los ropajes rebuscados del poder y concentrarse en lo verdaderamente importante, la humanidad misma.

Este mensaje nos interpela en todo lo que hacemos, pero siendo argentinos nos convoca a construir un destino común desde nuestra propia esencia, histórica y cultural, aceptando nuestras diferencias y construyendo lo común a partir de ellas. Que el Papa sea argentino y logre inspirar a millones de personas en todo el mundo, católicas y no católicas, creyentes y no creyentes, nos esperanza y nos genera una responsabilidad mayor en esa gran misión histórica.

Tuve la oportunidad de saludar y conversar con el Papa Francisco dos veces desde su asunción. Así como en los tiempos de la gran crisis argentina de 2001-2002, cuando jugó un rol destacado como representante de la Iglesia en el Diálogo Argentino, sus palabras y sus acciones muestran la templanza de un liderazgo que logra mantener un rumbo estratégico claro y no se deja confundir por la urgencia de la coyuntura.

Desde nuestro lugar en el "fin del mundo" del que llega el Papa, no podemos dejar de sentirnos orgullosos por su liderazgo pero al mismo tiempo ver en su ejemplo nuestras propias fortalezas, para que nos ayuden a edificar el camino hacia un desarrollo nacional inclusivo e integrado, donde cada argentino pueda vivir con dignidad y proyectar un futuro mejor para sus hijos.

Nuestro país ha vivido fragmentado durante décadas, escindido en una lógica amigo-enemigo que carcomió nuestra capacidad de visión y construcción. Una gran enseñanza de nuestro Papa es que ninguna visión parcial puede dar cuenta coherente de la historia y del futuro y que nuestras diferencias deber converger en una síntesis superadora que nos incluya y nos defina. Por eso bregamos desde hace años.

En coincidencia del documento de Aparecida, publicado por la Conferencia Episcopal de Latinoamérica y el Caribe en 2007 y que confirmó el liderazgo de Jorge Bergoglio en la región, nuestra misión también tiene que seguir un método de "ver, juzgar y actuar" para comprender nuestra realidad sin distorsiones y actuar sobre ella con una mirada estratégica y un rumbo definido.

En sus mensajes al mundo, el Papa ha vuelto sobre aquel documento y sobre una prédica que postula a la injusticia estructural como uno de los grandes desafíos del mundo globalizado. El Papa del mundo en desarrollo es también un líder para el desarrollo del mundo. Para aquellos que hemos luchado durante décadas en pos del desarrollo nacional, es una oportunidad que no podemos ni queremos dejar pasar.

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