“Pinocho” regresa en una feroz producción no apta para los más chicos

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Guillermo del Toro no escatima climas crueles en su dura versión del clásico de Carlo Collodi.

Paladín de Monstruos e Inadaptados, así le han dicho a Guillermo del Toro, y parte de razón tienen, considerando la mayoría de sus personajes, desde el Jesús Gris que hacía Federico Luppi en “Cronos”, y aún antes, hasta la infeliz pareja de “La forma del agua” y la pareja perversa de “El callejón de las almas perdidas”, y aún después. En ese después entra “Pinocho de Guillermo del Toro”, Así como antes hubo un “Satyricon de Fellini”, personalísima variante felliniana de los textos de Petronio, ahora vemos el “Pinocho de Guillermo del Toro”, libérrima variante del libro de Carlo Collodi. Queda aclarado desde el título.

Para mayor claridad agreguemos que, aunque sea de muñecos animados, ésta no es una película para chicos, a menos que ya tengan inclinación por el gótico fuerte, el drama inconsolable y el espanto. Acá hasta el Hada Azul es espantosa. Tampoco es una obra demasiado leal a Collodi, que escribió su novela como advertencia para los chicos desobedientes, y aquí en cambio se elogia al rebelde. Lógico: en esta versión la historia transcurre bajo el fascismo, cuando muchos humanos se comportan como títeres del poder, en cambio Pinocho quiere pensar y actuar por sí mismo. No es esa la única, ni la mayor diferencia. Por lo demás, lo principal, el amor de padre e hijo, la necesidad mutua de tenerse para estar completos, eso se mantiene, enternece y arranca lágrimas de emoción.

La película también arranca ocasionales risas, e innegable, mantenida admiración, porque del Toro, que es un artista enorme, supo rodearse de otros genios locos a su altura, como los autores de cuentos retorcidos Patrick McHale, Matthew Robbins y Gris Grimly, nacido Steven Soenksen, también ilustrador, amigo de las viejas películas de miedo, el director de fotografía de cine de animación Frank Passingham, el meticuloso Mark Gustafson, maestro de la animación con plastilina y similares, que acá oficia prácticamente de codirector, y los artesanos de la empresa de Jim Henson (¡acá no hay nada digital!), y demás tipos únicos, todos bien conducidos. En la música, otro maestro, Alexandre Desplat. Cierto que sobran unas canciones, pero, bueno, nada es perfecto.

Última aclaración: ahora puede verse en pantalla grande, en salas. Después, solo en Netflix, que por algo se bancó el mayor gasto y los tres años largos que duró la gestación de la obra (pensar que a Gepetto le llevó una sola noche).

P.S.

“Pinocho de Guillermo del Toro” (México-EE.UU.-Francia, 2022). Dir.: G. del Toro y M. Gustafson. Animación.

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